Vivimos buenos tiempos para la autoedición. Las microeditoriales que se saltan canales de distribución gracias a Internet y se financian con tiradas ridículas.

Los grupos que difunden y promueven su música sin pasar por discográficas. Los dibujantes que encuentran en los webcomics un nuevo modo de expresión y una forma mucho más rápida y eficaz de llegar a más lectores. Los cineastas que, gracias al formato digital y a las plataformas on-line se encuentran haciendo cine en tamaño microscópico y por el mero placer de rodar.

Cómo no íbamos a estar viviendo una nueva edad de oro del fanzine.

En los setenta, ochenta y en parte los noventa (en parte solo: en los noventa y los dosmiles nos volvimos todos unos idiotas presuntuosos; creedme, estuve allí), los fanzines reinaban con la ética punk del hazlo-tú-mismo, y jugaron el mismo papel que hoy tiene internet para tantos autores jóvenes. Un lugar donde expresarse sin limitaciones y sin atender a requerimientos comerciales, a menudo cubriendo gastos por los pelos y con el único objetivo de la difusión y de compartir textos, información y material gráfico. Efímeros debido a sus tiradas ridículas y de estética cruda, los fanzines vivieron una edad de oro con las fotocopias, y vuelven porque los medios son más baratos que nunca y porque, nos pongamos como nos pongamos, en esta era digital seguimos necesitando palpar lo que consumimos.

Mireia Pérez se retiró hace unos meses de la ilustración. Sin dar demasiadas explicaciones, la ganadora en 2011 del Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Sins Entido con La muchacha salvaje, decidió dejar de lado todo lo que estaba haciendo (incluyendo el segundo volumen de La muchacha salvaje) y dibujar solo para sí misma. Era lógico que esa creatividad acabara recalando en un fanzine.

Diseñadora a la vez que ilustradora, Mireia Pérez ha volcado unos cuantos meses de dibujos en el número 0 de su fanzine Chicos, un auténtico carrusel de chismes para adultos que tiene como único nexo común la arrolladora personalidad de su autora, una reorientación de su estilo gráfico hacia el feísmo autoconsciente y una peculiar obsesión con los genitales femeninos. Embutido en una funda de papel que incluye unos cuantos adhesivos de monstruos y vaginas, el número 0 de Chicos es una amalgama de textos confesionales y casi automáticos y una considerable cantidad de ilustraciones que incluyen desde homenajes a la película de culto Showgirls a quimeras femeninas de cuatro tetas y diez mil dientes. Orgullosamente repulsivo y preñado de humor y agresividad, Chicos # 0 es todo lo que tiene que ser un fanzine: una explosión de personalidad sin concesiones.

Larga vida al fandom.

FICHA

Chicos #0
Mireia Pérez
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