Una de las estrategias de venta más conocidas es la de apelar a las emociones. Cuando en un supermercado un producto se anuncia como “natural”, “de la abuela” o “tradicional” no está haciendo otra cosa que tratar de evocar tus recuerdos más queridos y, de esta forma, ya establecido el vínculo, lo compres. A ver, ¿a quién no le gusta la naturaleza, tiene un buen recuerdo de su abuela o piensa que lo de antes era mejor?

Otra táctica de venta consiste en apelar a tu sentimiento de culpabilidad. En el supermercado encontrarás un montón de alimentos enriquecidos, suplementados o como decía el super ratón, hipervitaminados y supermineralizados. Obviamente, mejor comprar un alimento que tenga muchas vitaminas que uno que tenga pocas, porque imagina que no pagas más por las patatas con alto contenido en vitamina C ¿y si luego tus hijos sufren escorbuto? Por cierto, las avitaminosis son bastante infrecuentes. Salvo que te lo diga el médico por algún problema específico, siguiendo una dieta normal tienes todo el aporte de vitaminas y minerales necesario, por lo que estás pagando más por algo que tienes de sobra. En algunos casos la inversión además es inútil, ya que en unas patatas con más vitamina C, salvo que te comas las patatas crudas, poco vas a aprovecharla ya que con el calor casca.

Un cruel refinamiento de esta técnica es sumarle al sentimiento de culpa el argumento de autoridad. Eso se consigue poniéndole a un alimento un sello oficial de un organismo reconocible y con aura de respetabilidad. Por ejemplo, unas galletas avaladas por una sociedad de pediatras (a pesar de que son alimentos desaconsejados por ser muy calóricos y ricos en azúcares simples) o una leche infantil por una sociedad de dietistas nutricionistas.

Una que me encanta son las cápsulas de ácidos grasos omega 3 avalados por la fundación española del corazón. En la publicidad estos señores importantes que ponen el sello dicen que el consumo diario de ácidos grasos polinsaturados omega3 reduce el riesgo de accidente cardiovascular, y claro, si con una cápsula puedes evitarlo ¿quién no va a comprarla?

Los ácidos grasos esenciales omega 3 deben estar presentes en la dieta, pero como todos los nutrientes esenciales, una vez que llegas al nivel que necesitas, más no es necesariamente mejor. El problema es que si haces números estás pagando una pasta por obtener una cantidad de ácido graso ridícula.

Paseándote con una pescadería con la boca abierta posiblemente ingieras más omega 3 que con una de esas cápsulas. Bueno, estás pagando muy caro por algo que es barato, pero algo hará ¿no? A veces hasta los mensajes son equívocos. Realmente hay un metaanálisis del 2012 que señala que el consumo de suplementos de ácidos grasos omega 3 no se asocia con ninguna de las causas mayoritarias de muerte asociadas a problemas cardiacos.

Así que los ácidos grasos poliinsaturados omega 3 son necesarios en la dieta y con comer pescado una o dos veces por semana tienes de sobra, pero su papel en evitar infartos es más que cuestionable. Por cierto, ¿cuánto costará que una sociedad oficial e importante me avale el producto que vendo? Estoy pensando en vender agua mineral avalada por la sociedad española de homeopatía como agua “solo con recuerdos agradables”.