El 68,8% de las inversiones productivas en nuestro país proceden de socios comunitarios, mientras que el 69% de nuestras exportaciones terminan allí.

En un contexto de recuperación económica la confianza de nuestros vecinos comunitarios debería ser una buena noticia para España. Sin embargo, 2016 se presenta como una año lleno de retos e incertidumbres para la Unión Europea; con la vista puesta en el referéndum británico y a la espera de los resultados de las últimas medidas de estímulo impulsadas con el BCE. Ante la duda, cabe preguntarse cuál es la exposición de España de cara al exterior y cómo afectaría la mala resolución de las crisis europeas en el futuro nacional.

Según los últimos datos del Ministerio de Economía, la inversión extranjera creció un 11% en 2015, hasta superar los 21.700 millones frente a los 19.600 del pasado ejercicio. Sin duda, la consolidación del crecimiento durante los últimos periodos y la relativa estabilidad financiera han ayudado a fortalecer la imagen de España en el extranjero. Sin embargo, llama la atención que casi un 70% del total provenga de la UE-28, cuyas inversiones en territorio español aumentaron hasta un 62% en 2015.

¿Casualidad? No, las ventajas derivadas del mercado común y la libre circulación de capitales hacen muy atractivos a países como España, que en plena recuperación ofrece oportunidades de inversión y un amplio margen de crecimiento. La cuestión es que esta percepción no se extiende al resto de países extranjeros. Un ejemplo es Latinoamérica, donde las inversiones productivas con destino a nuestro país disminuyeron un 47%, hasta alcanzar los 1.673 millones de euros.

México, Brasil, Uruguay,… Todos miran con otros ojos a la economía española. La incertidumbre política unida a los riesgos asociados al futuro de la UE no son ajenos para el resto de socios comerciales.

Los sectores más favorecidos por estas inyecciones de capital son la construcción, las manufacturas y las actividades inmobiliarias. En términos de crecimiento, las inversiones productivas se incrementaron un 33,6% en el segundo semestre del año respecto al primero, hasta alcanzar los 12.426 millones.

Cuando exportar sale barato…

La entrada en el nuevo año fue todo un éxito para las exportaciones españolas. Enero reflejó un incremento de la venta de productos al exterior del 2,1%, frente al -2,9% del mismo periodo en 2015. Nuevamente se observa que del total de 18.267 millones que produjo la actividad exportadora, un 69% proviene de la Unión Europea, y en concreto de la zona euro que acumula más del 53% de las compras.

Tampoco pasa desapercibido que, mientras que este tipo de operaciones intracomunitarias aumentaron un 5,2% en enero, las ventas al exterior retrocedieron un 4,3%. En concreto, América es la que más ha reducido su participación en el mercado español (-4,9%), seguida de Oceanía (-4,5%) y África (-2,0%).

La caída de los precios en España es un aliciente para los socios extranjeros interesados en hacer negocios. En relación a esto, los últimos datos del mes de febrero muestran que el descenso de los precios en la zona euro (-0,2%) fue bastante más comedido que el que se produjo en España en el mismo periodo (-0,8%), lo que explica en parte el aumento de la demanda de productos nacionales en el exterior.

El impacto del “Brexit”

Los pilares de la Unión Europea se pueden tambalear el próximo 23 de junio si los británicos deciden que no quieren seguir siendo miembros comunitarios. A pesar de las múltiples advertencias sobre el riesgo económico de la escisión, son muchos los que cada vez ven más probable un escenario sin Reino Unido en el horizonte de la organización.

Las últimas previsiones sobre el impacto que tendría el denominado “Brexit” cifran en 130.000 millones de euros el acumulado que la economía británica perdería hasta 2020. Según un estudio de la consultora PwC publicado por Europa Press; no sólo se resentiría la actividad, también el empleo recibiría un duro golpe con la destrucción de hasta 950.000 puestos.

Si la ruptura se produjera de manera amistosa, el PIB inglés crecería de media un 1,5% hasta 2020, frente al 2,3% actual. “Salir de la UE supone una economía más pequeña”, señala Carolyn Fairbairn, directora general de la Confederación de la Industria Británica (CBI).

En el caso de que las negociaciones se dilataran en el tiempo, el crecimiento medio británico sería del 0,9% de media. “Sería un verdadero golpe para la calidad de vida, el empleo y el crecimiento”, sentencia la directiva.