En la conmemoración del Día del Holocausto quizá alguno de nuestros lectores tenga la tentación de revisar la película El Pianista , de Roman Polanski. En ella juega un papel fundamental el oficial alemán Wilm Hosenfeld, que ayudó a sobrevivir a Wladyslaw Szpilman tras la destrucción de Varsovia. Lo que quizá no sepa es que Hosenfeld, fallecido en un campo de prisioneros de Stalingrado, recibió en 2009 el título de Justo entre las Naciones , que se otorga a aquellos que jugaron un papel clave a la hora de prestar ayuda a las víctimas durante la Shoá.

En este programa de reconocimientos, en el que por supuesto tienen un papel fundamental Oskar y Emilie Schindler, hay nueve españoles. Estas son sus historias, recopiladas por el centro Yad Vashem de investigación sobre el Holocausto.

Concepción Faya

De nacionalidad española, Concepción Faya vivía en Pamiers, en la frontera franco española, con su marido y sus cuatro hijos. Era costurera y trabajaba en una fábrica de ropa. Cuando estalló la Guerra Civil, volvieron a España, su esposo se unió al bando republicano y falleció en la guerra. Regresó entonces con su familia a Pamiers.

Durante la guerra, pasó un tiempo con otros presos españoles en el campo de detención de Gurs, en el que conoció a una familia judía allí internada, formada por Elise Mizrahi y sus hijos Gisèle y Jacques. El marido de Elise fue enviado al este, de donde nunca regresó.

Se hicieron buenas amigas y, en mayo de 1943, Elise pidió ayuda por carta a Concepción, que aceptó esconder a su familia, incluidos dos de sus sobrinos, llegados de París. En un momento dado, hubo 11 personas viviendo en el pequeño apartamento de Concepción, seis de ellos con identidades falsas. Todos iban juntos a la iglesia cada domingo para evitar sospechas.

Fue distinguida como Justa entre las Naciones en 2011. 

Carmen y José Santaella

Reconocidos en 1988 como Justos entre las Naciones, el doctor José Santaella y su mujer alemana, Carmen Waltraut, salvaron la vida de tres mujeres judías, a quienes dieron refugio y trabajo, y a quienes ayudaron a proteger su identidad frente a las autoridades nazis. Una de estas mujeres, Ruth Gumpel, afirmó que los motivos de sus salvadores procedían de “sus profundas creencias religiosas y su gran humanidad”. 

Sebastián de Romero Radigales

Uno de los últimos en incorporarse a tan distinguida lista, hace sólo dos años. Cuando comenzó la guerra, las autoridades franquistas no se hicieron responsables de los pocos judíos residentes en países controlados por Alemania o Italia, pese a disfrutar de la nacionalidad española. Nadie esperaba que la diplomacia española protegiese a sus conciudadanos judíos y estaba restringido su regreso a España.

Lo mismo sucedió en el caso griego. En marzo de 1943 comenzaron las deportaciones de judíos desde Salónica hasta Auschwitz, un total de 48.000. Se purgó casi por completo la comunidad judía griega, con raíces en la Grecia helénica.

Por cuestiones prácticas, los alemanes aceptaron deportar a judíos de nacionalidad italiana o española, pero las autoridades españolas no permitían la repatriación. ¿Y quién salió al rescate? El nuevo responsable de la delegación diplomática española en Atenas, Sebastián de Romero Radigales, que estaba empeñado en salvar a sus compatriotas judíos pese a la oposición del Ministerio de Asuntos Exteriores español y del embajador alemán en Grecia.  

A pesar de que oficialmente se le exigía mantener “una aproximación pacífica, evitar iniciativas personales y evitar emitir pasaportes colectivos”, diseñó un plan para evacuar de Salónica a los judíos españoles utilizando un buque sueco que navegaría bajo la bandera de la Cruz Roja. “Es crucial evitar la proactividad del consul general en Atenas y bloquear su iniciativa”, se transmitían sus jefes a través de cables. 

Nada evitó, empero, que Radigales siguiese trabajando hasta el punto de ampliar la protección diplomática a viudas y divorciados de judíos españoles. Siempre en contra de los dictados de sus superiores. Pese a sus esfuerzos, el 13 de agosto de 1943 un grupo de 367 judíos con nacionalidad española llegó al campo de Bergen-Belsen, si bien Radigales finalmente consiguió trasladar el grupo al Sáhara español. “Ser liberados de un campo nazi es algo increible, y todo pasó gracias a un hombre valiente y humano”, explicó a Yad Vashem Isaac Revah, uno de los presos liberados, que entonces era sólo un niño.

Tras la ocupación alemana de Atenas, en septiembre de 1943, el riesgo de deportación llegó también a la comunidad judía local. Radigales hizo todo lo posible para ayudar y esconder a todo judío que pudo, mantuvo seguras sus posesiones y realizó una labor mucho más ardua de la exigida a cualquier diplomático en contra de las políticas de su propio gobierno.

Magdalena Martínez

Nacida en España en 1908, Magdalena vivía en París y trabajaba como conserje en un edificio de apartamentos. Dos familias del bloque eran judías, los Studient y los Goldmyce. Cuando la Policía francesa realizó la primera redada de judíos en el barrio en agosto de 1941, fueron detenidas más de 4.000 personas para ser deportadas a Auschwitz. Pese al peligro, Martínez avisó a los Studient y les ayudó a trasladar a los Goldmyce (que eran mayores), al apartamento de la tercera planta. Cuando vino la Policía, la joven afirmó que la familia estaba de vacaciones y coló. Los Studients se trasladaron poco después y dejaron sus posesiones al cuidado de Martínez. Los Goldmyce tardaron un año más en irse, y le entregaron una gran suma de dinero para entregársela a sus hijos, si no regresaban. Dos meses después de la liberación, ambas familias regresaron a su hogar y Martínez les devolvió todo lo que habían dejado bajo su cuidado. Siguieron siendo amigos durante muchos años después de la guerra.

Eduardo Propper de Callejón

Otro diplomático. Monárquico convencido, abandonó su puesto tras la proclamación de la República y lo retomó tras la Guerra Civil. Fue nombrado en 1939 primer secretario de la embajada española en París.

Tras la invasión francesa, Propper abandonó junto al resto de diplomáticos la capital y se dirigió a Burdeos con su familia, donde descubrieron que el cónsul había abandonado su puesto y cerrado las oficinas. Nadie podía atender a los miles de refugiados que solicitaban la entrada en España.

Propper de Callejón decidió actuar, abrió el consulado y comenzó a emitir visados de tránsito de forma incansable durante cuatro días, del 18 al 22 de junio de 1940, desafiando las instrucciones de no emitir documentación sin la aprobación de Exteriores. Siguió haciéndolo en la nueva Embajada en Vichy, Su carrera diplomática no se recuperó de sus heróicas acciones y nunca llegó a recibir el título oficial de embajador. Fue nombrado Justo entre las Naciones en 2008.

Martín Aguirre y Otegui

Refugiado vasco en Bruselas, fue instrumental para salvar a los hermanos Fred y Jack Bild, así como a Colette Gerner. Católico, fue parte activa de las actividades de rescate de la Iglesia Católica durante la guerra.

Ángel Sanz Briz

Reconocido en 1966, era el responsable de negocios de la legación española en Budapest en verano de 1944. Cuando comenzaron las persecuciones de judíos húngaros, se ofreció a proveer a los judíos de origen español de pasaportes y negociar con el Gobierno húngaro su protección. Recibió permiso de las autoridades para dar cobertura a 200 judíos españoles, pero él la amplió a 200 familias y amplió una y otra vez el grupo.

Asimismo, acomodó a judíos en pisos alquilados en Budapest bajo bandera española, protegidos de las autoridades. Pidió además al representante de la Cruz Roja que pusiese banderas españolas en hospitales, orfanatos y maternidades para proteger también allí a los judíos.

Consiguió salvar a muchos, no todos de origen español. Al terminar la guerra, continuó con su carrera diplomática.

Fernando y Eugenia Serra

El peligro de muerte para los judíos italianos comenzó con la ocupación alemana, en septiembre de 1943, donde se produjo una ola de arrestos. A finales de octubre, muchos judíos fueron trasladados a Auschwitz. El doctor Ennio Ascarelli y su mujer pidieron protección para su hijo de 7 años a uno de sus pacientes, Claudio. Este les remitió a su hermano Fernando, consul honorario en Roma desde 1937, que no contaba a pesar del título con inmunidad diplomática.

Serra y su mujer acogieron a Paolo, le llegaron a proporcionar un pasaporte falso con el nombre Pablo Serra, y ayudaron a los Ascarellis a esconderse en distintos lugares. ‘Pablito’ se quedó con los Serra hasta su liberación, y mantuvo el contacto con Mirella, hija de Fernando y Eugenia.

 

Estos no son los únicos españoles, por supuesto, que tuvieron un papel relevante a la hora de ayudar a judíos durante el Holocausto. En otoño de 2014 se presentaron en Madrid los resultados de una investigación que analizó la actuación de más de 125 funcionarios del Servicio Exterior durante la guerra y en la que identificaron a 18 como “héroes o salvadores” que pusieron también en peligro su carrera o su vida. Sin embargo, la base de datos de Yad Vashem sólo recoge a los Justos entre las Naciones españoles mencionados en este artículo.