El hombre fuerte de Iberostar en Europa habla con SABEMOS de cómo cortar por lo sano el boom del alquiler de pisos para turista. Un boom que él considera ilegal, al que culpa de la saturación de los destinos y en el que ve intereses ocultos (también inmobiliarios).

Relata con soltura los planes de expansión de la compañía, el interés por crecer en España, en Caribe, en el Mediterráneo… y confirma muy tajante que el grupo no se va del norte de África a pesar de los líos y que incluso no descarta sumar algún hotel más. Parecería que Aurelio Vázquez (1959, La Felguera, Asturias), hombre fuerte de Iberostar en España y Europa –es el consejero delegado para la región EMEA del grupo-, tiene en la cabeza todos y cada uno de los hoteles de la cadena. Explica con precisión la presencia de la cadena en cada país y desvela, con la misma precisión, los proyectos que están en estudio.

Hablando de los planes de Iberostar está muy suelto. Relajado. Habla de memoria. Y es son más de veinte años en la compañía. Pero el gesto se le tuerce y él se tensa cuando le toca comentar (¿atacar?) el boom del alquiler turístico que se vive en España. Realmente se enerva, pero el enfado es contenido. Sin aspavientos, pero a veces se diría que aprieta los dientes.

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Y es que Vázquez, que ha sido presidente de la patronal hotelera mallorquina (peleona y criticona como pocas), pide mano dura para poner freno a una actividad que considera ilegal. Y pide directamente que se prohíba el alquiler de pisos para uso turístico en edificios plurifamiliares. “Las comunidades de vecinos no pueden ser hoteles como pretenden algunos. Los que alquilan las casas y las plataformas piden que se regule esta actividad, y claro que hay que regularla, pero para prohibirla”, sentencia.

Iberostar quiere ser líder en producto y rentabilidad. No pretendemos ser la mayor hotelera. Pensar en tener en un futuro en torno a 200 hoteles parece razonable

“Las plataformas online están comercializando algo que es ilegal, y por tanto no pueden hacerlo. Y si lo comercializan, multa al canto y multa fuerte”, reclama el consejero delegado de Iberostar. Y él, que estudió medicina pero acabó dedicándose a la gestión del turismo, dice que hay que cortar la expansión de la oferta de alquiler y “hacerlo con sierra, no ya con bisturí”. Y él, que en los mentideros del sector se dice que le tentaron no hace demasiado con un alto cargo, se queja de que los políticos miren para otro lado.

Iberostar cuenta actualmente con un centenar de hoteles ¿Qué planes de expansión se ha marcado la compañía?

Los planes pasan por seguir creciendo en nuestro negocio fundamental, que es el vacacional de sol y playa. En Iberostar tenemos dos divisiones, la de Europa y la de América, y cada una tiene su plan de expansión. Pero básicamente tanto en América como en Europa nuestra intención es seguir aumentando el volumen de camas. Este año abriremos nuestro primer cinco estrellas Grand Collection de Mallorca, y también sumaremos un hotel en Ibiza y otro en Estepona. Y seguimos buscando oportunidades en Canarias, Andalucía y Baleares. En el Mediterráneo, nuestros mercados prioritarios para crecer son Grecia, Croacia y Montenegro. Teníamos interés en sondear una posible entrada en Turquía, pero hemos decidido que no sea una prioridad. Y, aunque el vacacional seguirá siendo el negocio fundamental, más recientemente decidimos empezar a tomar posición en destinos urbanos turísticos. Nuestra intención en este campo es formar un portfolio de hoteles limitado, no pretendemos ser un gigante de la hostelería urbana, ni mucho menos, sino tener un negocio limitado y muy selecto. Ya empezamos a operar en Madrid, tenemos un proyecto en la Plaza de Cataluña de Barcelona que será un hotel emblemático de la cudad, y queremos entrar en las principales capitales europeas.

¿Pero hasta dónde puede y quiere llegar Iberostar? ¿Cuánto elevará esta cota actual del centenar de hoteles?

Iberostar es una compañía que quiere ser líder en producto, y tenemos uno de los mejores productos del mundo en su categoría; queremos ser líderes en rentabilidad, y trabajamos para conseguirlo; y queremos acompañar todo este con un proceso de crecimiento. Pero no pretendemos ser la mayor compañía hotelera nacional o internacional. Probablemente en el escenario en que nos encontramos pensar en una compañía en un futuro en torno a los 200 hoteles parece razonable. Por encima de esa cifra hoy por hoy no nos vemos. Pero antes tienen que darse todas las variables que nos interesan, porque por encima de todo está un producto de primerísimo nivel, una ubicación excelente, unas muy buenas infraestructuras y también poder aportar algo de valor diferencial. Reunir todas esas variables en un contexto de gran crecimiento no es factible. Se podría crecer mucho más rápido y en muchísimos más sitios, pero seguramente los hoteles que sumáramos estarían fuera de los elementos fundamentales de nuestra propuesta de valor de al cliente.

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Así que 200 hoteles. ¿Y esa cota cuándo es factible alcanzarla?

No tenemos una meta fijada en esa variable. Tenemos un objetivo muy claro en los próximos tres o cinco años de en qué canales vender, en qué mercados estar, qué rentabilidad obtener, qué satisfacción de cliente alcanzar, pero no tenemos prefijado ese otro aspecto. La gestión del crecimiento a veces te lleva a cometer errores como incorporar algunos elementos no saludables a tu portfolio y debilitar tu esencia, tu marca y tu propuesta de valor. No nos hemos autoimpuesto una cifra concreta de hoteles, aunque otras empresas sí que lo hagan. Ahora sería fácil crecer, con tipos de interés bajos y oportunidades en el mercado, pero no queremos entrar en esa dinámica que podría ser nociva. Optamos por la serenidad.

En el negocio urbano no queremos un portforlio más allá de 10 o 12 hoteles. Nos interesa estar en Madrid, Barcelona, París, Londres, Berlín y Roma

Hablaba del interés por el negocio de los hoteles de ciudad. ¿Va a haber una apuesta clara por el segmento urbano?

En este campo el objetivo es muy claro: no queremos tener un porfolio más allá de los diez o doce hoteles en este segmento. Nuestro interés es sólo por estar en ubicaciones premium y en ciudades muy concretas. No nos interesa el crecimiento urbano por sí mismo ni ciudades que no sean referentes mundiales, y tampoco queremos hoteles calcados a los 10.000 hoteles urbanos que son todos iguales. Queremos estar en el centro absoluto de la ciudad, en hoteles con singularidad arquitectónica y con personalidad específica. Para encontrar eso tienes que analizar muchísimos proyectos, y de cada cien se remata uno.

¿Y ya tienen oportunidades concretas?

Sí. Analizamos un proyecto en Madrid, otro en París y otro en Roma. En Barcelona ya tenemos un proyecto que ya está en la recta final para su apertura. Y otros destinos prioritarios para nuestro negocio urbano serían Berlín y Londres. Más allá de estas ciudades, el interés es mucho menor o directamente no existe.

Parece que para ustedes Cuba, donde ya tienen 11 hoteles, es un polo de expansión prioritario. ¿Con qué objetivos?

Cuba es un destino en el que Iberostar lleva muchos años. Se está invirtiendo mucho esfuerzo dentro de la compañía. Pensamos que en este proceso en que está ahora el país seguro que tendremos ocasión de aprovechar alguna oportunidad y sumar algún proyecto más de los que ya tenemos.

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Algunos de sus competidores, Meliá, NH, Riu, parece que ahora también Barceló, miran a Asia como un mercado fundamental. ¿Se lo plantean? ¿Hay planes para llegar a Asia?

Hemos analizado en varias ocasiones proyectos concretos, y hemos viajado y mandado equipos para ver destinos y estudiar proyectos a la región. Pero en estos momentos no está en nuestra hoja de ruta de prioridades.

Seguimos en Túnez y seguiremos queriendo estar en Túnez. Ése es nuestro plan para los próximos años. No descartamos crecer más en el norte de África

Tal y cómo está la geopolítica en el norte de África, y el impacto que ha tenido en la economía y singularmente en el turismo, ¿hay posibilidades de seguir creciendo en la zona?

Tenemos ya una buena presencia, con dos hoteles en Marruecos y cuatro en Túnez. No es descartable que en algún momento podamos aumentar el número de establecimientos en estos dos países, pero no es una prioridad acelerar estos proyectos. Si viene una oportunidad tanto en Marruecos como en Túnez aprovecharemos que ya tenemos presencia, y que conocemos el mercado y a los operadores. No es descartable crecer más.

Riu ha confirmado su salida de Túnez por el parón de la actividad tras los atentados. Iberostar tiene cuatro hoteles en el país, ¿no se han planteado nunca dejar Túnez?

Llevamos mucho tiempo en Túnez, y nos unen estrechas relaciones con el país y con sus empresarios. Si bien es cierto que el destino está en una situación enormemente difícil, hemos decidido continuar. Pero entendemos que otras empresas, a la vista de la situación y por motivos más que justificados, decidan dejar el país. No es nuestra decisión. Hoy por hoy, seguimos en Túnez y seguiremos queriendo estar en Túnez. Ése es nuestro plan para los próximos años.

Algunos de sus rivales, como Meliá o Barceló, afianzan su crecimiento sellando alianzas con socios locales. ¿Se dan por aludidos? ¿Les van a replicar?

No es nuestro perfil. No estamos obsesionados por el tamaño. Estamos obsesionados sólo por la solidez de nuestra marca, la confianza de nuestros clientes y la rentabilidad de nuestras explotaciones. Nada más. Eso conlleva un crecimiento natural, pero no queremos ser los más grandes, queremos ser los más rentables.

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¿Ven oportunidades reales de seguir creciendo en España?

Sí, claro que sí. En urbano sólo nos interesa crecer algo más en Madrid y en Barcelona. Pero en vacacional tenemos mucho interés en crecer en España en los principales destinos turísticos. Tenemos una especial apetencia por incorporar más establecimientos en España. En Mallorca, en Ibiza, en Menorca y en la Costa del Sol ya tenemos varios proyectos en estudio. En la zona de Cádiz también nos interesaría crecer. Y en Canarias nos interesa cualquiera de las islas mayores, y tenemos una asignatura pendiente que es Gran Canaria, donde aún no tenemos presencia.

Las comunidades de vecinos no pueden ser hoteles como pretenden algunos. El alquiler hace que se multiplique la oferta alojativa, y eso provoca problemas de saturación, de infraestructuras y de rechazo social

En el último año Iberostar ha tomado una participación mayoritaria en la red de agencias Almundo y también ha comprado NT Incoming. ¿Es una vuelta de la compañía a sus orígenes en el sector de viajes?

Siempre hemos estado vinculados a ese negocio. Viajes Iberia fue el embrión el grupo, y durante muchos años la compañía siempre desarrolló touroperación y distribución de viajes. Tenemos alma de hoteleros y también de distribuidores. Las operaciones de este año se enmarcan en esta vocación o querencia por los otros negocios turísticos que no son el hotelero. Si hay oportunidades, se estudiarán. Y el empuje empresarial que tiene la familia Fluxá [propietaria de Iberostar] es el reflejo de este tipo de decisiones.

¿Les ha penalizado de alguna manera haber vendido la pata de las agencias de viajes?

El negocio hotelero y el de viajes convivían desde siempre de manera bastante autónoma. Cada uno trabajaba con sus objetivos de rentabilidad, no para compensarse uno con el otro. Así que que el área de viajes estuviera o no dentro del grupo no tiene ningún efecto negativo sobre el negocio hotelero. La decisión que se tomó de prescindir de la división de viajes fue acertadísima en tiempo y forma [Iberostar vendió todo el negocio de viajes a Carlyle en 2006]. Y ahora los tiempos son otros, las oportunidades son otras y la decisión parece que es otra.

En los últimos meses desde algunos ayuntamientos y gobiernos autonómicos se ha planteado la posibilidad poner freno al turismo por la saturación de algunos destinos. ¿Cómo convive Iberostar con estas posibles restricciones?

Esos señores, los de las plataformas, están comercializando algo que es ilegal. No pueden hacerlo. Así que si lo comercializan, multa al canto y multa fuerte. Hay que decirle a Airbnb que no puede comercializar lo que quiera

En torno a este asunto hay un debate de fondo, que es el debate sobre el modelo turístico que requiere nuestro país. Hay que partir de la base de que tiene que ser un modelo sostenible económica, social y ambientalmente, eso está claro; si no, nos equivocamos de camino. Pero es que hay un fenómeno que se debe tener muy en cuenta: y es que en los últimos años está proliferando, fruto del desarrollo de plataformas de distribución online, una especie de modelo alternativo al que teníamos. Hasta ahora teníamos un modelo basado en la oferta hotelera reglada que convivía con una oferta residencial; cada uno con su público. Pero esto se desequilibra dramáticamente con la irrupción de estas plataformas online, que hacen que se ponga en el mercado de alquiler un tipo de alojamiento residencial familiar que multiplica de manera desproporcionada la oferta alojativa en muchos destinos. Y eso hace que surjan problemas de saturación, de sobrecarga de los recursos naturales, de insuficiencia de infraestructuras y de rechazo social hacia el turismo. El problema existe, es enormemente preocupante por la demagogia y la ignorancia con que se tratan hasta la fecha. Y es un problema que requiere de decisiones administrativas para solventarlo. Por ejemplo, en Baleares existe una legislación muy clara al respecto, que impide que un edificio de uso residencial pueda dedicarse a uso turístico. Las comunidades de vecinos no pueden ser hoteles como pretenden algunos. Los que alquilan las casas y las propias plataformas piden que se regule esta actividad, y claro que hay que regularla, pero para prohibirla. Al menos para prohibir una parte importante de las actuaciones. Regular algo también puede implicar prohibirlo. Y si no se hace, vamos a llegar a un extremo en que será difícilmente sostenible social, económica y medioambientalmente.

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Vamos por partes. ¿Entonces los problemas de saturación de algunos destinos es sólo culpa del boom del alquiler turístico?

Lo ha acelerado dramáticamente, sí.

Hay que prohibir el alquiler turístico en edificios plurifamiliares. Permitir que todo lo construido de uso doméstico sea de uso turístico es romper el modelo

¿Y cómo hay que regular el alquiler vacacional y la actividad de gigantes online como Airbnb o Homeaway?

Hay que aceptar que hay un turismo que no es el hotelero, que es residencial y que es el que más ha crecido en España en los últimos 20 años. Pero permitir que todo lo construido para uso doméstico sea utilizado también para uso turístico es romper completamente el molde. Y eso es lo que está sucediendo en muchos destinos tanto urbanos como vacacionales. Lo que hay que hacer es prohibir la comercialización turística de ese perfil de oferta. Es difícil seguir la actividad de los centenares de miles de pisos que se estén alquilando, pero es relativamente fácil hacerlo con las diez plataformas que comercializan la oferta. Esos señores, los de las plataformas, están comercializando algo que es ilegal, y por tanto no pueden hacerlo. Y si lo comercializan, multa al canto y multa fuerte. Tan sencillo como esto. Hay que decirle a Airbnb o a Wimdu que no pueden comercializar lo que quieran.

¿Entonces usted cree que hay que prohibir el alquiler turístico que hacen particulares?

Hay que prohibir el alquiler turístico en edificios plurifamiliares, sí. El alquiler en casas individuales ya está contemplado en la ley de arrendamientos urbanos, pero lo que no puede es hacer alquiler turístico. Quien quiera alquilar su casa, tiene todo el derecho a hacerlo, pero por la vía de la ley de arrendamientos urbanos y con un alquiler convencional.

Los hoteles de Iberostar no compiten con el alquiler del tercero B. Pero sí nos perjudica que el del tercero B y otros 10.000 más que alquilan piso vayan a la playa y mi cliente no tenga dónde poner la toalla

¿Sólo estarían permitidos pues alquileres de larga duración?

Se puede hacer una modulación de tiempo. Pero lo importante y lo que marca la diferencia es el canal de comercialización. La cuestión no es que se alquile durante una semana o durante un mes, lo que ha hecho que esto se dispare es que se realice a través de plataformas masivas de distribución. Ha habido alquiler legal toda la vida, como también lo ha habido ilegal. Pero antes el piso alquilado ilegalmente se anunciaba colgando un cartel en la panadería del barrio, y hoy esta actividad multiplica su efecto por 100 millones gracias a las plataformas. La ausencia de regulación hace que todos los pisos sean potencialmente un producto turístico, y que se pase de una planta de un millón de habitaciones regladas a un parque turístico con capacidad para 47 millones de personas. Hay que penalizar ese alquiler. ¿Cómo? Uno, yendo contra quien alquila el piso, pero eso es muy difícil. Dos, yendo contra las plataformas que son las que lo comercializan. Hagamos los cambios legislativos necesarios para que un producto ilegal no pueda comercializarse impunemente. La solución no pasa por legalizarlo porque ya existe. Es tan obvio. Pero hay muchos intereses y lobbies de empresas ejerciendo presión.

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¿Tanto daño hace el alquiler al negocio hotelero?

Los apartamentos turísticos no son una competencia directa de los hoteles de Iberostar. Lo que sí nos perjudica es que el problema de la saturación de los destinos provoque que se sobrecarguen las infraestructuras y también que no se paguen impuestos por la actividad de estos alquileres. Nuestros hoteles no compiten contra el tercero B, pero me perjudica que el que alquila el tercero B y los otros 10.000 que alquilan un piso van a la playa y mi cliente no tiene sitio donde poner la toalla, y además se encuentra con las papeleras llenas y con los cubos de la basura hasta arriba. Eso sí es mi problema, porque afecta a mi cliente.

No hay que pasar por Harvard para saber que el suelo residencial vale más si puede tener también uso turístico. Hay ahí un negocio esplendoroso para determinadas empresas

Estuve hace unas semanas en Barcelona, y las calles de algunas zonas de la ciudad están llenas de pegatinas con el lema ‘El turisme mata els barris’. ¿Cómo convencer a la gente que se ha cansado del aluvión de turistas en su casa, o que se ha cansado del turismo mismo?

Ésa es otra de las consecuencias de mezclar el uso residencial y el uso turístico, y es una bomba de relojería. A pequeña escala es asumible, pero a gran escala como sucede ahora en muchos destinos la gente acaba pensando que el turismo es una pesadilla y se genera un efecto de rechazo insostenible. Y esa gente que se ha cansado del turismo ha de exigir a los políticos, a los que ha votado, que resuelvan un problema. No se va a resolver solo. Los políticos han de tomar decisiones y aplicar medidas concretas. El negocio del alquiler es ya de tal calibre que o los políticos están dispuestos a cortarlo de raíz -y hacerlo con sierra no ya con bisturí- o tendremos muchos problemas económicos, ambientales y sociales. Al final hay cuatro listos que están haciendo un gran negocio por la ausencia de normativa y por la ausencia de una posición política clara. Y el problema sólo va a crecer, no va a ir a menos. En España hay millones de metros cuadrados de suelo urbanizable para uso residencial, y no hay que pasar por Harvard para saber que si ese suelo puede tener también un uso turístico vale más que si solo tiene uso residencial. Hay ahí un negocio esplendoroso para determinados perfiles de empresa.

Como la temporada de Baleares es buena, hay quien piensa que se puede drenar 100 millones de los bolsillos de los empresarios con la ecotasa. Pero es mejor dejarlo en esos bolsillos para que lo conviertan en 2.000 millones con inversión y actividad

El nuevo Gobierno de Baleares, donde Iberostar tiene su sede, va a aplicar un nuevo impuesto turístico, una suerte de nueva ecotasa. ¿Tan mala es?

Es un error de concepto garrafal. La ecotasa ya tuvo un antecedente y devino en catástrofe total, porque supuso una pérdida de competitividad, pérdida de visitantes y se abrió un debate antipático sobre si el cliente puede pagar un euro más o no. Pensábamos que ya habíamos aprendido de esto, pero siempre tropezamos dos, tres o cuatro veces con la misma piedra, y volvemos a reeditar el error. No hay ningún sector económico que relance su competitividad si se le sube su fiscalidad. El Gobierno aduce problemas de financiación, y es algo que puede llegar a entenderse, puede que no sean suficientes los recursos para financiar el estado del bienestar. Los hoteleros estábamos dispuestos a arrimar el hombro y aceptar transitoriamente la ecotasa a la espera de que se abra una negociación sobre financiación autonómica con el nuevo Gobierno central. Pero no tiene sentido poner un impuesto sin saber en qué se va a gastar lo que se recaude, porque parecería que se trata de puro afán recaudatorio para gastar más en clientelismo político o es un apriorismo ideológico contra un sector empresarial. El Gobierno balear no tiene voluntad de profundizar en los modelos de colaboración público-privada, que son los que permiten el éxito en las economías desarrolladas. Los hoteleros vamos a tener una temporada excelente y las perspectivas para los próximos años son cómodas, pero eso es resultado de que los empresarios han estado invirtiendo en los últimos años.

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Las compañías hoteleras de Baleares han sido muy críticas con el nuevo impuesto. Pero su tramitación se inicia en un momento en que los hoteles de las islas registran récords históricos de ocupación, de tarifas y de rentabilidad. ¿Cree que convence el mensaje de los hoteleros de que no es el mejor momento para aplicar una nueva ecotasa?

Pero es que esos récords derivan de dos factores. Uno, porque algunos destinos rivales tienen problemas y la seguridad que ofrece España nos beneficia. Y dos, porque durante los últimos años la colaboración público-privada con la anterior Administración permitió desarrollar un marco normativo que llevó la inversión en Baleares hasta cotas desconocidas. En los dos últimos años se han invertido casi 750 millones de euros en mejora y modernización de establecimientos hoteleros. El éxito actual deriva de eso. Y ahora se decide aplicar una ecotasa que resta competitividad y se deroga la Ley Turística que estimulaba la inversión. Esto es un tren que no vamos a parar hoy, pero acabará parándose, porque la ley de la economía es pura matemática, no es asamblearia. No hay ningún sector que vaya mejor gravándole con impuestos. Vienen buenas temporadas que habría que aprovechar para hacer las cosas que debemos hacer los empresarios, que es invertir, crear empleo, que sea empleo más seguro, crear productos diferenciales y prepararse para cuando vengan las cosas peor. Pero esta Administración prefiere drenar dinero sin que sepamos en qué lo va a utilizar. Hay quien piensa que como la temporada es buena se puede drenar 80 o 100 millones de euros de los bolsillos de los empresarios, que son los que van a pagar la ecotasa. Pero es mucho mejor dejarlo en esos bolsillos, porque esos 100 millones se transformarían en 1.000 o 2.000 millones gracias a la inversión y la actividad.