Me duelen los dedos de darle al teclado del PC para escribir que Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, es una inconsistente, irrelevante y casi frívola ave de paso; que entre Felipe González y los más importantes barones de su partido (los que tienen poder regional) se lo iban a comer crudo, y que Pablo Iglesias lo tiene medio merendado por la izquierda. Pero la forma en que ha toreado el Comité Federal que ayer se disponía a firmar su finiquito demuestra que en él hay un audaz jaque de trincheras y un homicida que madura por días en el cuerpo a cuerpo político. No sólo ha salido vencedor, sino que lo ha hecho por goleada.

Me envaino y me como, sin que al reconocerlo me duelan prendas, la mayor parte de los juicios que he ido formulando semana tras semana sobre la pretendida irrelevancia de su carácter y acerca de sus capacidades. Y me disculpo ante lectores a los que haya podido llevar a engaño.

Sigo considerando que la fórmula por la que Sánchez espera alcanzar la Presidencia del Gobierno es negativa, y hasta peligrosa para la estabilidad de España y sus intereses a medio y largo plazo. Pero quiero expresar asombro por la forma en que ha toreado a todos los poderes fácticos de su partido, decididos que estaban a que se dejara los piños clavados en el bordillo de la acera de la asamblea sabatina.

CEDE, SÓLO EN LO SECUNDARIO

Es cierto que en el camino le han arrancado que el próximo Congreso Federal no se aplazará a las calendas veraniegas, como él y su equipo parecían pretender, sino que será en mayo. Con lo que los jerarcas hostiles podrían –atención, sólo podrían– cepillárselo de la Secretaría General y como candidato en el caso de que la salida de la actual crisis sea una repetición de elecciones. Pero ahora creo que ha utilizado esa concesión como el truco del mago que distrae con una mano y saca el conejo con la otra.

Para él, el aplazamiento del congreso no era vital porque, a lo largo de la pasada semana, ha ido tricotando las condiciones para cerrar un acuerdo con Iglesias que incorpore la abstención de Rivera. El líder de C´s parece pensar –él sabrá qué garantías tiene, pero más le valdrá que sean escritas y firmadas ante notario- que tiene atado y bien atado a Sánchez, y a Iglesias a través de éste. No parece tomar en cuenta el que hasta entre sus conmilitones se sospeche –ver la crónica de David Martínez- que tiene en marcha un contubernio con el separatismo catalán.

IRA CONTRA RAJOY EN EL PP NO CONTAMINADO

El responsable último de este desaguisado se llama Mariano Rajoy. Su empecinamiento egoísta en amarrar el trasero al sillón monclovita y al de Génova le ha hecho ignorar las repetidas advertencias de Sánchez -tomadas de la “Divina Comedia”, cuando Virgilio llega al infierno y lee: “Lasciate ogni speranza…”–  de que a ningún precio llegarían a consensos.

Rajoy ya sabe que no tiene bola que rascar, salvo que Sánchez se rompa la crisma en el intento, lleguen a nuevas elecciones y, en ellas, su posición mejore algo. Pero, por si acaso, y él sabrá el porqué de tal numantinismo, ha advertido ya a sus peones de confianza  que, si acaban en la Oposición, él continuará como jefe.

Esa resistencia irreductible –muy digna en la famosa aldea gala, pero patética en él-, ha servido de vaselina en la operación Sánchez-Iglesias- abstención de Rivera. El olor a podrido que en estos momentos impregna las siglas PP, sobre todo entre los mandatarios que deben sus puestos al gallego, o a los que él es deudor de su liderazgo en el Partido, hace imposible que pacte con él nadie que el 20-D llevara la regeneración democrática, y una embestida a fondo contra la corrupción, en su programa electoral. Así se lo pida el mismo Felipe González o/y su porquero.

Con ese inmovilismo imperdonable y semejante desprecio a los intereses del país, Rajoy  empujó a Rivera a negociar con Sánchez una abstención en su eventual investidura. Por supuesto, con una renuncia a referendos soberanistas por parte del socio podemita que le acompañe durante la vigencia del acuerdo. Y la ausencia de apoyos, expresos o tácitos, de las formaciones separatistas.

Para barruntar –subrayamos que la reserva de los presuntos negociadores  ha sido impermeable y, por tanto, modélica- cuánto tiempo llevan Sánchez e Iglesias cerrando el trato, quizá sirva de pista el anuncio del alejamiento de Ada Colau y su En Comú del redil colectivo hace unos pocos días. La luz verde decisiva se produjo justo con las últimas explosiones de basura corrupta del PP, que terminaron por crear a su alrededor una atmósfera de irrespirable estercolero. Pienso, sinceramente, que ahí fue donde el cabeza de C´s  dijo a los suyos: “hasta aquí hemos llegado”.

Sólo entonces Rivera negoció las condiciones del acuerdo a tres bandas (dos socios y un aliado coyuntural, que hará de oposición en estado de permanente alerta) que SABEMOS reveló el viernes en una rigurosa exclusiva, que impactó en las redes sociales  y que se reflejó en medios europeos y americanos.

La cerrazón de Rajoy para aceptar la incontrovertible imposibilidad de repetir como Presidente dado lo envuelto que está en pantanosos miasmas, ha provocado que gentes de su propio partido, profundamente furiosos por su actitud, la entiendan sólo como un buscar una etapa de inmunidad lo más larga posible desde la trinchera de un escaño.

Pero, según todos los indicios, si ese es en verdad su objetivo, le durará poco. El nivel interno de cabreo, tanto en la calle Génova como en las sucursales periféricas, garantiza, desde la inevitable explosión desde fuera que significará un Gobierno de izquierdas compuesto por perdedores, una descomunal implosión, en cuanto alcance su masa crítica.  Habrá revuelta interior o un  goteo de imparables deserciones hacia Ciudadanos, si Rivera, apoyando mientras sea posible la estabilidad de España, utiliza su garrote de vigilante en los momentos precisos.

¿O acaso el PP, o lo que entonces quede de él, se negará a seguir a C´s en una moción de censura -sin garantías de éxito, dicho sea de paso- que presente porque las izquierdas hayan quebrantado los acuerdos tripartitos que les permitieron llegar al poder? Cuesta creer en tamaño suicidio.

QUÉ COLMILLO TIENE LA CRIATURA!

Pero, volviendo al personaje Pedro Sánchez, ratifico que su visión estratégica me está sorprendiendo hasta extremos que me hacen flipar. Lejos de ser un corderito pascual, como torpísimamente lo califiqué en diferentes artículos, está demostrando el aguante, el carácter y la mordida feroz de los lobos huargo que ha popularizado “Juego de Tronos”.

Con los “compañeros barones” –en las entrevistas que mantuvo con ellos, de uno en uno, el jueves y el viernes- utilizó cloroformo del fino, y les dejó creer que habían ganado porque aceptó que el congreso de mayo no se aplace.

Mientras tanto, su estado mayor y los tentáculos que ha ido creando durante año y pico de infatigables recorridos por las distintas autonomías, preparaban un golpe maestro, destinado a dejar casi fuera de juego al Comité Federal: su propio referéndum entre los militantes acerca del Gobierno que consiga cerrar.

Fuentes de Ferraz me aseguran muy risueñas que esa consulta, que a día de hoy tienen más que testada, “la ganaremos sin despeinarnos”. Y, aunque se diga que no es vinculante, “¿se atreverá el Comité Federal a ignorar una decisión de las bases…? ¡Ni por el forro!”.

Si durante la semana que viene el Rey ofrece a Sánchez formar Gobierno, Sánchez lo hace y la votación parlamentaria tiene lugar durante la siguiente, es posible que el pronunciamiento de los militantes tenga lugar justo un día antes.

Y, cuidado, porque el huargo no se conforma con esa victoria a los puntos. Aspira al KO, si es necesario. El mismo autor de las frases que acabo de recoger me señaló sin empacho alguno: “si por avatares que hoy ni consideramos, Pedro no consiguiera formar Gobierno, que no se froten las manos los pretendidos barones. Está por ver que la militancia permita que le hagan la cama en el Congreso Federal de mayo, en su confirmación como Secretario General y aspirante a la Presidencia”.