Hace ya algunos meses, sentado a la mesa con el presidente de Telefónica de España, Luis Miguel Gilpérez, éste dijo algo que sonó a “¡no vamos a ser la central de compras del resto de operadores!”. Lo más curioso es que, en realidad, ya lo son. Y como dejen de serlo, quizá los seriéfilos lo tengamos peor que nunca.

Recapitulemos. Estamos en un momento en el que, debido a la creación de Movistar Series y la posterior compra de Canal+, la operadora tiene los derechos de… Bueno, básicamente tiene los derechos de casi todo sobre lo que merece la pena tener derechos. Juego de Tronos, House of Cards, Orange is the new Black, Outlander, Penny Dreadful, Fargo… En realidad, la lista es casi inacabable. Tienen dos canales de series y, básicamente, hacen innecesaria la piratería. 

Pero, más aún, tienen la obligación de revender este producto a quien quiera comprarlo, algo que hasta ahora sólo ha hecho Orange pero que podría cambiar en breve. Lo explico rápido: dado que ahora los derechos mayoristas del canal premium de fútbol que no es ‘El Partidazo’ ahora los comercializa Mediapro, debido a las condiciones fijadas por la Comisión Nacional de Mercados y Competencia (CNMC), los operadores alternativos tendrán acceso a un canal más, lo que permitiría a los franceses comprar el cine que les falta y a los británicos, las series que no tienen. Eso si no se lanzan a por otro canal alternativo, como puedan ser las motos.

Así pues, casi todo el mundo se podrá permitir comprar el paquete más exclusivo de series por 5 euros, y luego cada cual podrá complementar su oferta con otros productos. Si a Vodafone, por ejemplo, le diese por no comprar el fútbol –cosa que parece harto improbable–, podría utilizar una parte ridícula de ese dineral para comprar mucho contenido que no tendría que compartir y que le diferenciaría. Pero como ya hemos dicho, parece difícil que no piquen con el balompié.

A esta situación tenemos que añadir Netflix, un canal con sus propias series y que, en realidad, ofrece un producto muy complementario al de Movistar. Vale, sumamos los 8 euros de Netflix y ahora sí que lo tengo todo, ¿verdad?

Bueno, por ahora sí. El problema es que parece que todavía quedan muchos actores por entrar.

HBO va entrar en España, por ejemplo. No es un rumor, es un plan confirmado por la propia compañía. Y bien, es cierto que los shows que ya tiene contratados no se los puede quitar a Movistar. Pero ¿y los próximos éxitos? Si sigue la estela de Netflix, se guardará exclusivas y habrá que sumar otros ocho euros a nuestra cuenta particular.

Pero claro, si entra HBO, ¿quién impide a Amazon hacer su movimiento? Junto con Netflix, es el producto nativo de streaming que más dinero se está gastando en programación original, hasta el punto de que entre las dos han provocado casos insólitos como el de la gran inflación en el festival alternativo Sundance. En su haber tiene grandes hits como Mozart in the Jungle, que viene de hacer el paseíllo en los Golden Globes, la espectacular Transparent y la reciente The Man in the High Castle.

La serie que protagoniza Gael García Bernal, por ejemplo, está en Movistar, pero si entra en España seguirá el mismo ejemplo que Netflix y HBO y empezará a guardarse originales. Otros ocho euros.

Pero claro, puede querer entrar Hulu Plus. Y quedarse originales como The Mindy Project (ahora mismo en Cosmopolitan) o la divertida Deadbeat (ni idea sobre si se emite o no en España). 

Con estos tres actores en nuestro país, Movistar tendría mucho menos accesibles un buen montón de contenidos que el usuario tendrá que pagar individualmente o piratear. Pagar el extra de series en Movistar más Netflix parece razonable. Añadir otros dos productos, mucho menos. Es cierto que Hulu tiene menos atractivo y que Amazon, aunque algo más, tampoco es hoy la bomba. Pero es que están invirtiendo fuerte en este negocio y, para colmo, nos encontramos ante una paradoja: nunca sabes qué serie va a ser el próximo Breaking Bad, o los zombies que vengan. A lo mejor en uno de estos canales entra una serie potente original y hay que retratarse.

¿En suma? España es un mercado demasiado pequeño y demasiado paleto para tantos agentes. Con Movistar y los alternativos revendiendo, y con Netflix como complemento potente, tenemos un mercado bueno. ¿Demasiada fragmentación? Un error, al menos desde el punto de vista de un cliente que pagaría tres veces. Pero ya veremos hasta qué punto.

Quizá cuando decimos que estamos viviendo la edad dorada de las series es porque nos esperan tiempos peores. Confiemos en que no sea así.