Con su secuela recientemente aterrizada en las tiendas de apps -y traicionando levemente el estupendo punto de partida de su precedente, que hoy nos ocupa-, es buen momento para recuperar Lifeline , el juego que construye una odisea espacial solitaria con ingenio y un tratamiento de la atmósfera muy especial.

Escrito por Dave Justus (The wolf among us), pone al jugador en contacto con un astronauta accidentado en un planeta desconocido. Falto de experiencia y superado por los acontecimientos, este cosmonáufrago se dejará guiar en todo momento por el jugador, que se comunicará con su nuevo amigo vía un intercomunicador que adquiere la forma de una lacónica conversación en el móvil, no muy distinta en formato de las que estamos acostumbrados a tener a través de Whatsapp.

Ocasionalmente, las posibilidades del astronauta se dividirán en dos, y el jugador tendrá que ayudarle a escoger un camino u otro. En algunos casos serán indicaciones básicas para definir el futuro de la aventura, en otros intrascendentes, en muchos llevarán a una muerte segura, y en esas ocasiones siempre existirá la posibilidad de volver a la última bifurcación o a alguna de las anteriores y cambiar de estrategia. Exacto: como cuando hacíamos trampas en los libros de Elige tu propia aventura.

Sin duda, lo más notable del juego, además de lo excelentemente escrito que está y el exquisito sentido del humor que lo vertebra, es el curioso experimento con el ritmo que lleva a cabo el feed de mensajes. Por ejemplo, a veces (el juego tiene mucho de ambientación de survival horror), el astronauta creerá oír un ruido de procedencia misteriosa y tras soltar un “Espera un momento, ¿qué es eso?”, mantendrá en vilo al jugador, sin más opciones que esperar, durante varios minutos. También muy a menudo (por las noches, en largas caminatas por el planeta), el astronauta corta la comunicación para recuperarla más adelante y poner al día de sus descubrimientos al jugador, con lo que una partida puede prolongarse durante varios días debido a estas interrupciones que, lejos de molestar, proporcionan un sencillo realismo al juego, y condicionan una atmósfera de peligro inminente y aislamiento total muy notable.

El aspecto más innovador de Lifeline está en el ritmo, que siempre marca el juego y no el jugador. Frente a los atracones de partidas de varias horas a las que estamos acostumbrados, Lifeline no solo decide que su aventura se paladea poco a poco, sino que lo impone. Una exigencia que nos recuerda, en términos de ficción interactiva, quién debería estar siempre al mando: la propia ficción.

ficha

Lifeline
3 Minute Games
iOS, Android
2015