La primera vez que intenté asesinar al mando a distancia fue gracias al HTC One, que incorporaba una aplicación que permitía enviar la señal de infrarrojos tanto a mi televisor como al deco de TiVo. En la práctica, suponía no necesitar el mando a distancia.

Lamentablemente, pocos usuarios optaron por esta tecnología o la conocían, de manera que Samsung, que sí había ido incorporando infrarrojos a sus terminales de bandera reiteradamente desde el S4, la ha abandonado en fechas recientes y no la incluye en la gama S7.

Si a eso le añades que consumo Netflix a través de la Xbox One –la integración con el deco es mucho más lenta– y Yomvi a través de la PS4 –porque no está disponible en la consola de Microsoft–, podéis imaginaros qué guirigay de cables HDMI, mandos y trastos varios tengo alrededor de la televisión.

Así pues, la idea de asesinar el mando a distancia no es que me parezca imposible de llevar a cabo, es que simplemente hay tantos mandos en mi vida que la unificación total a día de hoy me parece más que complicada.

Y sin embargo, hay quien sigue intentándolo.

‘The Verge’ acaba de publicar un completo reportaje de Nilay Patel, ‘Remote, controlled’ (‘Distanciarse del mando a distancia’ me parecería una traducción graciosa), en el que habla de la estrategia del fabricante estadounidense Vizio, virtualmente desconocido en nuestro país pero líder en tierras de Obama, que consiste en aprovecharse del protocolo Google Cast para no vender con sus televisores mandos a distancia sino tabletas con las que controlar los televisores de la casa.

En concreto, destaca la figura de Matt McRae, director de tecnología de la firma, que considera que los mandos son una estupidez, un reducto de tecnología inventada en los años 50 y que hemos trasladado sin ningún motivo al mundo moderno, con su carcasa de plástico, sus pilas y sus botoncitos de goma.

Para Vizio, todos los televisores del hogar deben ser extensiones del dispositivo de bolsillo y para ello ha lanzado la Serie-P, que no tiene interfaz en pantalla –casi todas las de los televisores son, como poco, mejorables– y se controla por completo a través de una tableta Android incorporada o cualquier teléfono que utilice la nueva aplicación Vizio SmartCast.

“La única respuesta es librarse del mando a distancia como categoría de producto. Cualquier producto debería ser un control remoto”, señala McRae. Es un cambio radical en como se concibe la relación entre pantallas: Para Vizio el móvil no es la segunda pantalla del hogar, es la primera y el televisor de casa se limita a complementarla, convirtiéndose en algo parecido a un pincho Chromecast que se controla desde el teléfono. Cada vez que Netflix y Hulu actualizan sus aplicaciones para el móvil mejora a su vez la experiencia de Vizio. La tableta se mantiene cargada y cerca del televisor gracias a una base de carga inalámbrica.

Frente a los intentos de hacer los televisores cada vez más inteligentes, la asunción de que van a seguir siendo idiotas y la decisión de que sea el dispositivo móvil, que cambias más a menudo, el que tome las riendas y, de paso, asesine al mando a distancia. Tiene sentido, pero es un golpe en la línea de flotación de los fabricantes de pantallas domésticas, cuya capacidad de innovar quedaría confinada a la mejora constante de la imagen.

¿Problemas de esa visión?

Se me ocurren varios. El primero, que en muchos hogares, como el mío, el mando a distancia de la TV ya está amortizado. Lo importante es el mando del deco de tu operador o el de cualquiera de tus consolas domésticas. ¿Cuánta gente utiliza el mando de la tele únicamente para encenderla?

El planteamiento de Vizio tiene sentido, a priori, en un entorno en el que la televisión y las aplicaciones OTT son las líderes del consumo doméstico y, al menos en España, todavía no estamos ahí.

No digo que no haya que matar el mando, es que se ha multiplicado a medida que nuestra TV se mueve con distintos interfaces. ¿Se puede unificar por completo? Eso está por ver, pero difícilmente podrá hacerlo un único fabricante sin un estándar industrial avalado por un colectivo amplio que abarque a todos los actores.