Los acreedores de la compañía sevillana, que bordea la situación concursal, han conseguido que el expresidente Felipe Benjumea reconsidere su posición y renuncie a sus pretensiones de quedarse con un 12,5% de la nueva compañía. El primer gran acuerdo, siempre que el papel de este ejecutivo sea residual en el futuro, podría cerrarse esta semana.

La situación se ha desbloqueado en Abengoa y los principales acreedores y bonistas han llegado a un acuerdo con la empresa hispalense para inyectar liquidez en sus cuentas. Es lo que confirman a SABEMOS fuentes del G7, el equipo informal de trabajo formado por los principales acreedores de Abengoa.

Para alcanzar este pacto, el hijo del fundador y expresidente de la compañía, Felipe Benjumea, estaría dispuesto a pasar a un segundo plano y quedarse con tan sólo un 5% de las acciones de la nueva Abengoa. El ejecutivo siempre se resistió a esta realidad, impuesta por las entidades financieras tenedoras de deuda de la sociedad, ya que pretendía quedarse con un 12,5% de las participaciones de la firma, una cuota ampliable al 30% si cumplía ciertos objetivos económicos.

Eso era “inasumible” para los bancos, según las fuentes del G7 consultadas. Pero además, los acreedores pedían que la sombra del empresario sevillano se esfumara de la empresa.

La salida de Felipe Benjumea era una exigencia inicial de los acreedores

“Hace tiempo que la banca exigió a Abengoa que Benjumea desapareciera de la compañía porque estaba como asesor contratado. Esto le daba derecho a asistir a reuniones y a tomar todas las decisiones de la empresa”, cuentan las fuentes financieras.

La salida de Benjumea ya se comunicó, junto con la destitución del presidente, así que era cuestión de tiempo que el máximo accionista, que cuenta con un 51% de los derechos de voto en la empresa, asumiera también la merma de sus acciones en la nueva Abengoa. Una carta remitida a los acreedores por parte del ejecutivo habría aceptado estas condiciones, por lo que los bonistas y acreedores podrían inyectar liquidez en cualquier momento.

La próxima semana se podría llegar a firmar una solución para Abengoa, aunque hay todavía que amarrar ciertas cosas. La solución está más cercana y pasa por que Benjumea no pinte nada”, han resumido fuentes del G7.

Siguientes pasos

Una vez que Benjumea ha claudicado, el primer gran acuerdo que se activará por parte de los acreedores y bonistas será la inyección de dinero para pagar las nóminas de febrero. Pero a esta ficha de dominó le seguirán otras, que podrían restañar la viabilidad de la compañía.

Una vez que Abengoa tenga de nuevo liquidez, todas las partes tendrán que llegar a un pacto financiero, de reestructuración de la deuda, y a otro económico, de redefinición de la actividad de la compañía.

Con respecto al primer capítulo, los bonistas y los acreedores tendrán que acordar la conversión de un 70% de la deuda en acciones y habrá que ver cómo se reparten la tarta entre ambos. Con respecto al plan de viabilidad, todavía está por ver de qué activos se desprenderá Abengoa finalmente.

“Todo esto, aunque está muy conversado, no está pactado”, concluyen las fuentes consultadas. Por el momento, parece que hay cierta predisposición entre la dirección de la compañía y los tenedores de deuda para que finalmente no se llegue al mayor concurso de acreedores de la historia empresarial reciente.