Las empresas españolas disparan sus inversiones en España desde sus filiales en el exterior -singularmente desde países con jugosas ventajas impositivas- gracias a la reforma fiscal que ha incentivado la repatriación de dividendos evitando la doble imposición. En términos absolutos, Holanda y Luxemburgo son el origen de casi el 60% de toda la inversión extranjera en España en 2015 al calor de sus atractivas condiciones tributarias, que sirven para eludir el pago de impuestos en España. Pero si se excluyen las inversiones que pasan por otro país como mero tránsito por motivos fiscales, España se erige sorprendentemente como segundo mayor inversor extranjero … en España.

El pasado fue un gran año para España como receptor de inversión desde el exterior. En 2015 nuestra economía, nuestras empresas, recibieron inversión extranjera por 21.724 millones de euros, un 11% más que el ejercicio anterior y el mejor dato desde 2011. [La cifra total escala hasta los 22.695 millones, un 9,6% más, si se incluyen las inversiones no productivas de las Entidades de Tenencia de Valores Extranjeros –ETVE-, una ventaja fiscal para multinacionales heredada de los noventa y hoy muy venida a menos.]

Las potencias económicas globales siguen encontrando algún atractivo a destinar parte de sus inversiones globales a tomar posiciones en empresas españolas. En efecto, Francia, Reino Unido, Alemania o Estados Unidos se encuentran en el top ten de los grandes inversores internacionales en esta España de la recuperación incipiente (hay quien teme que, de nuevo, renqueante).

El 60% de inversión viene de Holanda y Luxemburgo

Sin embargo, son dos países pequeños, aparentemente minúsculos por poderío económico, los que se encaraman en lo más alto del ránking y se mantienen año tras año como los principales inversores en España… por lo que ya no produce sorpresa que la situación se repita en 2015. Y es que Holanda y Luxemburgo ahora incluso refuerzan su posición y concentran ya casi el 60% de toda la inversión extranjera que llega a España (en la última década coparon de media un 40% de todo el flujo de inversión foráneo).

 

Según los datos de Datainvex, la base de datos de flujos de inversión que elabora el Ministerio de Economía, la inversión procedente de Holanda se disparó el año pasado hasta los 7.141 millones de euros, casi el triple que los 2.754 millones de 2014. Y desde Luxemburgo llegaron 5.443 millones de euros, un 16,6% menos que un año antes. Muy lejos de estas cifras quedan los 2.066 millones que se invirtieron desde Francia, los 1.105 millones de Reino Unido (un importe, además, distorsionado al alza por el efecto City), los 949 millones de México o los 852 millones de Alemania.

Casi el 60% de la inversión extranjera en España en 2015 procede de Holanda y Luxemburgo por sus ventajas fiscales. Pero sin contar el dinero que viene de países que son un mero tránsito fiscal, España es el segundo mayor inversor ‘extranjero’ en España

Miles de empresas de medio mundo y también fondos de inversión cuentan con filiales en Holanda y Luxemburgo (también en Irlanda) para beneficiarse de su atractivo régimen fiscal, aunque tengan negocios –en algunos casos, el grueso de su negocio- en otros países europeos. La fiscalidad de Holanda hace posible que los holdings empresariales no tributen y que además siquiera paguen impuestos por los dividendos y ganancias que obtienen sus filiales en otros estados. Y, además, Holanda es uno de los países de todo el planeta con mayor número de acuerdos bilaterales de doble imposición, lo que permiten a las compañías con sede allí eludir el pago por partida doble de impuestos en los diferentes estados en que operan.

En Luxemburgo operan más de 1.200 fondos de inversión o fondos de pensiones y en el país tienen sede cerca de 10.000 holdings corporativos. Y es que el Gran Ducado, además de una fiscalidad general ya de por sí ventajosa, ofrece la posibilidad de reducir el gravamen prácticamente a cero y con acuerdos a la carta con las autoridades se puede mantener así durante años, al tiempo que se garantiza la confidencialidad de estos pactos.

Holanda y Luxemburgo tienen sistemas tributarios muy atractivos para los holdings”, apuntó esta semana el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, en la presentación de los datos de inversión. “Eso es una realidad y así hay que aceptarla”, subrayó “Al final lo importante”, según el secretario de Estado, es que el dinero acabe llegando a España aunque sea por terceros países con ventajas fiscales.

España dispara su inversión ‘extranjera’… en España

Pero entre las empresas que aprovechan las ventajas fiscales de estos países para articular sus inversiones en España también hay empresas españolas. Entre el empresariado patrio son legión las compañías que cuentan con filiales en Holanda y Luxemburgo –en algunos casos, se puede hablar de grupos con decenas de subsidiarias radicadas en ambos países- y que las utilizan para realizar inversiones aquí o para repatriar los beneficios de su negocio exterior sorteando parte de los impuestos que les correspondería pagar en España.

 

“Cuando un régimen tributario es atractivo lo es para todos, también para los españoles, y eso hace que algunos inversores de España hayan preferido vehicular su inversión desde esas plazas financieras”, apuntó García-Legaz. Algunos inversores que han convertido de facto a España en 2015 en el segundo mayor inversor extranjero… en España.

Desde el Gobierno se desliza que las inversiones españolas desde el exterior se han disparado porque una gran empresa cotizada (cuya identidad no desvela) ha trasladado a Holanda todas sus operaciones de inversión

Y es que, si se analiza la estadística de Datainvex en función del país último de origen (esto es, sin tener en cuenta las inversiones utilizan otros países como mero tránsito por beneficios fiscales), las empresas españolas realizaron a través de sus filiales en el exterior inversiones por un total de 3.273 millones de euros el año pasado, la segunda mayor cifra sólo por detrás de Luxemburgo, con 3.584 millones.

España, con esos más de 3.270 millones de inversión extranjera, más que cuadruplica los 759 millones registrados por esta vía en 2014. Desde el propio Ministerio de Economía se advierte de que la cifra es particularmente alta porque una empresa española cotizada (cuya identidad no desvela) ha convertido Holanda en su centro global de inversiones, y la estadística quedaría así relativamente distorsionada.

En cualquier caso, el desvío de las inversiones de esa gran empresa cotizada a través de Países Bajos sigue siendo síntoma de una práctica extendida. Expertos en materia fiscal subrayan que las inversiones de las compañías españolas a través de sus filiales españolas han crecido en los últimos meses tras la entrada la reforma fiscal impulsada por el Gobierno el año pasado. Un cambio fiscal que hace que los dividendos obtenidos de filiales foráneas queden exentos del pago impuestos en España para evitar la doble imposición.

La cifra también crece, según los expertos, por los efectos de la reforma fiscal del año pasado, con la que el Ejecutivo dejó exenta del pago de impuestos la repatriación de dividendos de filiales extranjeras

Desde el año pasado, las compañías que tienen participaciones superiores al 5% en otras empresas o que han invertido un mínimo de 20 millones en el capital de otra sociedad no tienen que pagar impuestos a la Hacienda española por los dividendos o por las plusvalías derivadas de la venta de las participaciones accionariales si ya se ha tributado en otro país por ello, aunque la tributación haya sido mínima (esto es, aunque se hayan aprovechado las ventajas fiscales que ofrecen países como Holanda, Luxemburgo o Irlanda).

Un nuevo marco con el que el Gobierno pretendía impulsar la repatriación de liquidez que los grandes grupos mantenían en sus filiales extranjeras y, con ello, generar inversiones en España y obtener ingresos fiscales por otras vías indirectas que no fuera gravando los dividendos entre compañías de un mismo grupo. Pero no hay datos oficiales para calibrar el recorte de los ingresos del fisco español por el desvío de los flujos desde el exterior, ni la inyección que para las cuentas públicas supone la actividad generada por esas inversiones productivas cuando realmente lo son.