• La dimisión de su líder, Gómez Besteiro, descabeza a una federación que apenas tiene referentes a salvo de sospecha.
• El enfrentamiento entre sus diferentes familias lleva una década lastrando las expectativas del partido.
• Podemos y sus aliados están devorando el electorado socialista y el 20D lograron el ‘sorpasso’ con cuatro puntos de ventaja.
• Galicia siempre ha sido el terreno más inhóspito para el PSOE, que solo logró gobernar la Xunta dos veces y en coalición.

El PSOE gallego no levanta cabeza. La dimisión de su secretario general, José Ramón Gómez Besteiro, al que se le imputan diez delitos de corrupción en dos casos distintos, es solo el último eslabón de una cadena de desdichas sin parangón. En ninguna otra región han sufrido tanto los socialistas para consolidar su proyecto: llevan 35 años coleccionando reveses electorales, guerras internas y escándalos de corrupción. El círculo vicioso es tan endemoniado que se hacen ya indistinguibles las causas de los efectos. A contrario sensu, Galicia es uno de los grandes bastiones del PP, que ha ganado todas y cada una de las elecciones celebradas allí desde la muerte de Franco. También es donde mejor resiste el desgaste de los últimos años.

Laxe (1987-1990) y Touriño (2005-2009) han sido los únicos paréntesis en la hegemonia del PP gallego

La Xunta siempre ha tenido a un popular al frente, con dos efímeras excepciones: los periodos 1987-1990 y 2005-2009. Fernando González Laxe y Emilio Pérez Touriño pilotaron esos paréntesis que auparon al socialismo al poder, siempre bajo la fórmula de la coalición. Laxe articuló en 1987 una moción de censura contra el popular Gerardo Fernández Albor tras la cual presidió un tripartito del PSdeG con Coalición Galega y el Partido Nacionalista Galego. Al cabo de dos años, el PP de Manuel Fraga consiguió la mayoría absoluta e inició una hegemonía de 15 años, hasta que socialistas y nacionalistas sumaron un escaño más que los populares e hicieron presidente a Touriño (2005).

Lejos de servir de pegamento y lanzadera, esa segunda etapa en el poder desgastó al socialismo, así como a sus compañeros de viaje. El Ejecutivo PSdeG-BNG desarrolló una gestión errática, plagada de polémicas, medidas contraproducentes y batallas intestinas. El controvertido concurso para desarrollar la energía eólica, el conflicto lingüístico provocado por las “galescolas” o el desproporcionado aumento del gasto fueron algunos de los asuntos que lastraron al Gobierno y enfrentaron a sus miembros entre sí. En las siguientes elecciones, un PP que había aprovechado para renovarse y aupar a Alberto Núñez Feijóo recuperó la mayoría absoluta.

Y el caos se apoderó del PSdeG. Pachi Vázquez, que había sido consejero de Medio Ambiente con Touriño, tomó las riendas. De fondo, empezó a sonar la banda sonora del desembarco de José Blanco, el mayor escudero de José Luis Rodríguez Zapatero en Ferraz. Blanco fue el primer vicesecretario general del PSOE desde Alfonso Guerra -dicho puesto permaneció vacante de 1997 a 2008 y también lo está ahora, desde 2014-, ministro de Fomento y portavoz del Gobierno. Un puntal de la época de esplendor zapaterista, cuya carrera se vio abortada por las sospechas de corrupción.

Blanco planeó ser candidato a la Xunta en 2012, pero el estallido de la ‘Campeón’ frustró la operación

Meses antes de las autonómicas a las que Blanco planeaba presentarse (las de 2012), estalló la Operación Campeón. El empresario Jorge Dorribo, principal inculpado, con quien el exministro se había reunido en una gasolinera, le acusó ante el juez de cobrar comisiones a cambio de favores políticos. La causa acabó en el Supremo, que la archivó en 2013 al no apreciar delito en el comportamiento de Blanco. Para entonces, su ambición política había quedado aniquilada y el PSdeG se había llevado un nuevo revés el otoño anterior: 11 puntos y siete escaños perdidos respecto a 2009.

División global en 2012

Los socialistas se hallaban sumidos en una crisis global, cuyo mayor reflejo fueron las generales de noviembre de 2011. Unos meses después, se partieron en dos en el Congreso de Sevilla que Rubalcaba ganó por la mínima a Chacón y también en la mayoría de federaciones. La gallega no fue una excepción.

Elena Espinosa y Pachi Vázquez se enfrentaron vivamente por la secretaria regional. La exministra encabezaba la alternativa del sector crítico, amparada por Blanco, frente al aparato. Vázquez se impuso por un escaso margen (245 votos frente a 212), en lo que se consideró también una derrota interna de Rubalcaba. El enfrentamiento desnudó las graves divisiones del PSdeG, que se mantienen a día de hoy.

Pachi Vázquez, Abel Caballero, López Orozco y González Formoso también tienen problemas con la Justicia

Vázquez se retiró tras el batacazo electoral anteriormente descrito (bajada de 25 a 18 escaños) y dejó paso a Gómez Besteiro. Poco después, el exlíder del PSdeG fue imputado por presuntas irregularidades en contratos de personal del Ayuntamiento de O Carballiño, donde Vázquez fue alcalde de 1995 a 2005. Besteiro le sucedió prometiendo curar las heridas internas y relanzar el socialismo, pero se ha ido menos de tres años después dejando a la federación más deteriorada, más dividida y más desacreditada.

El propio Vázquez escribió en Twitter hace unos días que “en el PSOE si estás imputado y eres amigo de Sánchez no pasa nada”, en referencia a los delitos que se le imputan a Besteiro, por los que hasta ayer no dimitió. En concreto, se le investiga por presunta corrupción durante su desempeño como concejal de Urbanismo de Lugo –caso Garañón, cuatro presuntos delitos- y como presidente de la Diputación lucense –Operación Pulpo, seis presuntos delitos-.

La salida de Besteiro sume al PSdeG en la interinidad y en su peor crisis. No se atisba un liderazgo alternativo más allá del veterano Abel Caballero, alcalde de Vigo y presidente de la FEMP, que también está imputado por presunta corrupción en el marco de la Operación Patos. Eso puede que le anule como candidato, pero no le resta influencia y difícilmente el próximo secretario regional podrá serlo sin su aval.

En este sentido, una de las mejor posicionadas es la presidenta de la Diputación de Pontevedra, Carmela Silva. Otro posible aspirante sería el presidente de la Diputación de A Coruña, Valentín González Formoso, que se autodescartó el jueves como candidato a la Xunta. También él tiene problemas con la Justicia: el fiscal cree que prevaricó al conceder, como alcalde de As Pontes, una subvención a un club del que fue directivo.

Sea quien sea el designado, tiene por delante una ardua tarea y muy poco tiempo. En otoño habrá elecciones en Galicia y con toda seguridad la candidatura de confluencia apadrinada por Podemos superará a los socialistas. Ya lo hizo en 2015 en A Coruña, Santiago de Compostela y Ferrol y a nivel regional el 20D, donde logró el sorpasso por cuatro puntos. Además de sostener el declive electoral, el PSdeG debe tratar de enterrar la guerra interna que el año pasado provocó inauditos episodios en la Diputación de Lugo y en el consistorio lucense.

Caos en el PSOE de Lugo

La administración provincial fue en un principio para el PP, gracias al enfrentamiento directo entre Besteiro y uno de los diputados socialistas, Manuel Martínez, que se ausentó de la votación que debía dar la presidencia a un compañero suyo. El motivo, mero personalismo: él iba a ser el candidato, pero el BNG lo vetó por estar imputado.

La Diputación de Lugo está bloqueada porque un diputado socialista se declaró en rebeldía con sus compañeros

Los socialistas aceptaron el veto, propusieron a otro y Martínez se negó a avalarlo, dando la presidencia al PP. Unos meses más tarde, el diputado díscolo respaldó la moción de censura de PSdeG y BNG, pero de nuevo se salió de la disciplina socialista al no ser incluido en la junta de gobierno. Hoy, figura como no adscrito y vota a menudo con los populares, por lo que la Diputación de Lugo es en la práctica una institución bloqueada cuya situación roza el surrealismo.

En el Ayuntamiento lucense, Besteiro se cobró la cabeza del candidato socialista a la alcaldía, José López Orozco, antiguo compañero de corporación. Tal condición era la que ponían el BNG y Lugonovo para respaldar la investidura del PSOE. Orozco se negaba a apartarse, pese a estar imputado en la Operación Pokémon, aunque finalmente cedió a la presión de su otrora amigo Besteiro.

Un laberinto de intrigas, corruptelas y navajazos casi imposible de gestionar, con el agravante del paulatino retroceso electoral que ya ha colocado a Podemos y sus aliados como el voto útil de la izquierda. Las vicisitudes del socialismo gallego llevan camino de acabar en tragedia fatal.