MásMóvil, operador cotizado en el MAB, necesita comprar Yoigo mucho más de lo que jamás se atreverá a reconocer en público. Y hasta ahora todo apunta a que no va a conseguirlo.

El problema al que se enfrenta la compañía que dirige Meinrad Spenger, fruto de la fusión entre un operador móvil virtual independiente, otro centado en empresas y un puñado de varias pequeñas adquisiciones, es trascendental para su futuro. La compañía actual nace de la fusión con Ibercom, que le colocó en una posición envidiable, con una capitalización de 140 millones y un buen recorrido en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB). Ésta se prolongó con sucesivas adquisiciones que llevaron a la compañía a jugar con los 300 millones de capitalización, aunque ahora mismo se encuentra situada algo por encima de los 230. 

Sin embargo, en el sector siempre han existido dudas sobre la operación, especialmente porque dichas adquisiciones han parecido siempre una mera compra de facturación para ir elevando la cifra de negocio con independencia del crecimiento orgánico. También se ha puesto en duda en repetidas ocasiones su capacidad de conseguir los más de 250 millones que necesita para llegar a 2,3 millones de hogares con fibra de aquí a 2018.

Al menos, sí que parece que está cumpliendo con su objetivo de ofrecer una oferta convergente. La compañía habría empezado una prueba piloto de móvil y fibra por menos de 40 euros que debería salir a la calle en abril.

¿Pero tiene derecho MásMóvil a considerarse el cuarto operador, como gusta de señalar? En realidad, no. El cuarto operador en España es Yoigo. Por facturación, por clientes, y según cada métrica que se prefiera aplicar. El único argumento para conceder a MásMóvil esa medalla es que, fruto de la fusión entre Orange y Jazztel, sí tiene capacidad de ofrecer banda ancha y fibra. “Ah, pues entonces sí es el cuarto operador convergente, ¿no?”, se preguntará el astuto lector. 

En realidad, no. Durante buena parte del tiempo que MásMóvil ha utilizado esta etiqueta, Yoigo disponía también de fijo, comercializando la fibra de Movistar con el producto Fusión a lo Yoigo, que dejó de comercializarse el 31 de enero. Así que, en justicia, la filial de Teliasonera ha sido mucho más convergente que MásMóvil, que aún hoy no tiene una propuesta comercial.

Mi compañero Ignacio del Castillo publicaba recientemente que Zegona se habría posicionado por encima de MásMóvil en la puja por Yoigo, y el propio Meinrad Spenger le quitaba peso a la operación afirmando que no se trata de algo “prioritario”.

Sobre lo primero, nada que objetar: A Zegona le sale el dinero por las orejas, tiene que encontrar dónde gastarlo y Yoigo es una perita en dulce. Sobre lo segundo, muchas más dudas. Porque, en mi opinión, si MásMóvil ha tenido una prioridad alguna vez, es la adquisición de Yoigo.

El espectro radioeléctrico, los clientes, el historial de éxito y el canal de distribución de Yoigo son exactamente las cosas que necesita MásMóvil para tener un futuro como cuarto operador nacional mínimamente solvente.

Sin estos mimbres no hay hueco para el futuro. Sin este cubo no hay cuento para la lechera.