El número de concursos de acreedores registrados durante los dos primeros meses de este año ha descendido un 21,7% con respecto al mismo periodo de 2014. Se trata del mejor comienzo de año desde el inicio de la crisis.

La nómina de procesos de insolvencia ya acumula 28 meses consecutivos de bajadas, de acuerdo con los datos de Axesor.

Lejos queda el máximo histórico de 2013, cuando se abrieron 9.000 nuevos concursos de acreedores en un año, como recuerda el presidente de la Asociación Profesional de Administradores Concursales (Aspac) Luis Martín. El año pasado, cuenta, la cifra se redujo a menos de 5.000, lo que denota una reducción significativa.

Este fenómeno se debe a varios factores. Uno de ellos es la estabilización de la economía, explica Luis Martín, aunque otro que tampoco hay que olvidar es que la crisis se ha llevado por delante a numerosas empresas, así que hay menos concursos porque hay menos compañías.

Lo peor de la crisis ha pasado pero el balance ha sido cruel, como reconoce Martín. Los concursos de acreedores han sido parte de un ajuste económico necesario, aunque este instrumento para resolver situaciones de insolvencia haya contado con bajas tasas de supervivencia de las empresas. En los peores momentos, un 95% de las sociedades que se declaraban en concurso de acreedores acababan liquidadas.

Luis Martín: “Si una empresa no genera tesorería, hay que cortarle el cuello cuanto antes; lo que consume lo está obteniendo de otras empresas”

“Se ha perdido entre un 20% y un 25% de la economía. Si tienes empresas disponibles para generar servicios y productos que no se consumen, esas empresas se van a liquidar”, resume.

Además, el presidente de Aspac también advierte de que muchas de las firmas que llegan al proceso concursal ya llegan muertas, “preliquidadas”, sin trabajadores y con serios problemas con los tenedores de deuda y con su propia contabilidad. En su opinión, estas empresas no deberían participar en procesos concursales sino que habrían de finiquitarse directamente a través de la repartición de sus activos entre los acreedores.

“Si una empresa no genera tesorería, hay que cortarle el cuello cuanto antes. La tesorería que consume la está obteniendo de otras empresas y las está contaminando, porque está generándoles pérdidas”, explica Luis Martín.

Por si no fuera poco, estas sociedades que llegan heridas de muerte a la vía concursal atascan aún más los juzgados que, de por sí, cuentan con pocos medios para resolver las situaciones de insolvencia en un plazo razonable, máxime si los deudores tratan de alargar los procesos.

Pero si hay voluntad de que las empresas salgan adelante el concurso puede acabar bien, como subraya el presidente de Aspac. “Cuando se ponen de acuerdo los acreedores, como en Martinsa-Fadesa, se consigue un convenio. Lo mismo que pasó en Pescanova y lo mismo que pasará en Abengoa, probablemente”, concluye.

Foto: Flickr – PortoBay Hotels & Resorts