Este viernes se estrena en España La verdad duele ( Concussion ), en la que Will Smith interpreta al médico nigeriano cuyos descubrimientos pusieron en jaque a la todopoderosa industria del fútbol americano.

Cuando aún estaba empezando, un portero que llegó a ser internacional preguntó al médico de su club por qué era tan propenso a sentir dolor en el cuello. La respuesta, seguramente, fue menos científica de lo que esperaba: “Porque el cuerpo humano no está hecho para tirarse al suelo todos los días con esa fuerza”. Algo así sucede en un momento de Concussion, la película protagonizada por Will Smith sobre los riesgos de practicar otro deporte: “Dios no nos creó para jugar al fútbol americano”. Aunque, como dice otro de los personajes, conviene dejar la religión fuera de esto. Se trata de ciencia.

Smith interpreta a Bennett Omalu, un neurólogo nigeriano -recurran a la versión original si quieren apreciar el esfuerzo del actor por eliminar su acento americano y componer el personaje- que habla con los cadáveres durante su examen forense. A partir de la autopsia que practica casualmente a un exjugador de los Pittsburgh Steelers, fallecido de forma tan triste como prematura, decide que es hora de que sean ellos, los muertos, quienes hablen a los vivos.

Omalu calculó que, usando la cabeza como arma, un ‘center’ como el fallecido Mike Webster recibe 70.000 golpes en toda su carrera deportiva. O dicho de otra manera, el equivalente a 25.000 accidentes leves de tráfico. Y en cada uno se libera una legión de “proteínas asesinas” para el cerebro, algo así como verter cemento en una cañería. Si la esperanza de vida para un americano medio es de 76 años, en el caso de los jugadores de ‘football’ esa cifra baja a 57.

Omalu halló varios casos y publicó su investigación científica. En otras palabras, puso nombre al monstruo: CTE, encefalopatía traumática crónica, por sus siglas en inglés. De forma ingenua -al menos según la película dirigida por Peter Landesman-, Omalu creyó estar haciendo un favor al deporte profesional cuando en realidad estaba haciendo temblar sus pilares. El fútbol americano no es un negocio cualquiera: “La NFL es propietaria de un día de la semana [el domingo]. Y el anterior dueño era la Iglesia”, se escucha en la película. Una industria cuyas cifras colosales nos recuerdan cada año por estas fechas en vísperas de la Superbowl: galones de cerveza, toneladas de alitas de pollo y cientos de anuncios en horario de máxima audiencia. Todo ello, convenientemente traducido a dólares. A millones de dólares.

Un deporte de excesos

El fútbol americano es un deporte propenso al exceso. Las temporadas en la NFL son muy cortas; los equipos que no entran en playoffs -la mayoría- juegan sólo los últimos cuatro meses del año. Además, las plantillas son amplísimas (53 jugadores por equipo), de tal forma que el número de millonarios ociosos es muy superior al de cualquier otro deporte. El pasado septiembre fue el primer mes en 15 años en que la policía no detuvo a ningún jugador de la liga. En el último lustro, la media ha sido de un arresto por semana.

El detenido más célebre es O. J. Simpson, cuyo caso recrea ahora la serie American Crime Story, estrenada la semana pasada en Estados Unidos con Cuba Gooding Jr.como protagonista, Simpson, más conocido por los juicios a los que fue sometido tras el asesinato de su mujer que por sus carreras en el fútbol o el cine, no jugaba como center sino como running back. Sin embargo, Omalu -el real, no el de Concussion– se ha apostado su licencia médica a que es una víctima más de la CTE. Y todo ello, sin haberle examinado, sólo atendiendo a algunos síntomas: comportamiento impulsivo, cambios de humor, dificultades para razonar… En 2011, cerca de 5.000 jugadores retirados demandaron a la NFL, que llegó a un acuerdo para indemnizar a casi la mitad. En total, 765 millones de dólares. Se calcula que la NFL gana 3.000 millones por temporada.

La CTE tiene un nombre frío, no así sus consecuencias más visibles: pérdida de memoria, depresión, agresividad, demencia… Según explica Concussion, el 28% de los jugadores profesionales sufrirán de severos impedimentos cognitivos. Y todo ello, bajo presunta supervisión médica. En ‘Un domingo cualquiera’, quizá la película más conocida sobre el fútbol americano, dirigida por Oliver Stone en 1999, los médicos a los que interpretan Matthew Modine y James Woods son la escenificación perfecta de que en todo este tiempo su figura ha sido más útil como coartada para los equipos que como tratamiento para sus pacientes. “Nosotros somos mecánicos que tratan que el coche siga en carrera”, se lamenta en Concussion el doctor Julian Bailes, interpretado por Alec Baldwin; “¿Medicina? No: negocios”.