Para que el lector comprenda que no soy el típico antipodemita que se inventa agravios y persigue sombras donde no las hay , baste señalar dos cosas básicas. La primera es que mi padre está en un círculo de Podemos y es un simpático y cultivado yayoflauta que quiere, sinceramente, cambiar el mundo a mejor, si bien nuestras conversaciones sobre política se han ido haciendo más tensas con el paso de los años. Y sí, también soy un fan de la sátira como elemento de comunicación y un ferviente defensor de la libertad de expresión. De hecho, he repetido en innumerables ocasiones que las últimas tres temporadas de South Park son absolutamente esenciales para entender el mundo globalizado que nos rodea. Y, sin embargo, no sólo no he tenido ninguna tentación de defender a los dichosos tititiriteros que ayer acapararon los titulares sino que he tenido que discutir con muchos de quienes sí lo han hecho. ¿Por qué? Porque si bien no creo que vayan a ser condenados por nada, me parecen una recua de idiotas. Y quienes los han contratado, unos irresponsables.

La mayor parte de los argumentos que he leído al respecto, a favor o en contra, tienen que ver con una visión de la realidad basada en el “y tú más”. Vieja política, en suma. Unos titiriteros la cagan y sacan al escenario una pancarta en la que se puede leer Gora Alka-ETA (un obvio acrónimo de Al-Qaeda y ETA) en un contexto satírico, y la culpa es del PP valenciano, de la casta, de la caverna y de la corrupción.

No, lo siento pero no.

Vivimos en una democracia en la que existe la libertad de expresión con algunas limitaciones fijadas por la ley, que pasan por la prohibición de la apología y el enaltecimiento del terrorismo, así como por una especial protección a la Corona. Nos gusten o no dichos límites, están en las reglas del juego. Y lo mejor es que eso no impide que se puedan realizar burlas sobre ambas cosas de forma razonablemente libre.

En la exitosa Ocho apellidos vascos Dani Rovira jugaba a ser un sevillano al que le gusta el fino y la kale-borroka, y la revista mensual Orgullo y satisfacción, creada por un grupo de dibujantes fugados de El Jueves para ser más libres que nunca, se burla de todo, Felipe VI incluido, con verdadera saña cada mes y un finísimo sentido del humor negro. ¿Polémica causada? Cero.

Por favor, vivimos en un país en el que La Codorniz le pasaba por entre las patas a los censores del franquismo uno de cada dos números. ¿Alguien ha mirado Twitter o su Whatsapp ultimamente? Cuando los estadounidenses vienen a España lo primero que les sorprende es nuestra libertad para decir la primera chorrada que se nos viene a la cabeza sin excesivas consecuencias.

Así que no, la libertad de expresión no está amenazada, ni mucho menos –y lo estará aún menos cuando, de una vez por todas, acabemos con esa burla a la que se ha dado por llamar Ley Mordaza–. Pero si Ahora Madrid y Podemos quieren sobrevivir durante los próximos años a la presión a la que están sometidos, tienen que aprender a distinguir el culo de las témporas.

Por un lado, sin duda en este país decenas de periodistas viven de buscar mierda que echarles a Pablo Iglesias, Manuela Carmena y los suyos. Pero, por el otro, y sabiendo que así están las cosas, ni uno ni la otra están poniendo mucho cuidado en evitar que lo que ellos llaman “la caverna” se les tire encima, muchas veces con razón.

En este caso, al menos, tanto Ahora Madrid como IU han reconocido el error en sus comunicados. Algo es algo. El grupo Títeres desde abajo no es adecuado ni para niños ni para muchos de sus padres. No resulta muy sensato invertir dinero público en una forma, bastante burda, de meter ideología a los chavales. Estos muchachos pueden ser la sensación de casas okupa de todo el país, o tener un show en la asociación marxista de tu barrio, pero no pueden ser asociados a un partido que jura que sigue más a Olof Palme que a Stalin. 

Leamos algunas de las cosas que propone este grupo en su página web sobre la reutilización del personaje de Don Cristobal Polichinela: 

“Narigudo, avaricioso, misógino, megalómano, el viejo Don Cristóbal Polichinela frecuentaba los teatrillos populares de la Península Ibérica, pero desapareció de la escena tras victoria del Nacional Catolicismo. Cuentan que es primo hermano del Polichinela de la Comedia del Arte, pero en su versión íbera perdió su carácter más alegre para convertirse en un ser oscuro que antepone sus intereses a la vida y la libertad de los que le rodean. Como decimos, los titiriteros, hace unas décadas, dejaron de utilizar al personaje pero no hace falta mirar lejos, para encontrar el rastro de su ADN en el violento absurdo en el que nos obligan a vivir hoy día. Basta con encender un rato el televisor.

Nuestro Don Cristobal revive en nuestro espectáculo interpretando diferentes personajes. Diferentes caras de un mismo espíritu. Para simbolizar este hecho los policías, el juez, el abusador y la monja están siendo creados con el mismo molde. Ya utilizamos este recurso hace tiempo en Salvemos el Brinco, obra de títeres que montamos junto a Griot Teatro. El empresario, el juez, la periodista, el alcalde, todos tenían el mismo rostro porque todos sirven a los mismos intereses en la sociedad. 

Queremos aclarar que con este recurso no pretendemos despersonificar a los opresores, sino señalarlos. Aunque la violencia que sufrimos es en parte estructural, ellos han elegido alimentar el sistema y utilizar sus privilegios, mientras la Bruja elige saberse libre y cuestionar sus pilares: la propiedad privada, el monopolio de la fuerza, la servidumbre del trabajo asalariado, los hábitos de consumo, la perdida de soberanía sobre el propio cuerpo, etc… En nuestra obra, la Bruja practica la autodefensa y liquida a sus opresores a golpe de cachiporra, pero una de las características de Don Cristobal es su inmortalidad, así que los puristas no tienen de que preocuparse, ya que su descendencia garantizará la perpetuidad de su envenenado ADN”. 

¿Sorprendidos? Yo no demasiado. Es el teatro del absurdo secuestrado por la extrema izquierda. Pero si nos preguntamos por conveniencia de meter en la cárcel a estos tipos, mi tesis es que nunca hay que encerrar a los comediantes, por tontos que sean o por mucho que la etiqueta #LibertadTitiriteros sea tendencia en Twitter.

Lo peor es que este debate ni es nuevo ni, casi, es nuestro. Mr. Punch, la versión inglesa de Polichinela, ha sido un espectáculo prohibido en Reino Unido en varias etapas. Hablamos de un espectáculo en el que Pulcinello o bien golpea o bien deja caer a su hijo al suelo en cada función. Como Homer Simpson asfixiando a Bart. Cuando llega su mujer, Judy, para ver qué sucede, también recibe un escarmiento. ¿Llega la Policía para poner fin a este desaguisado? Se lleva una zurra. Por el camino, un cocodrilo también recibe.

Bien podría ser comparable al espectáculo que criticamos, de no ser porque Mr. Punch reparte sin discriminar pero esta gente tiene bien claros sus enemigos: El empresario, la policía el juez, el periodista, el alcalde, el abusador y la monja… Revanchismo barato con más de ochenta años de vida que me pone en el mismo bando que el abusador. Y, oye, es su rollo y adelante con él. Pero que luego no se escandalicen cuando cargos de la Policía Municipal dicen que a nuestros regidores no les gusta la pasma. Tienen razón. Algunos les han temido y odiado durante buena parte de sus vidas.

Pero yo no puedo ir a la celebración de los dos millones de followers de @policía y educar a mis hijos para que respeten a la autoridad y crean en la democracia y, a los pocos días, llevarles a celebrar una obra antisistema. Peor aún incluso lo tiene la alcaldesa, que además de alcaldesa es jueza y, supongo, el doble de malvada que los personajes antes citados y se merece el doble de palos.

Como los empresarios. No sé como decirle a mi amiga Iratxe, que tiene una pequeña empresa de forja en Burgos, o a Norman, un joven que lucha para cambiar la educación a través de aplicaciones desde Asturias, que están en el mismo eje del mal que los cenutrios que convierten a sus mujeres o a sus maridos en punching-balls porque estos señores creen que el emprendedor y el abusador están hechos, literalmente, con el mismo molde. 

En todo caso, esta politización entre los muñequitos tampoco es tan nueva en nuestros medios. Los Fraguels eran a los Curris lo que Podemos a Ciudadanos. La Bruja Avería gritaba eso de “¡Viva el Mal!¡Viva el Capital!”. Incluso llegó a ser Presidenta del Gobierno y proclamó aquello de “estableceré la Democracia de la desgracia, todos terminarán en la farmacia”. Pero todos lo han hecho con mucha más gracia. Aquellos eran los tiempos de la movida y hoy conviene a Carmena mantener la calma.

¿Lo único bueno? Tararear durante toda la jornada la canción El Titiritero, que Serrat cantaba y Juan Perro mejoró: “Titiritero, allez hop!, de feria en feria. Siempre risueño, canta sus sueños y sus miserias”.