Por Gaëtan Masson ,

Director de Becquerel Institute de Bruselas

En muchos países el autoconsumo representa un tema controvertido en el centro de agitados debates, en los que parece que las razones que nos han llevado a invertir en las energías renovables no tienen ninguna importancia.

Actuamos como si el cambio climático no fuese un problema, como si el petróleo y el gas fuesen recursos eternos y la energía nuclear siguiese siendo una alternativa segura… por no hablar de la inestabilidad política que caracteriza a los países productores de combustibles fósiles.

Ahora el único debate relevante está centrado en el precio de la electricidad en los próximos dos años, en la justa contribución a los costes de la red (si alguna vez ha sido justa, dado que los propietarios pagan más por su electricidad que los consumidores industriales), y en la supervivencia de los dinosaurios corporativos del sector de la energía que no supieron coger a tiempo el tren de las renovables.

Parece que todos los argumentos son válidos para frenar el desarrollo de las renovables, en particular de la energía fotovoltaica (FV). La energía solar estaba de moda cuando todavía representaba una perspectiva a largo plazo: la historia de un soñador. Ahora que se ha convertido en una realidad tangible, los miedos y los temores están creciendo y son contagiosos.

Pero, ¿la Unión Europea está realmente arruinando nuestro futuro acerca de la energía solar?

No cabe duda de que Europa ha pagado el desarrollo de la energía fotovoltaica. En los próximos meses en Europa se alcanzarán los 100 GW de potencia FV instalada, y la energía solar fotovoltaica genera 100.000 millones de euros cada año en el mundo. Los que hace unos años decían que la vieja Europa tenía una deuda climática han perdido su argumento: nos encargamos del desarrollo de una de las tecnologías que revolucionaron el mundo de la energia, financiándolo. Europa lo hizo, mucho más que EEUU y Japón, junto con la gran inversión industrial realizada por China. Por supuesto que Europa cometió errores, muchas veces por falta de comprensión de los fundamentos de la FV. Entonces, ¿somos la única región estúpida en el mundo? La fracturación hidráulica (o fracking) en Estados Unidos no es el maravilloso mundo prometido, plagado de quiebras y desastres medioambientales.

El éxito de las políticas de energía fotovoltaica

Las políticas de apoyo a la FV tuvieron finalmente bastante éxito: permitieron que el mercado de la FV despegase a nivel mundial y contribuyeron a reducir de manera importante los precios, convirtiendo la fotovoltaica en una tecnología competitiva en decenas de países. Entonces, ¿dónde está el error?

Por supuesto, aparentemente el sector era más exitoso en EEUU, pero esto no tiene nada que ver con las políticas, sino con la disponibilidad de financiación que permitió a compañías como First Solar o SunPower crecer a un ritmo suficientemente rápido como para sobrevivir. Al final, Sunpower es ahora de propiedad francesa al 60%… SolarWorld, Wacker, SMA, ABB Power-One, Fortum, EDF-EN, Enel Green Power, Belectric, Meyer Burger y muchas otras compañías líderes en el mercado global de la FV son europeas.

Conservar el pasado

El actual sistema eléctrico es el resultado de decisiones que se tomaron hace mucho tiempo. Los actuales precios de venta no son en ninguna medida representativos de los costes futuros. El argumento según el cual el actual precio de venta es bajo e inalcanzable para las renovables es infundado. El precio de la nueva energía nuclear es 11 céntimos, el gas cuesta igual y la mayoría de las renovables pueden producir electricidad más barata.

Muchas compañías eléctricas en Europa están viviendo momentos difíciles porque el precio de mercado es demasiado bajo para cubrir nuevas inversiones e incluso para cubrir el combustible y otros costes de las plantas existentes. Pero, con precios de mercado más altos, las renovables serían más competitivas: en España la electricidad producida con tecnología fotovoltaica está ya disponible a partir de los 50 euros/mWh. Las últimas licitaciones en Alemania pusieron de manifiesto que 80 euros es factible en ese país con la tecnología FV y los precios de sistema existentes.

El autoconsumo es deseable. Demasiado, para los operadores tradicionales

Aparte de ser una práctica basada en el sentido común, el autoconsumo representa también una medida de eficiencia energética. Por supuesto, el autoconsumo plantea la cuestión de la financiación de la red. Lo que normalmente los opositores de la FV no mencionan, es que en realidad la red se beneficia de la electricidad generada por la tecnología FV. Las redes tendrían que mantener una posición de clara neutralidad hacia las fuentes de energía eléctrica, pero muy a menudo no es así. Internet ha popularizado el concepto de “neutralidad de la red”, ahora es el momento de extender este concepto a las redes eléctricas. Al darse estas condiciones, las redes podrían desarrollarse y acoger cada vez más electricidad procedente de tecnología fotovoltaica. Italia y Alemania han demostrado que esto es técnicamente y económicamente posible con el doble de la energía PV de España.

Culpabilizar a los consumidores de electricidad porque quieren reducir su dependencia de las compañías eléctricas significa defender los oligopolios. El impuesto al sol es solo un ejemplo de lo que no funciona en Europa, de esa voluntad de encuadrar todas las innovaciones, especialmente cuando ponen en cuestión el orden establecido.

El momento del autoconsumo llegará, a pesar de todos los intentos de retrasar lo inevitable. La energía solar FV será cada vez más barata y, de todas formas, serán los consumidores quienes tendrán la última palabra.

El autoconsumo no es útil solo para los consumidores que quieren ahorrar en su factura de electricidad. Representa una práctica de valor también para las escuelas, que podrían destinar menos recursos a la energía y más a la educación; contribuye a reducir el coste de la energía para los más pobres; y a aumentar la competitividad de las pymes y de las industrias. El papel del regulador no debería ser el de defender los privilegios de las oligarquías de la energia que no supieron evolucionar, sino el de asegurar una transición justa hacia un futuro energético diferente. Digital. Distribuido. Renovable.