Fue el éxito de Avatar el que desató la fiebre por el 3D en la televisión. Todo parecía indicar que esa tecnología que, aunque pareciese toda una novedad ya tenía un largo camino andado, sería el futuro de los contenidos televisivos, sin embargo ahora sabemos que aquellas ambiciosas expectativas lejos están de cumplirse.

Los fabricantes se lanzaron a ofrecer a los consumidores televisores que les permitirían vivir en su propia casa la misma experiencia que podían encontrar en los cines. Era ahí precisamente donde se había popularizado el 3D y había nacido esa necesidad de contar con esta tecnología en la propia televisión.

El 3D que tanto prometía llegó, pero no para quedarse. Las grandes marcas como Sony, LG, Samsung o Panasonic apostaron por adaptar sus televisores a las nuevas exigencias del público, algo que les ha llevado a chocarse de frente con la realidad: sí, el 3D mola, pero elaborar un contenido apto para esta tecnología conlleva grandes costes que pocas productoras están dispuestas a asumir. Por lo tanto, sin contenido no hay televisión con 3D que valga.

No había, ni hay, una programación orientada al 3D. Eso era ya así desde el momento en que comenzaron a comercializarse los televisores que contaban con la función de reproducir este contenido casi inexistente y que básicamente se traducía en un escaso catálogo de películas y algún que otro canal en pruebas. Quizás entonces más de un comprador pensara, sin embargo, que si lo último en tecnología era el 3D lo mejor era llevarse a casa un televisor que incorporara esta característica (ese comprador hoy no se acordará de donde metió las molestas gafas que se necesitan para ver contenido 3D en televisión, ni de cuándo fue la última vez que las utilizó, si es que hubo una primera).

Seguramente las intenciones eran buenas, pero lo cierto es que después de llenar en 2010 las tiendas y los hogares de televisores 3D, los fabricantes parecen haber abandonado esta tecnología en favor del 4K y los paneles curvos.

Jorge Gallego, de Sony, no entiende el 3D como algo imprescindible. De hecho, cree que no se trata de algo que se desarrolló para el día a día, sino en momento puntuales. Así se entiende que la compañía haya decidido mantener la experiencia de las tres dimensiones tan solo en dos de sus modelos de gama alta (serie X93D y X94D).

“El 3D, por ejemplo, ha sido un problema de la industria. No ha habido buenos contenidos y el usuario ha rechazado pagar más por que un televisor lleve 3D. Hay una tendencia de que el 3D en la televisión desaparezca, porque no hay contenidos de calidad”, señala haciendo hincapié en como la falta de contenidos está llevando a la desaparición del 3D en los televisores.

En Samsung también lo tienen claro y Nacho Monge apunta a que, por ejemplo, el UHD (Ultra Hi-Definition) crece frente a la caída del 3D debido a que la industria de contenidos si ha apostado por producir en este formato.

Desde LG las sensaciones son similares, pues a pesar de afirmar ser de los primeros que apostaron por el 3D y hablar de éxitos de ventas, lo cierto es que este año serán muy pocos los modelos de la marca que cuenten con esta tecnología.

El 3D no está acabado: ahora es cosa de la realidad virtual

El 3D en la televisión parece estar condenado a la desaparición, mientras que en los dispositivos de realidad virtual no para de ganar importancia. Las Samsung Gear VR, las HTC Vive o las Oculus Rift tiene por delante un largo camino que muchos auguran lleno de éxitos, y de contenido. Ya se pueden encontrar diferentes vídeos, experiencias y juegos que invitan al usuario a hacerse con una de estas gafas. 

Poder interactuar, sumergirse en la historia y vivir en primera persona el contenido que se está reproduciendo, eso es básicamente lo que busca el 3D, y es algo que la realidad virtual logra. Por lo tanto, ¿merecería la pena seguir apostado por las televisiones 3D cuando hay otro tipo de dispositivos capaces de conseguir mejores resultados con esta tecnología?