La valoración global de la inmigración es bastante positiva en España y, a pesar de la crisis económica, la percepción negativa de los españoles ha disminuido en cuanto al efecto que el flujo migratorio puede tener a la hora de buscar un trabajo y en la calidad del sistema sanitario o del educativo.

Son algunas de las conclusiones del documento ¿Ha podido más la crisis o la convivencia?, elaborado por la Fundación Alternativas y la Fundación Fundipax-Iniciativas para la Paz Centro Unesco, en el que se ha analizado la opinión de la sociedad española ante la inmigración en el contexto de la crisis.

A través de una encuesta a más de 1.000 personas (noviembre de 2015), se ha concluido que a pesar del elevado nivel de desempleo generalizado durante la crisis “solo” el 35% está muy o bastante de acuerdo con la idea de que los inmigrantes quitan el trabajo a los españoles, porcentaje que hace más de un año era del 57%. No obstante, el 63% está muy o bastante de acuerdo con la idea de que los inmigrantes hacen caer los salarios, según este trabajo elaborado por el profesor de Sociología de la UNED Héctor Cebolla y la científica del CSIC Amparo González.

Con respecto al impacto de los inmigrantes sobre los servicios públicos, la encuesta también revela algunas novedades con respecto a 2008, ya que se ha reducido en 10 puntos el porcentaje de quienes piensan que la inmigración empeora la calidad de la enseñanza en el sistema educativo. En el caso de la sanidad, quienes están muy o bastante de acuerdo con que la inmigración daña la calidad del sistema sanitario se reduce desde el 52% en 2008 al 35% en 2015, y quienes defienden la preferencia de los españoles en el acceso pasa del 41% al 31% en el mismo periodo.

La encuesta también ha preguntado por primera vez cómo creen los españoles que afecta al sistema sanitario los extranjeros de países europeos ricos y un 55% piensa que estos últimos abusan de la sanidad frente al 45% que lo piensa respecto de los inmigrantes en general. Y un 52% defiende la preferencia de los españoles frente a ellos, mientras que el porcentaje correspondiente cuando se habla de inmigrantes (pobres) en general es “solo” de 32 %.

El estudio ha destacado que en España la población revela actitudes menos reticentes hacia la inmigración que en la mayoría de países de nuestro entorno y que “resulta interesante que esto siga siendo así incluso después de siete años de crisis”, y ello a pesar de que esta ha afectado de forma muy diferente a la población en función de sus recursos socioeconómicos.

De hecho, la valoración global de la inmigración es bastante positiva, con niveles de aceptación similares a los países escandinavos, pero más en su dimensión cultural que en la económica. Aunque muchos españoles dicen vivir en barrios con pocos (39%) o ningún (13%) inmigrante, la mayoría (51%) ya son vecinos de personas nacidas fuera del país. Sin embargo, muchos encuestados declaran trabajar aún en entornos con pocos o ningún inmigrante (40 y 36%, respectivamente).

Por otro lado, un 16% de los españoles declara tener ayuda en casa para las tareas domésticas por parte de personas nacidas fuera del país, un 9% tiene una ayuda similar para el cuidado de las personas mayores y un 4% para el cuidado de los menores. Un 26% de la población española no ha visitado nunca otro país, un 20% declara haber vivido alguna vez fuera de España por un periodo superior a tres meses y un 38% tiene familiares viviendo en otros países.

“Todas estas formas de exposición a la diversidad reducen la xenofobia”, en especial la que en el documento se llama “exposición contextual”, que es por detrás de la ideología el factor que más condiciona las actitudes de los españoles ante la inmigración, ha concluido el documento.