No habrá querido ser alarmista, pero el comisario europeo de Economía Digital, Günther Oettinger, ha manifestado públicamente que Europa corre el riesgo de perder la competitividad global si no se toman rápidamente las medidas necesarias para impulsar y normalizar el uso del 5G lo antes posible.

La crítica generalizada a la Unión Europea es que no tiene una verdadera unidad económica y fiscal. Ahora se puede añadir una más: a nivel tecnológico y regulatorio tampoco hay unidad. En una entrevista a la web Mobile World Live, el comisario Oettinger ha sido muy rotundo al afirmar que Europa necesita abrazar el 5G cuanto antes para no perder ritmo competitivo. Asegura que solo habrá progreso si la industria y los sectores económicos se digitalizan. Para ello el 5G será la clave.

La situación no es sencilla. En estos momentos Europa está a medioconstruir en el ámbito regulatorio que atañe a la tecnología. Por lo tanto, lo primero será crear un marco legislativo que sea igual para todas las empresas europeas, así como las que vienen de fuera a operar en el viejo continente.

El otro problema tiene que ver con esa necesidad de acelerar la carrera tecnológica. Hay consenso en que será el 5G el que dinamice la nueva economía digital. Su punto de no retorno está marcado en el año 2020. Hay tres años y medios para poner de acuerdo a todos los estados miembros de la Unión Europea sobre la estandarización de esta tecnología. Y esto no es sencillo.

Para que el 5G tome forma se necesita que los operadores de telefonía desplieguen sus tecnologías de conexión en la banda de frecuencia de los 700 MHz. Por ejemplo, ahora en España la mejor calidad, la del 4G, está desplegada en la de 800 MHz. Y hasta mediados de 2017 no se espera una hoja de ruta definitiva para el despliegue en la banda de 700 MHz, es decir, donde debe ir el 5G.

Lo malo es que las frecuencias son un recurso limitado. Por eso se necesita la intervención de los distintos gobiernos para su control y asignación. Y esto, a su vez, necesita de una armonización a nivel europeo. Aquí es donde reside la complejidad del asunto. Alemania o Francia ya tienen asignadas las frecuencias de la banda de 700 MHz, pero en España apenas se ha usado la de 800 MHz para el 4G. Los tiempos son muy distintos entre países.

Marco legislativo único

La preocupación del comisario Oettinger es doble. Por un lado debe conseguir que todos los países armonicen el 5G y la asignación de frecuencias para su uso, y por otro debe consensuar una nueva legislación para que las tradicionales empresas de telecomunicaciones convivan en paz con las nuevas plataformas digitales.

Sobre este segundo aspecto se refirió en el último Encuentro de Telecomunicaciones celebrado en Santander. Se mostró más partidario de regular a los nuevos actores que de dar manga ancha a las telecos. Lo que hace que todo siga igual de obsoleto.

Por otro lado, Oettinger también se ha referido a que debe existir un marco de asociación entre el sector público y privado para la transformación digital a través del 5G. Cree que debe haber una inversión conjunta entre la propia Comisión Europea, los distintos países y las empresas privadas.

Visión compartida

La visión que se tiene de una Europa adelantada por Estados Unidos y algunos países asiáticos es generalizada. En la comentada edición de Telco 29 el pasado mes de septiembre, se asumió como realidad que Europa había quedado rezagada a nivel tecnológico y de innovación. Asimismo, hay pocas esperanzas de que las grandes compañías tecnológicas europeas alcancen puestos de notoriedad en ranking de inversión o facturación a nivel mundial.

Y la situación no mejora. Esta misma semana, la patronal de las empresas tecnológicas españolas, Ametic, también ha diagnosticado que Europa se encuentra perdiendo ritmo con respecto a otras economías.

En este contexto, se entienden las palabras del comisario Oettinger al aseverar que la llegada del 5G es clave, pero que todos deben trabajar en la misma dirección para que sea cuanto antes.