Se abre el telón y aparece una “especie de Warhol con Chiquito de la Calzada y los Monty Python juntos”. ¿Qué es? La risa, el descaro, la improvisación y el humor en estado puro. O lo que es lo mismo, el Teatro Calderón de Madrid, el mismo que a partir de ahora será casa de tres ilustres. Pero no tres ilustres cualquiera, sino tres ‘Ilustres Ignorantes’.

Cambia el escenario, pero no el espíritu. Misma dinámica y mismas ganas de pasarlo bien. Lo único diferente será el lugar que acoja las disparatadas noches de tres ilustres de patrón. Hablamos de y con Javier Coronas, Pepe Colubi y Javier Cansado.

La anterior descripción, que corresponde al que será nuevo aposento de ilustres, es de Javier Coronas, que asegura a SABEMOS que el programa, que hoy estrena escenario en el nuevo canal #0 de Movistar +, seguirá siendo el que es. “Los regalos de los invitados seguirán siendo de los chinos, y seguiré comprándolos yo” continúa. Y es que la clave del éxito está en que aunque “lo que envuelve al caramelo es mejor”, éste “sigue siendo el mismo” prosigue Cansado. Pero lo más importante de todo, sin olvidar los orígenes. “Le debemos mucho a Galileo. Allí se forjó realmente el espíritu ilustres” añade Colubi. Y continúa vivo.

Bueno… “Y que antes el programa era por la mañana y a Pepe (Colubi) había que levantarlo el día anterior” explica javier Cansado.

El “no guion” es la clave. “En mi caso no tener guion es fundamental. Por alguna razón, alguna tara física que tenga, si digo las frases de memoria me salen mal. Me salen poco creíbles”, dice Colubi. Un “problema” que comparte Cansado, que al hilo de esta conversación recuerda cuando hizo “un piloto con el telepromter y solo pensaba en que no sabía hacerlo. Estaba leyendo”. Coronas es rotundo al respecto, el programa no puede tener guion, si no “no sería lo que es” y además, añade, “así se trabaja menos y es mucho más divertido”.

Y es que para estos tres ilustres, ser espontáneo es importante, y hacerlo bien más. “La improvisación es con lo que uno nace y de la que luego aprende mucho. Es algo que va con la personalidad de cada uno y cuanto más cómodo estás con ello, más lo haces. Es como cuando estás tumbado en un sofá, y estás muy cómodo y de repente piensas… Me voy a quedar un ratito más”.

Pero no todo vale, recordad que habláis con ilustres. “Un humorista es como un portero que saca de puerta. El balón es el chiste, él lo hace lo mejor que puede y quiere que caiga en campo contrario, que sea ocasión de gol… Pero se le puede ir fuera del campo, puede caer en pies de un contrario, puede pegarle mal a la pelota… Es decir, hay que tener en cuenta los contextos”, aclara Colubi. “Esto se ve también en Twitter, alguien emite un chiste con la idea muy clara y luego se recibe de mil maneras. Buenas, malas o regulares. Y también hay gente que se pasa de frenada e intenta explicar el chiste. Twitter tiene unas reglas muy específicas, como un monólogo, una película, una serie, una intervención radiofónica son claves para leer un chiste concreto. Si lo sacas de ahí sería como quedarte con la guinda y perderte todo el pastel”, prosigue.

Sin embargo, “como espectador puedo reírme hasta de una vieja que se cae. Soy un cabrón. Pero si hay algo que yo no haría sería coyuntural, es decir, el humor que es para hoy, para dentro de quince días y ya. Un sketch de ‘Faemino y Cansado’ de hace treinta años tú lo ves ahora y no hay que explicar nada”, añade Cansado. Y ahí reside el buen humor, en el tiempo.

Pero: ¿podemos, nosotros los humanos, reírnos de todo y en cualquier momento? ¿Incluso con la situación política actual? ¿Tenemos ganas de risas? “La risa es una condición que viene adherida al hombre. Da igual el momento. Lo que sí pasa es que cuanto más movido está el sector político, al cómico se le abre un mundo inexplicable de chistes y de poder hacer bromas. Ahora, tal y como están los procesos de gobernabilidad del país, para el cómico es una panacea, es un duty free” dice Coronas.

“Cualquier momento histórico-social, ya no de España sino del mundo entero, del planeta tierra, necesita risas. Yo no creo en el humor como terapia, creo en el humor como necesidad, como alimento básico. La persona a la que le falte una pizca de humor, esto parece prepotente pero… Creo que tiene algún tipo de problema. En los aspectos más básicos de la vida nos reímos, como en un funeral. Siempre hay un momento en que los más allegados recuerdan anécdotas y se ríen. A priori es el momento menos adecuado para hacerlo, pero es el más necesario” dice Colubi, al que le parece “maravilloso que a estas alturas no tengamos Gobierno porque los dos partidos tradicionales (desde el 78, y parece que llevamos así desde el siglo III, explica) se vean con una capacidad casi inoperativa cuando les han salido dos fuerzas emergentes a cada uno por su lado. Se han quedado parados. Yo soy muy fan de las elecciones americanas y de esa dimensión de espectáculo que aquí no hay. La política pide a voces sátira. Ya no un ligero toque de humor, sátira, ironía y hacer sangre. Pero sangre a través de la risa”, cuenta Colubi.

Y es que a estos tres ‘ilustres ignorantes’ no hay casi nada que se les resista o les quede por hacer. Puede que “actuar solo” como piensa Cansado, o tener un papel como “actor cómico o hacer sketches” como señala Coronas. Aunque Colubi es menos ambicioso afirmando que ha “nacido para la vida contemplativa. Mis días ideales transcurren llenos de nada. Me gusta estar tumbado. Es poco glamuroso pero es una postura muy bien pensada para la actitud contemplativa, el descanso, la introspección y, eventualmente, dormirse”.

Pero aun con todo lo que han conseguido, llega el turno de plantearse qué habrían hecho con su vida si no hubiesen tenido el don del buen y grato humor. El mundo se habría perdido a tres grandes de la risa, pero habría ganado un “guionista”, en el caso de Cansado, un “freelance” no definido pero sí “disperso” como afirma Pepe Colubi y un neurocirujano, apunta Coronas, por un motivo muy sencillo y sobre todo fácil de entender, “porque libran los fines de semana”.

Mucha mierda en la nueva etapa. Se cierra el telón.