El pleno del CSN se rompe (otra vez) por las prisas por reabrir Garoña. La exministra Narbona emite un demoledor voto particular en el que denuncia la sucesión de medidas precipitadas aprobadas por el Consejo de Seguridad Nuclear en los últimos tres años para conseguir la reactivación de la central burgalesa y la falta de debate técnico sobre la ampliación de la vida de la nuclear más vieja de España hasta que cumpla 60 años. “Estoy en minoría absoluta en el pleno. Pero se puede estar tranquila en minoría si se tiene razón”, dice en declaraciones a SABEMOS.

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) avanza en el proceso para hacer posible la reapertura de la central de Santa María de Garoña, que Iberdrola y Endesa cerraron voluntariamente en 2012 y ahora pretenden reactivar y mantener en funcionamiento hasta 2031, justo cuando la central cumpla los 60 años desde su construcción.

El pleno del CSN aprobó la pasada semana por cuatro votos a uno (con el único en voto en contra de la consejera Cristina Narbona) informar favorablemente acerca de varias modificaciones técnicas encaminadas a la reactivación de la central más vieja de Europa. Un paso hacia la reapertura de la planta burgalesa que daba el CSN tras verse obligado a aplazar dos semanas antes la votación por la fractura en el seno del organismo y después de que todos los grupos parlamentaros –con la única excepción del PP- reclamaran paralizar el procedimiento al menos hasta que deje de haber un Gobierno en funciones.

En la reunión del pasado 3 de febrero, el pleno del CSN –el órgano colegiado de cinco miembros por el que pasan todas las decisiones del organismo supervisor- volvió a romperse, como cada vez que se abordan nuevos pasos para reabrir Garoña. Y es que Cristina Narbona, exministra socialista de Medio Ambiente, volvió a ser la única voz discrepante en la cúpula del CSN contra las formas y el fondo de la reactivación de Garoña. Votó en contra de las modificaciones técnicas, y volvió a criticar abiertamente la gestión de esta materia.

Cristina Narbona, consejera del CSN. FOTO: Efe.

La exministra Narbona ha registrado ahora en el CSN un demoledor voto particular [ver documento adjunto] en el que denuncia la sucesión de medidas precipitadas aprobadas por el pleno en los últimos tres años para conseguir la reactivación de la central burgalesa y en el que arremete contra la total falta de debate técnico sobre la ampliación de la vida de la nuclear más vieja de España hasta que cumpla 60 años.

A lo largo de las diez páginas del voto particular, al que ha tenido acceso SABEMOS, recuerda todos los cambios legislativos promovidos ad hoc por el Gobierno para permitir que Nuclenor –la empresa propietaria de Garoña y participada a partes iguales por Endesa e Iberdrola- pudiera solicitar la renovación de la licencia de explotación pese a encontrarse ya sin actividad y decretado ya el cese de explotación. Y la exministra subraya la urgencia y celeridad con que se han movido en este asunto desde 2013 tanto el Ministerio de Industria comandado por José Manuel Soria como el propio Consejo de Seguridad Nuclear.

Y la consejera Narbona critica desde hace dos –Nuclenor pidió la renovación de licencia hasta 2031 en mayo de 2014-, y lo hace también ahora en su último voto particular, que la mayoría del pleno del CSN, con su presidente Fernando Marti a la cabeza, se muestre dispuesta a conceder por primera vez en la historia una renovación de licencia por un plazo superior a los 10 años y a aprobar por primera vez también que una planta española funcione hasta los 60 años. Y, sobre todo, que se haga sin que haya un debate técnico previo sobre las ventajas y sobre los inconvenientes de una medida de tanto calado.

Sin debate sobre las consecuencias

“En otros países decisiones de este tipo llevan años de debate previo. En Francia el organismo equivalente al CSN lleva analizando desde 2009 si ampliar la vida de sus centrales nucleares hasta los 60 años. ¡Desde 2009!”, explica Narbona en declaraciones a SABEMOS. Y es que en España, el CSN está desarrollado “un sistema de aprobación por troceamiento sin debatir el fondo” de la cuestión.

“Aquí se quiere ampliar la vida de la central más antigua de Europa y se pretende hacer sin entrar en disquisiciones” sobre las ventajas de hacerlo, critica la consejera. “El CSN no ha dedicado ni medio minuto a debatir la conveniencia de renovar la licencia de una central nuclear durante 17 años en vez de 10 años como hasta ahora, ni tampoco a debatir qué aporta a la seguridad nuclear ampliar la vida de la central hasta los 60 años”.

En su voto particular, la exministra reclama posponer nuevas decisiones en el pleno del CSN acerca de Garoña hasta “que no estén debatidas ni explicadas, ni en el pleno ni ante la opinión pública las implicaciones técnicas y jurídicas y las mejoras que en seguridad nuclear y radiológica estaríamos introduciendo” por ampliar la vida de una central más de 10 años y permitir que siga en funcionamiento hasta que cumpla la sesentena.

Endesa e Iberdrola decidieron unilateralmente cerrar Garoña en diciembre de 2012 en pleno órdago al Gobierno de Rajoy por las medidas contenidas en la reforma eléctrica. En mayo de 2014, tras varios cambios legislativos ad hoc promovidos por el Ejecutivo para hacerlo posible, Nuclenor presentó su solicitud de reactivación de la planta. Y en esa solicitud la compañía reclamaba la ampliación de la licencia por un periodo de 17 años, hasta 2031.

Se trataba pues de la primera vez que un operador nuclear pedía ampliar el funcionamiento de una central española más allá de 10 años, como era la práctica común desde los noventa, para acompasar las licencias a las revisiones periódicas de seguridad (RPS) que realiza el CSN también cada 10 años. Sin embargo, mientras la revisión técnica es obligatoria por ley cada decena de años, hacerla coincidir con la renovación de la licencia es un aspecto recogido en la guía de buenas prácticas del regulador, pero no es de obligado cumplimiento. “Se está desarrollando un proceso ad hoc para Nuclenor. Ad hoc desde el punto de vista normativo y ad hoc en la propia tramitación en el CSN”, denuncia la consejera.

Otra rareza: permiso para reabrir, y que Garoña siga cerrada

En paralelo, la aprobación en unos meses por parte del CSN del informe favorable a la reapertura de Garoña puede permitir lo que la propia Narbona describe como “otra situación exótica”.

Según estimaciones de fuentes internas del CSN, los técnicos del organismo pueden tener listos todos los informes necesarios para entrar a debatir en el pleno del CSN el informe preceptivo para la renovación de la licencia en junio o julio próximos. Y si el pleno da el visto bueno a la renovación, Nuclenor se encontraría con la autorización encaminada (tras el informe preceptivo del CSN tiene que aprobar la renovación de licencia el Gobierno) y, sin embargo, no poder reabrir la planta.

¿Por qué? Porque Garoña tendría la autorización para reabrir, pero no cumpliría muchos de los requisitos exigidos a las centrales nucleares para poder recargar el combustible tras el accidente de la planta de Fukushima. Garoña previsiblemente no podría cumplir estas exigencias hasta muy a finales de este o incluso principios del siguiente. “Se puede dar la situación de que Garoña tenga permiso volver a funcionar, pero no pueda recargar el combustible necesario para hacerlo hasta varios meses después. ¿Entonces por qué las prisas por aprobar el informe del CSN?”, dice Narbona en una conversación telefónica con SABEMOS.

Minoría absoluta

Son ya colección los votos particulares que ha emitido Cristina Narbona para justificar su rechazo a medidas aprobadas por el resto de miembros del pleno del CSN, tanto sobre Garoña como sobre el cementerio nuclear de Villar de Cañas. Cuatro votos contra uno, es el resultado habitual en los plenos que abordan estas materias.

Además de Narbona, en el pleno del CSN se sientan actualmente otra consejera nombrada a propuesta del PSOE (Charo Velasco, que suele alinearse con la mayoría) y tres consejeros nombrados a propuesta del PP (después de que el Gobierno rompiera el histórico equilibrio entre partidos). “Estoy en minoría absoluta en el pleno. Pero se puede estar tranquila en minoría absoluta si se tiene razón”, sentencia Narbona.

Los votos particulares de Narbona suelen tener por respuesta casi en cada ocasión una suerte de contravotos particulares redactados por uno o varios de los consejeros vinculados al Partido Popular (incluido el presidente, Fernando Marti). Resulta previsible que este último voto particular vuelva a recibir en los próximos días una o varias respuestas de este tipo. En ellas, por lo general, se acusa a Narbona de defender sus posiciones desde postulados de partido, sólo por su vinculación al PSOE.

Y Narbona cuando se le recuerda esta circunstancia salta: “Siempre intentan acusarme de tener un sesgo partidista. Pero mis argumentos no son partidistas, no son de tipo político. Mis argumentos sólo se refieren a las prácticas y a los procedimientos del CSN. Nada más. Sólo exijo que el CSN actúe bajo el principio de mayor exigencia y adecuación a las normas y a las buenas prácticas. Y lleva más de dos años sin hacerse”.