He leído ya varios artículos buenísimos sobre la polémica entrevista en ‘Papel’ a Elrubius. Éste en concreto que ha publicado ‘ El Confidencial ‘ es magnífico. Pero aún tengo un par de cosas que decir al respecto (como siempre).

Esta situación ha tenido vencedores y vencidos. ¿Vencedor claro? ‘Papel’, el suplemento de ‘El Mundo’, que ha recibido una cantidad brutal de visitas de un público al que no se dirige habitualmente. A su manera, también el propio Elrubius, que ha encontrado el argumento perfecto (y justo) para no tener que volver a pensar en los medios tradicionales.

En la lista de “perdedores” estamos todos los demás. 

En su vídeo-protesta, Elrubius directamente hace un llamamiento contra la prensa, desanimando a sus seguidores a confiar en los medios. Todo por una situación muy concreta generada con inteligencia por un medio al que, visto lo visto, le importan un carajo sus andanzas y su público. El periódico, en un alarde trilero, envía a un redactor brillante pero de otra generación que, como él mismo confiesa, gestiona sus finanzas con una cartilla. Una cartilla. Leyendo la entrevista al menos yo tenía bien claro de qué lado estaba. 

La entrevista es divertida y está muy bien escrita. Siempre mola ver a un periodista zurrando a un personaje. Pero yo jamás habría escrito dicho texto ni se lo habría aceptado a uno de mis redactores. Cuando trabajaba en ‘Actualidad Económica’, mi director, Miguel Ángel Belloso, me dijo una cosa que jamás he olvidado: “Cuando entrevistes, no escribas lo que ha dicho, sino lo que ha querido decir, y hazle quedar bien”.

No me estaba pidiendo que hiciese la pelota a mi interlocutor, estaba exigiéndome que evitase la literalidad en el texto escrito. 

Uno de los motivos por los que no son realmente prácticas las herramientas tecnológicas para traducir en texto la voz es que, incluso si funcionan bien, funcionan demasiado bien. Si trascribes literalmente casi cualquier cosa que dices quedarás como un gilipollas, salvo que seas uno de esos escasos especímenes perfectamente articulados y que jamás dicen una palabra fuera de su sitio. Alguno he conocido. Pero la mayoría de nosotros utiliza muletillas, realiza pausas inoportunas, se equivoca al pronunciar… 

Cuando alguien se pone en nuestras manos para que le hagamos una entrevista, exige de nosotros un mínimo de cortesía: no hacerle quedar como a un cretino.

En la entrevista de ‘Papel’, Elrubius no termina de quedar como un idiota porque no lo es, pero el redactor hace todo lo posible para representarle como un extraterrestre frente a su propia (y discutible) normalidad. Sigo pensando en lo de la cartilla y en lo mucho que los cajeros de banco odian a este tipo de clientes (aunque jamás lo dirán en voz alta).

Para colmo, he de decir que Elrubius fue lo bastante cortés con la labor de Pedro Simón como para evitar una exigencia demasiado habitual en otros ámbitos: la de revisar, si no la entrevista completa, al menos sí las frases concretas que van a publicarse. 

Lo más llamativo en esta situación es que todo esto, como casi todo, ya ha aparecido en South Park. En la serie de Trey Parker y Matt Stone han pasado ya bastante tiempo analizando el fenómeno transmedia, la nueva generación de espectadores y el abandono del salón como medio principal para la interacción familiar, hasta el punto de invitar al show al célebre Youtuber Pewdiepie. Con mucha inteligencia, lo que pedían en South Park era respeto para una nueva generación de creadores y espectadores que muchas veces no comprendemos pero que cada vez son más relevantes.

¿Y cómo vamos a crear puentes si nos esforzamos constantemente en separarnos de ellos a través de la condescendencia? 

Elrubius afirma que no va a conceder más entrevistas, y mucho menos a un medio chiquitito como SABEMOS, que apenas está dando sus primeros pasos. Y no, no es que el chaval tenga la piel fina, es que nosotros le necesitamos más que él a nosotros. Y lo sabe. Como él mismo dice, si aceptó fue porque su madre se lo pidió. Su madre.

Una de las primeras cosas que pensé cuando me pusieron el reto de dirigir este medio, pequeño pero orgulloso, fue que daría voz en los medios a esta nueva generación y que haría lo posible por comprenderla. Ahora me queda uno menos.

Habrá que darse prisa antes de que nuestros hermanos mayores acaben de irritar a los demás. Afortunadamente, tenemos una ventaja: nosotros miramos nuestra cuenta corriente en el móvil y eso ahorra MUCHO tiempo.