Cuando buena parte de la militancia de Podemos -apabullada por la purga que en la noche del martes desencadenó Pablo Iglesias con la destitución de Sergio Pascual al más puro estilo castrista como secretario de Organización- achacaba tal medida a una pretendida querencia del “número dos” del partido a cerrar un trato con el secretario general del PSOE, el propio Íñigo Errejón dejó claro que los tiros no iban por ahí. El miércoles, ante una persona de su círculo de máxima confianza, manifestó que “ni muertos pactaremos con Pedro Sánchez” y que tal postura iba a quedar “clarísima en los próximos días”.

SABEMOS conoció por esa fuente –no autorizada a hablar, pero de veracidad contrastada- que, aún admitiendo como real la goyesca bronca a garrotazos que reflejan los medios en la cima de Podemos, el sector más inclinado a una estructura clásica de partido político, teóricamente aglutinado en torno a Errejón, no es en absoluto partidario de un entendimiento con la actual dirección socialista. En parecido grado al manifestado por los anticapitalistas que siguen a Iglesias.

EL PROBLEMA ES IDEOLÓGICO

“Las discrepancias que han estallado vienen de  diferencias esenciales sobre la visión del partido entre los sectores que encabezan Pablo e Íñigo” –señaló la aludida fuente-. Afirmó que el primero quiere una estructura vertical, en cuya cúspide se sitúa él investido de toda la autoridad. También promueve un regreso a los orígenes asamblearios, representados por los círculos donde nació Podemos, que deberán dirigirle propuestas que señalen la voluntad popular sobre aspectos concretos de la realidad social y política. Pero, después, habrán de obedecer y aplaudir su decisión final.

Por el contrario, Errejón, a quien un conocimiento cada vez más profundo  de lo diverso de la realidad española -brindado por un sentido pragmático superior al de su camarada de célula universitaria y diseño de asalto al poder- ha hecho más receptivo a la necesidad de una estructura orgánica lo más descentralizada posible del territorio, ha dejado de creer en el centralismo democrático y en el culto a la personalidad de corte marxista-leninista que tanto parecen gustar a Iglesias. Es consciente de que lo ocurrido con Las Mareas en Galicia, la catalana En Comú Podem, la valenciana Compromís, además de la díscola actitud de Teresa Rodríguez y sus andaluces frente al rodillo madrileño, puede repetirse en cada comunidad, si no se pone en marcha una estructura que escuche, canalice y  dialogue en pie de igualdad lo que todos quieran plantear. Brotes alarmantes ya están en marcha.

“Esa es la base de una nueva manera de hacer política –señaló el decidido partidario de Errejón con quien habló este periódico-. El yo mando y coloco en los puestos decisorios a quien me da la gana es la política de siempre. Muchos Círculos donde se creó Podemos exigen una comunicación permanente con la dirigencia, ser consultados y tenidos en cuenta. Y para eso es preciso descentralizar, democratizar el encuadramiento regional y local,  y respetar las opiniones razonables, una vez discutidas y votadas”.

LA “HARTURA” DE PABLO IGLESIAS

Según el punto de vista dominante en las filas podemitas, esa óptica tiene harto a Pablo Iglesias, quien interpreta la evolución seguida por usar métodos asamblearios como lo que ocurre cuando un corpachón se mete en un  traje tres tallas más pequeño: las costuras saltan y las partes pudendas quedan al aire. Lo que –según su óptica- está poniendo en peligro la existencia misma de Podemos, cada día más parecido a las famosas Taifas de los reinos hispano-musulmanes que a un Partido con posibilidades de tocar poder.

Los movimientos que sacuden a la criatura de los Círculos responden, pues, a actitudes ideológicas inconciliables de las que sólo ofrecen dos salidas: o uno de los bandos se somete, o se va a una escisión.Íñigo –señaló el confidente- no va a encabezar una ruptura, sino que pondrá todo de su parte para que no se produzca. No sólo por amistad a Pablo, que también, sino por coherencia. Le guste o no el diseño de Iglesias, él nunca irá contra la única posibilidad de una izquierda real que se le ofrece a este país… Se hará a un lado, ayudará disciplinadamente en lo que se le pida, observará resultados y… Más adelante, ya se verá”.  

Así pues, ese paso de lado que Errejón parece estar dando ante la irrefrenable exhibición de protagonismo de Iglesias sería un repliegue táctico. Si el líder de la coleta fracasa, el escenario podría ser otro. Por ejemplo, que las llamadas marcas blancas podemitas que brotan como champiñones en la plurinacional España se carguen el proyecto totalitario de Iglesias, pero que, siendo conscientes de que en Madrid necesitan una representación central con capacidad de interlocución con los grandes partidos y los poderes fácticos, busquen un Plan B. Ahí estará, a disposición, aunque sin proponerse, Errejón; junto con su indiscutible talento político, capacidad organizativa y efecto arrastre de numerosos seguidores cualificados. La reserva.  

SÁNCHEZ, AMIORTIZADO Y SENTENCIADO

Pero todas esas maniobras orquestales –unas, en la oscuridad; otras, con luz y taquígrafos- nada tienen que ver con alianzas. Y, menos, destinadas a la formación de un Gobierno comandado por Sánchez, alguien que no inspira ni una sombra de respeto entre los dirigentes de Podemos, y a quien dan prácticamente por amortizado.

La citada fuente puso en boca de Errejón otra frase que suena a sentencia para el socialista: Nos resulta preferible afrontar una reorganización e ir a elecciones, aunque hoy las encuestas nos sitúen en hipótesis de riesgo. Ya hemos demostrado que sabemos remontar. Lo que no vamos a hacer es avalar con nuestro apoyo a un partido que juega a ser de izquierda y es capaz de firmar acuerdos con los herederos del PP.

 “Queremos llegar al poder –remató el garganta profunda de SABEMOS-, pero sin precipitar nos. Pretendemos  ejecutar nuestro programa, no para avalar a la derecha socialdemócrata de siempre, que hoy es un disfraz del capitalismo más puro y más duro. Ese, antes de entenderse con nosotros, ha de rectificar muchas y muy importantes cosas. Un mundo”.