Últimamente, venimos dando el raca-raca en editoriales y artículos de distintos autores con la afirmación de que el PP tiene demostrado desde el 20-D lo anticipado hace bastante más tiempo: ha dejado de actuar como un Partido Político –instrumento esencial para La existencia de un orden democrático- para ser un mero mecanismo de poder al servicio de unas cúpulas decadentes y de un caudillismo personalista con toques patéticos y caducos. Al fin y al cabo, la otra cara de la moneda de lo que fue el chavismo y es ahora el madurismo en Venezuela, que a cada poco –y con justicia, para qué engañarnos- se pone a parir en estos pagos, salvo por sus retribuidos podemitas .

Ni los de aquí ni los de allí encarnan ya ideologías ni credos, sino que significan covachuelas donde se refugian aquellos a quienes da pánico la sola idea de que se les termina la sopa boba y hayan de salir al mercado laboral a ganarse la vida. Esa –y, en algunos casos, si pierden la inmunidad, el temor a la acción de la Justicia por fechorías pendientes- es la razón por la que se aferran a sus sillones, sillas, banquetas y taburetes, como las garrapatas se parasitan en la piel, una vez se sienten protegidas bajo el pelo.

Desmenuzo tanto las categorías de asientos porque, y estoy ya con los de aquí, no sólo se atornillan a ellos los pavos reales que ocupan las poltronas, sino también los pajaritos de categorías inferiores. Se puede afirmar, sin riesgo de error, que los Peperos son, hoy por hoy, una formación sin nísperos ni otros atributos. Quizá los últimos que quedaban en su sitio eran los de Esperanza Aguirre, con lo que queda dicho casi todo.

EL CHASCO DE LOS 4 PORTAVOCES

Había trascendido que los cuatro portavoces designados hace unos meses por Rajoy para sustituir al churruscado Floriano, hartos de ponerse cien veces amarillos ante los periodistas por sus constantes picotazos sobre las coimas acumuladas en un pasado que empieza a ser largo y las nuevas que salen casi a diario, ayer lunes iban a plantar cara a Rajoy. Y a preguntarle si de verdad podían seguir defendiendo que en temas de corrupción el PP “ya no va a pasar ni una”, como él mismo les había vendido para que ellos vendieran a los demás. Con lo que las caras de gilipollas que han exhibido son para quedar segundos en un concurso de gilipollas, ya que la primera plaza se la quitarían por gilipollas.

Pero el descontento fue, una vez más, de andar por casa. Para entendernos, off the record, chismorreos, hablillas de excusado… ¡No están hechos los peperos con la pasta de los héroes, no! Una vez más, tronó la montaña y parió un ratón. Sería como para empezar a reír y no parar, sino fuera porque, mientras tanto, están abandonando al país a merced de unas turbulencias financieras de calado aún impredecible y sometiéndolo a las embestidas de un nacionalismo catalán que, como buen depredador, siente los pálpitos de nuestra debilidad.

Y, sin embargo, estoy convencido de que no todo puede ser cobardía a enfrentarse a un jefe cada día menos digno, ni sólo indecente indiferencia a lo que le suceda a la sociedad que les paga. No todo puede ser el cerrarse en una testudo de legión romana para salvar el cuello del “Padrino” –que no lo salvarán-, y los propios.

MUCHOS QUE LOS VOTARON QUIEREN SUS CABEZAS

Por cierto que no sé si en la Carrera de San Jerónimo habrán caído en que son cientos de miles los españoles que los votaron el 20-D que esperan a la nueva elección para pasarles factura por tanta mezquindad y ceguera como están mostrando. Y, tampoco, si en Génova y otras sedes han tomado en consideración, después del palo que se van a llevar a juzgar por las vibraciones de la calle, que serán obligatorios unos Eres internos por la inevitable purga que ríete de los de Sagunto cuando la reconversión industrial de Carlos Solchaga, aunque entonces no se llamaran así.

Decía que en el fondo aún me late una esperanza de que sean capaces de superar ese “Síndrome de Estocolmo” que parece paralizarlos hasta hacerles olvidar sus juramentos y obligaciones, y se planten. Aliento una última ilusión de que se pongan de acuerdo para encararse a su secuestrador, tras atar y amordazar a Margallo como precaución, y le digan: “Hay un hartazgo de mundial con usted y con nosotros. No nos quieren. Para tener una posibilidad de rehacernos como el partido político de derecha moderna que España necesita, hemos de enviar un mensaje, aunque sólo sea uno, de generosidad, absteniéndonos en segunda votación ante una coalición PSOE-C´s, pactada con nosotros en todos sus pormenores, de manera tal que se protejan los muchos puntos positivos de nuestra gestión, y queden amarrados y controlados los eventuales desmadres, gracias a que gobernarán en una minoría casi milagrosa”.

En el ínterin –el respeto a su persona en aquellos capítulos que dependieran del Gobierno también se podría condicionar-, en el partido de la gaviota tendrían tiempo y ocasión de preparar un congreso de cambio generacional, escritura de códigos internos que persigan en serio los malos hábitos que impregnan su historia reciente y no tan reciente, y presentarse en un año o dos (no creo, ni bajo el efecto de tres Macallans, que la citada coalición aguante más)con la cara lavada, las uñas limpias. Y, a salvo, un Rajoy crepuscular, pero con el buen sabor de boca de no haberse tenido que ir en medio de insultos en la calle, retirado en su Galicia (o donde le venga en gana) y recitando aquello de:

Ándeme yo caliente

y ríase la gente.

Traten otros del gobierno

del mundo y sus monarquías,

mientras gobiernan mis días

mantequillas y pan tierno;

y las mañanas de invierno

naranjada y aguardiente…

Ocurrencias de un Góngora que adivinaba a esta España gracias a la bola de cristal que asimismo reflejaba a la suya. Hay cosas que no cambian desde el Diluvio, y la picaresca que llevamos en el ADN es una.