La OCDE destierra el mito de que una regulación medioambiental más fuerte conlleva un aumento en los costes de producción. Toque de atención a China y al resto de países emergentes.

Tradicionalmente se ha creído que existe una relación inversa entre el crecimiento económico y la responsabilidad con el planeta. Algunas corrientes de pensamiento, como la “Hipótesis del paraíso de la contaminación”, sostienen que el fortalecimiento de las regulaciones medioambientales supone automáticamente un aumento de los costes de producción. Esta desventaja obligaría a los empresarios a deslocalizarse a otros países con leyes sobre contaminación más laxas. Pero nada que ver con la realidad; según ha averiguado la OCDE, en colaboración con la London School of Economics, no existe una relación significante entre el cuidado a la naturaleza y la competitividad de los países a nivel comercial.

El estudio viene a desmontar los viejos argumentos de algunos países en vías de desarrollo, que no se adhieren a los protocolos globales contra la contaminación por razones de eficiencia. Los expertos se han centrado en comparar la evolución en el mercado mundial de las manufacturas de 23 países desarrollados con leyes más o menos estrictas sobre medioambiente y de seis economías emergentes más permisivas en esta materia. Según los datos de exportaciones recogidos entre 1995 y 2008, la desventaja inicial de aquellas regiones que limitaron la actividad en las industrias más contaminantes –como es el caso de Alemania, Dinamarca o Suecia- es aproximadamente igual al beneficio obtenido posteriormente tras la inversión en sectores limpios. En concreto, el organismo estima que el valor añadido de las exportaciones de productos sostenibles al PIB supera los 10 billones de euros, la misma cuantía que las pérdidas por la desinversión en sectores como el químico o el petrolero.

La conclusión es que no se encuentran diferencias significativas en lo que a exportaciones se refiere entre las regiones más respetuosas con el planeta y las más dañinas. El organismo reconoce que el cambio en el modelo productivo puede llevar en un principio ciertos costes asociados, pero que esto a medio plazo se compensa con las ventajas y beneficios de la innovación sostenible.

Un mensaje para China

“Las políticas medioambientales no son el principal motor del comercio internacional”, sentencia Catherine L. Mann, responsable de Economía en la OCDE. Con esta investigación, el organismo ha querido dejar claro que el crecimiento económico no es excusa para relegar la problemática medioambiental a un segundo plano. Así, señala directamente a China y a los BRIICS como principales detractores de estas medidas. “Los gobiernos deben parar de trabajan bajo la asunción de que una regulación más fuerte en materia medioambiental va a dañar a sus exportaciones”, añade L. Mann.

En la misma línea, la OCDE señala que se prevé un escenario cada vez más unificado en cuanto a responsabilidad medioambiental en el que las empresas más limpias e innovadoras serán las que sobrevivan a largo plazo. Respecto a esto, destaca que las industrias más punteras son las sostenibles, como es el caso de la electrónica y la maquinaria, y sus beneficios los más duraderos en el tiempo.