El cuarto operador móvil español está a la venta, pero los candidatos a comprarla tienen muchas dudas sobre su futuro. Las próximas semanas serán claves no sólo para recibir ofertas sino para que se resuelvan todas las dudas que la rodean en los últimos tiempos.

La compañía lleva un tiempo en una situación complicada relacionada con tres grandes elementos. En primer lugar, la propia venta de la compañía, un proceso que lleva, de un modo u otro, encima de la mesa desde 2012. También queda por ver qué pasará con el compromiso de realizar una gran inversión para tener más antenas. Y, por último, no está nada claro qué pasará con la renovación de su acuerdo mayorista de telefonía móvil con Movistar.

Empecemos por el final, con el acuerdo mayorista con Movistar que vence este mismo año. Los posibles compradores tienen motivo para preocuparse por este apartado, dado que los azules están suministrando una gran parte de la cobertura que disfrutan los clientes de Yoigo. Sin embargo, las cosas han sido muy complicadas entre estas empresas debido a las aspiraciones de la filial de Teliasonera de disponer de un operador móvil virtual y revender su red sin su permiso. 
 
Las tiranteces entre ambas provocaron que la CNMC las multase por restringir la competencia, y a Yoigo le costó tanto un preacuerdo con Pepephone (que finalmente firmó con Movistar) como la incapacidad para poner en marcha el modelo de operadores móviles virtuales que quería sacar a la calle. 
 
El primer acuerdo de itinerancia Movistar-Yoigo se firmó en 2008, el segundo en 2011, el tercero en 2013 y en breve toca volver a firmar. ¿Llegarán finalmente a renovar su acuerdo? Es importante para los posibles compradores.
 

Un despliegue complicado.

 
Lo que nos lleva a la segunda cuestión: El supuesto despliegue de antenas. Yoigo ha anunciado que su matriz invertirá entre 150 y 200 millones en aumentar drásticamente su cobertura en España, lo cual podría ayudarle a reducir la dependencia de las antenas de Movistar, que se lleva buena parte de sus ingresos.
 
Así, evitaría un problema peliagudo: la tarifa Sin Fin es su gran argumento para ganar clientes pero es una máquina de perder dinero por culpa de algunos clientes. Como allí donde no tiene antenas Yoigo debe utilizar la cobertura de Telefónica, que paga cada mega a precios muchísimo más altos de lo que permite recaudar esta tarifa, cada cliente de zonas sin antenas propias y que realiza consumos importantes se convierte en un coladero de dinero.
 
¿Es esta inversión real? ¿Una señal a Telefónica para que firme un buen  acuerdo si no quiere perder buena parte de los ingresos? ¿Una forma de atraer nuevos compradores? ¿Un seguro de vida en caso de que no los encuentre? 
 
Lo que sí podemos decir es que se trata de un aviso a navegantes: Quien compre Yoigo debería gastarse entre 150-200 millones adicionales para completar su red si no quiere enfrentarse a los mismos problemas.
 
Y aquí llegamos a la tercera parte: la posibilidad de que Yoigo cambie de manos.
 
No es ningún secreto que la operadora está siendo ofrecida a otras empresas desde hace tiempo, aunque sólo ahora se haya formalizado. Hay dos opciones que han sonado con claridad y parecen contar con opciones. 
 
La primera es el fondo Zegona, que recientemente se hizo con la asturiana Telecable. Es un postor con dinero y al que le viene bien la compañía para reducir el coste fijo de su otra empresa en España y aumentar su huella en nuestro país. Pero tiene un problema: Es muy difícil para un fondo optimizar aún más la operativa de Yoigo, una empresa que se ha pasado toda su vida con un centenar corto de empleados y externalizándolo absolutamente todo. ¿Otro problema? Es una firma sensata y dada a pensar con la cabeza las adquisiciones y no sometida a impulsos.
 
El segundo interesado en Yoigo es MasMovil. Y es que, según sugiere en Expansión nuestro compañero Ignacio del Castillo, la compañía amarilla habría conseguido la financiación necesaria para presentar una oferta. 
 
De ser cierto, se trata de una magnífica noticia para una compañía en una constante huída hacia adelante para comprar empresas pero que no tiene ni una gran marca, ni una propuesta comercial atractiva. MasMóvil ha conseguido un sorprendente éxito en el MAB a base, fundamentalmente, de adquisiciones, sin que su operativa refleje ni mucho menos su valoración.
 
La compra de Yoigo le ofrecería una marca conocida en torno a la que agrupar todas las actividades que ha ido comprando, una red comercial y, en definitiva, un futuro. 
 
Sin embargo, ¿de dónde piensan sacar los más de 500 millones que pide TeliaSonera por la compañía? El diario Hispanidad ha especulado sobre la posible entrada en MasMóvil de Warburg Pincus o de Juan Villalonga para después comprar Yoigo y revalorizar la inversión. Con independencia de si hay alguien dispuesto a poner el dinero, cabe preguntarse qué recurrido tendría la adquisición. 
 
ePlus le costó a Telefónica en Alemania diez veces más de lo que se va a pedir por Yoigo, 5.000 millones de euros, y tenía seis veces más clientes. Pero se trataba de un mercado mucho más grande y con la posibilidad de generar grandes sinergias al tratarse de una integración. La integración de MasMóvil y Yoigo no va a ser barata y no tiene ninguna garantía de éxito, teniendo en cuenta la fragmentación de las partes que componen ambos grupos.
 
¿Qué pasará finalmente? Está por ver, pero no es una operación fácil y fuentes implicadas en la misma aseguran que no sería tan extraño que la compra volviera a no salir adelante. Ya pasó en 2012 y podría volver a pasar.