La batalla judicial sobre el ‘caso Blablacar’ sigue abierta. Ante la resolución dictada por el juez, que desestima la petición de cerrar cauletarmente Blablacar, desde la Confederación Española de Transporte en Autobús (Confebus) ya han dejado claro que respetan la decisión, pero que seguirán peleando el proceso legal.

La tecnología ha cambiado el contexto económico. Las denominadas herramientas colaborativas no se van a marchar. Asumirlo será un gran paso para las empresas tradicionales. Por lo tanto, el camino correcto es adecuar un marco jurídico y legal para que haya una competencia regulada. Además, se debe conseguir que estas aplicaciones, herramientas, etc., pasen por caja para pagar impuestos como hace todo el mundo.

Partiendo de esa base, se puede estar de acuerdo o no en la existencia de estas compañías, como es el caso de Blablacar, que se utiliza para compartir gastos en los desplazamientos de coche, aunque está claro que la polémica está servida para los próximos meses.

En la situación concreta de Blablacar, el juez Andrés Sánchez Magro, sobre el que recayó también el ‘caso Uber’, ha decidido ahora no aplicar esas mismas medidas cautelares contra Blablacar, y deja que siga prestando sus servicios. Mientras se analiza el caso, la plataforma para compartir vehículos entre particulares podrá seguir operando en España.

El negocio de Blablacar es ejercer de intermediario entre particulares que quieren compartir gastos en un viaje en automóvil. El dueño del coche anuncia un trayecto que tiene previsto hacer, otro viajero se ofrece para compartir coche y compartir gastos del viaje, y Blablacar propone un precio del trayecto y cobra una comisión del 10% al pasajero que se sube al vehículo de otro. En principio, economía colaborativa de manera estricta. En principio, economía colaborativa que no se parece al servicio de taxis ilícitos de Uber.

La respuesta de Confebus

La patronal no se ha hecho esperar para dar una respuesta oficial a la resolución del juez. Mediante un comunicado, Confebus mantiene que el servicio de Blablacar no es positivo para el mercado. Cree que están perjudicando gravemente a un sector que genera 88.000 empleos directos, mueve 1.200 millones de viajeros al año (dos de cada tres viajes en transporte público se realizan en autobús), y, una de las cosas más importantes para ellos, contribuye a la Hacienda Pública con 942 millones de euros por las diferentes figuras impositivas que le son aplicables (IVA, IRPF, cotizaciones sociales e impuesto de sociedades), sin tener en cuenta el impuesto especial de hidrocarburos, y todo ello dentro de un marco regulado.

No obstante, desde la patronal quieren dejar claro que compartir vehículo particular se ha hecho siempre y se seguirá haciendo, y el transporte de viajeros por carretera jamás se ha opuesto a ello. Su caballo de batalla, por lo tanto, gira en torno a la regulación. Afirman que las normas deben ser para todos iguales y si se quiere hacer transporte hay que cumplir con todas las reglas, otra cosa es que haya o no que reformar la legislación.

Su alegato en contra de Blablacar es que bajo el paraguas de economía colaborativa no están contribuyendo al sostenimiento del Estado del Bienestar y, además, les acusa de clara competencia desleal.

Por lo que respecta a la cuestión legal, Confebus no ha aclarado cuáles serán los siguientes pasos. Tan solo afirma que respeta la resolución del Juzgado, pero quiere dejar claro que “el que no se haya accedido a la consideración de las medidas cautelares no significa que se haya prejuzgado el fondo del asunto ni que se paralice el proceso judicial, que sigue adelante”.

Blablacar, confiada

En Blablacar son optimistas de forma moderada. Saben que el asunto no se ha acabado, y aunque de momento puedan seguir adelante con el servicio, son conscientes de que hay una guerra abierta contra las plataformas colaborativas, aunque no todas sean iguales.

Nuestro caso y el de Uber son radicalmente diferentes. Esas fueron las palabras de Jaime Rodríguez de Santiago-Concha, country manager de la compañía en España, justo cuando se inició el proceso legal, del cual mantenía una incredulidad de que la demanda se pueda sostener en esa comparación.

Según contó Jaime, con la paciencia de quien ya ha explicado esto muchas veces, “en Blablacar no hay un chofer que realiza un servicio bajo demanda, no hay alguien haciendo un negocio directamente de ello”. Desde su punto de vista se ha hecho una simplificación muy básica en torno a “tenemos que ver con el coche y las nuevas tecnologías”, y por eso ya somos lo mismo que Uber.

¿Cómo se toman las medidas contra los usuarios?

Dentro de la ambigüedad sobre la demanda contra Blablacar, hay algo que el propio Jamie tampoco entiende. ¿Se trata de un acto contra la compañía o contra los usuarios? En este sentido es muy claro. BlaBlaCar es una empresa, y como tal tiene el objetivo de ganar dinero, en este caso cobrando un 10% de las transacciones que se llevan a cabo entre los usuarios de su plataforma cuando realizan sus pagos.

En cuanto a la acusación sobre que los usuarios llevan una actividad con ánimo de lucro para ganar dinero, Jaime explica cuáles son las acciones que llevan a cabo para que esto no ocurra, ya que no es el fin que busca la compañía.

  • La aportación máxima que se puede pedir está limitada. Hay un límite máximo que depende de varios factores
  • Nosotros hacemos una sugerencia de aportación que es incluso más restrictiva que la cantidad que se fija en la declaración de IRPF para la retribución en especie del kilometraje de los empleados. Esa cifra son 0,19 euros por kilómetro, y nosotros hacemos una recomendación inferior a esa
  • Se ha limitado el número de plazas. Con esto evitamos que se cojan furgonetas u otro tipo de vehículo con más plazas y que se llenen de gente

Además de estas normas de la web que funcionan de forma automática, hay un equipo de 60 personas trabajando que se dedican a vigilar que el comportamiento de la comunidad es el correcto. Si alguien detecta que se están incumpliendo las normas de la web, toman las medidas oportunas. Y eso incluye, asegura Jaime, la expulsión de la plataforma, e incluso se abren una serie de mecanismos para que una persona expulsada no pueda volver a Blablacar.