Vamos a ponernos serios, maldito lector empirista.
No, de verdad. Vamos a hablar de homeopatía.
Al fin y al cabo es muy necesaria, la homeopatía.
Es un asunto muy serio.

Por ejemplo, Boiron, tiene un valor en bolsa de 1.360 millones de euros y filiales en 20 países. España es uno de ellos, aquí factura 25 millones de euros al año, gracias a la connivencia colaboración de los establecimientos que lo comercializan y de los herbolarios que venden sus mierdas productos. No me digan que una botica también vende caramelos Halls y pastillas Juanola, y que nadie piensa que se va a curar un cáncer a base de Halls. Posicionamiento es igual a revalidación, y por eso los márgenes de beneficio que da son salvajes. Brutales.

Es un asunto muy serio, la homeopatía.

Puede que usted no lo comprenda, maldito lector empirista, pero la homeopatía tiene un efecto enorme. En, pero no solo: los bónuses de los directivos de Boiron, de los accionistas de Boiron; los locales que venden Boiron; los himbestigadores a los que paga Boiron para demostrar la eficacia de sus mierdas productos; las facultades y centros que imparten másteres y cursos a precio de oro sobre homeopatía; los gobiernos que cobran el IVA y los impuestos pertinentes por esos productos.

Claro que eso son solo números, abultados números en crecientes cuentas corrientes. Permítanme que les hable de algo que no se puede medir.

Literalmente. Las máquinas de análisis de última generación no detectan principio activo alguno en esta mierda los productos homeopáticos. Investigadores independientes equiparan el bote de POLLON (un producto homeopático real contra la disfunción sexual que se vende a 25 dólares en Amazon) con una botella de agua con una gotita de azúcar. Pero usted, maldito lector empirista, no entiende que hay algo dentro de la homeopatía que no se puede medir.

Es un asunto muy serio, la homeopatía.

La homeopatía es fe. La fe salva, la fe cura, la fe mueve montañas, si tuvierais tanta fe como un grano de mostaza, etc.

¿No tiene usted fe, maldito lector empirista? ¿Tiene usted algo en contra de la fe? ¿No respeta las creencias de los demás, maldito lector empirista?

Es un asunto muy serio, la homeopatía.

Las personas necesitan creer. Las personas son incultas, las personas son inseguras, las personas son frágiles. Las personas necesitan pensar que todo va a salir bien, cuando la evidencia es que, en el 100% de los casos, al final, no. Para eso se inventó la fe, para lidiar con la negación. Si en el camino, unos pocos se lucran en el proceso… ¿quién es usted, maldito lector empirista, para juzgarlos? ¿Tiene usted acaso el monopolio de la verdad?

Es un asunto muy serio, la homeopatía. Ha ayudado a muchas personas. Personas que podrían haberse frotado una rodilla creyendo muy fuerte con el mismo resultado, personas que podrían haberse puesto una morcilla en la cabeza durante tres horas al día con el mismo resultado, personas que podrían haber recitado de carrerilla unas palabras sencillas y esperanzadoras con el mismo resultado. Pero eso SOLO habría ayudado a esas personas. No habría ayudado a los bonuses de los directivos de Boiron, a los accionistas de Boiron, a los establecimientos que venden las mierdas los productos de Boiron, a los himbestigadores que validan los estudios, a las universidades y a los gobiernos. Fíjese la de personas a las que se dejaría de ayudar si se prohibiese la homeopatía. Y puede que se nos mueran algunos en el proceso por abandonar los tratamientos reales y creer en este puto timo de mierda la homeopatía, pero… qué son unos pocos muertos en el camino de tanto progreso, de tanta ayuda?

Es un asunto muy serio, la homeopatía. ¿Va usted a cachondearse ahora de ella en las redes sociales, va usted a informar a sus amigos y familiares? ¿Va usted a dejar de comprar donde vendan homeopatía? ¿Va usted a escribir a sus representantes pidiéndoles que prohíban la homeopatía? ¿Va a usted a interponerse en el camino de tanto bien para tantos?

Ni se le ocurra, maldito lector empirista.