Mientras se deshoja la margarita de quién será el próximo presidente del gobierno (el tema parece que va para largo), podemos analizar cómo ha afectado el cambio de gobierno en los ayuntamientos que el pasado mes de mayo cambiaron de color.

Como suele pasar en estos casos, ni todo ha sido tan catastrófico como los que perdieron el poder vaticinaban, ni todo tan bueno ni tan fácil como ellos mismos pensaban. Por desgracia en algún detalle se ha visto que la “nueva política” es muy dada a prácticas de la “vieja política” como el número excesivo de asesores y los contratos a dedo. Pero dado que esta columna se llama S.Ciencia, vamos a centrarnos en el aspecto científico.

Como ya señalé durante la campaña electoral, por primera vez a nivel municipal se ha tratado un aspecto de claro contenido científico, como es el uso de un herbicida, concretamente el glifosato. Desgraciadamente, los argumentos esgrimidos han caído de lleno en el campo de la pseudociencia, y eso siempre tiene un precio.

Por resumir se puede decir que el glifosato es un herbicida que en su momento triunfó por el hecho de ser menos tóxico que sus predecesores, como las atrazinas o el malatión por ser tóxico específicamente para plantas y ser una molécula no persistente, es decir que se degrada pasado un tiempo. En el año 2000 caducó la patente que era propiedad de Monsanto, por lo que es muy barato. Estos aspectos han sido decisivos para convertirlo en el herbicida más utilizado del mercado. De hecho en Argentina hasta le han dedicado un Tango (gentileza de mi amigo el periodista Rody Moirón):

Sin embargo hace unos años se generó una campaña en contra del uso de este herbicida. La campaña fue más fruto de la presión mediática de grupos ecologistas que de peligros reales. La causa hay que buscarla en el hecho de que muchas plantas transgénicas se han diseñado para ser resistentes al glifosato, por lo que atacar al herbicida es un ataque indirecto a estos cultivos. La campaña es puro postureo, puesto que en Europa no se comercializan semillas OGMs resistentes al glifosato. Si que hay semillas no OGM resistentes al glifosato de hierba para campos de golf, que se venden sin que ningún grupo ecologista se haya pronunciado en contra.

Siguiendo esta consigna, y sin pararse a analizar mucho los datos, muchos ayuntamientos se han lanzado a anunciar públicamente a decir que van a eliminar el uso de este herbicida de parques, jardines y viales (que es precisamente donde más se usa, y no en cultivos OGM que, insisto, no están autorizados en Europa). Algunos han caído en el esperpento, como el ayuntamiento de Castellón, que dijo que iba a utilizar acético al 20%, uso que no está autorizado, es menos efectivo, irritante, y deja un notable olor a encurtido rancio. Tomar decisiones sin base científica siempre tiene un retorno. En una entrada reciente el blog “the risk-monger” enumeraba las 10 razones de por qué es estúpida la prohibición del glifosato, traducidas serían:

  1. Controlar las malas hierbas da mejores rendimientos.
  2. Mejor rendimiento, menos uso de tierra, más biodiversidad.
  3. Es menos tóxico que las alternativas ecológicas.
  4. Permite prácticas como no roturar, más respetuosas con el suelo.
  5. Reduce las emisiones de CO2
  6. Salva vidas.
  7. Es más asequible que las alternativas.
  8. Es libre de patente, por lo que no enriquece a grandes compañías.
  9. Los cultivos resistentes a glifosato permiten un control de malas hierbas más respetuoso con el medio ambiente.
  10. Tenemos sobrada evidencia científica sobre su seguridad.

No voy a centrarme en los aspectos agrícolas, y sí en los urbanos. ¿El glifosato salva vidas? Pues sí, puesto que es el más utilizado en viales y vías de tren. Qué curioso, nadie se ha puesto a pensar que si una cuneta de una carretera está sin maleza y sin hierbas haya sido porque han utilizado herbicidas. Esto evita accidentes, sobre todo para los ciclistas, o que se conviertan en refugio de animales que pueden ocasionar a su vez accidentes, o en parques y zonas urbanas, transmitir enfermedades. Y por lo demás, ninguna de las ciudades que se ha declarado libre de glifosato ha explicado de forma clara qué va a hacer (salvo Castellón) y sobre todo, cuánto de más nos va a costar. Así que por favor, en los ayuntamientos, menos populismo y más ciencia.