Si analizamos la situación política de los países de nuestro entorno veremos que parte de ellos –Portugal, Francia, Gran Bretaña y, más o menos, Italia- se encuentran en una situación parecida a la nuestra.

Para su suerte, no están inmersos en un desenlace electoral incierto y quizá provisional, por lo que la inestabilidad que eso provoca no afecta a sus economías. Pero sí padecen una debilidad similar en lo que se refiere a la carencia de líderes con claro respaldo social que defiendan el sistema democrático y los valores europeos.

¿A qué se debe este descrédito en los liderazgos? Resulta fácil apreciar que la desaparición de los gurús intocables coincide con la máxima libertad de expresión de que ha dispuesto jamás la humanidad. Cuando dicen que los jóvenes no leen los periódicos y por eso cualquier robaperas les come el coco se maneja una mentira o una ignorancia asombrosas.

Una vez pasada la efervescencia inicial de la Transición e instalado entre nosotros el desencanto, los jóvenes españoles abandonaron la comunicación escrita y la sustituyeron por superficiales ramalazos de la audiovisual. Fue fácil, así, instalar en su subconsciente colectivo mitos en vez de realidades; el culto a los figurones, en vez del análisis crítico de sus comportamientos.

EL DESENCANTO

Contra lo que algunos afirman, es ahora cuando las generaciones nuevas y las dañadas por la acción de los Gobiernos, para las que los medios se habían convertido en heraldos de los poderosos, despertando su ira y su rechazo, más información consumen. El milagro de este despertar se llama tecnología, y sus instrumentos de transmisión –plaga bíblica o marabunta para la clase dirigente- son las redes sociales y el periodismo on line. Ambas realidades han roto el monopolio informativo y de análisis que tenían las grandes empresas periodísticas, algunas de las cuáles terminaron cayendo en la tentación de solucionar su costosa logística financiera pactando con esos poderes o estableciendo negocios paralelos al servicio de sus propietarios o accionistas de referencia.

Las redes han permitido obviar la intermediación de esas sociedades. Y la prensa (aceptemos este término como genérico) on line, con unos costes de producción mucho más contenidos, ha propiciado que profesionales acreditados hartos de sentirse instrumentos de sus patronos, participen o inspiren el nacimiento de nuevos medios no sujetos a presiones. O, al menos, no a presiones tan poderosas como ocurre, en general, con los tradicionales. Uno de ellos es SABEMOS.

Ocurre que la transformación de los hechos en información sensata y justa es algo que requiere un cierto cultivo del equilibrio, basado en el hábito. Es como cuando salta el tapón de una botella de champán: resulta imposible que no se desborde la espuma y se amontonen las burbujas. En esa etapa de la nueva información nos encontramos.

Podríamos calificarla como un toparse con la alegre anarquía a la vuelta de la esquina, cuando unos neones deslumbrantes salen a nuestro encuentro, una vez quedó atrás la calle fea, encharcada y oscura. Nos parece que, por fin, tenemos a la vista el apetecido Eldorado. Y nos comemos la patata porque nadie con credibilidad nos había prevenido sobre los espejismos. Y, además, esos espejismos, saltando de un punto a otro en la red, nos permiten convertir en palabras nuestros anhelos, iras y resentimientos. Costará un tiempo que ese champán, servido, no rebose la copa.

LA RESISTENCIA DEL SISTEMA

No parece que nuestra clase política haya entendido el mensaje. Como tampoco en los países vecinos, con la excepción de Alemania, donde la acostumbrada disciplina de su sociedad y su respeto a las reglas de juego les lleva a agruparse y asociarse, cuando no hay triunfadores netos y ventean peligro.

La manipulación por unos y otros en la lectura de los resultados electorales del 20-D son la más rotunda demostración de que los dirigentes de nuestros partidos políticos siguen sin entender por dónde van los tiros.

Es curioso porque, mientras la gran empresa –llamémosla el IBEX, si así lo queremos- parece receptiva al cabreo social y está rectificando su relación con los clientes hasta extremos impensables antes de la crisis, tal y como si hubieran contratado como asesores a profesionales capacitados, el mundo de la política sigue cenutrio total. Con alguna excepción extraña como es Albert Rivera y su C’s, tal vez porque su cultura viene de la modernidad y su organización no arrastra lastres ni muchos condicionantes. Pero las actitudes de Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias resultan sonrojantes (y me importa un bledo que el término no tenga las bendiciones de la RAE) hasta para sus incondicionales.

La deriva de Rajoy en su empeño de gritar “he ganado” empieza a sonar patética. Es como cuando un fanático del fútbol dice que su equipo “casi ha ganado” porque tres tiros de su delantero figura se estrellaron en el poste contrario. Se gana o no se gana. Lo dijo una vez en el Congreso Manuel Fraga Iribarne, el fundador de su partido, a una diputada: “Se está embaraza o no se está embarazada, Señoría. Lo que no se puede estar ligeramente embarazada”.

Pues eso. El PP era el boxeador que para llevarse el título tenía que ganar por K.O. Y no ha ganado por KO. Así que ahora lo que le toca es contribuir a que España pueda salvar los muebles, echándose a un lado, favoreciendo un interregno de gobernabilidad, recomponiendo sus filas a base de jubilar lo que haya que jubilar, que es bastante, y preparándose a fondo para acudir al siguiente combate con los bajos limpios del hedor que hoy desprenden. Después de un combate en el que ya se presentó sucio como para no hablarle, la ducha es imprescindible.

Y sin embargo temo que sus mandamases no actuarán así porque, como intento señalar antes con el ejemplo alemán, para eso una clase dirigente debe respetar el fair play y admitir la prioridad del interés común sobre el suyo, el de la camarilla.

TRES TENORES DE VOZ CASCADA

La deriva de Pedro Sánchez es más estrafalaria aún, porque, no habiendo siquiera pisado moqueta todavía, actúa como un experto en la cultura más bastarda del poder. Su “mamá quiero ser artista” (o Presidente, que da igual) a todo precio, cuando ha quedado como el pato más cojo de la historia del PSOE ballet, invocando -¡hay que ser cínico o considerar estúpida a la sociedad!- un mensaje de cambio que sólo él y sus mariachis interpretan en el sentido que dice, según el cual cuantos odian o desprecian a España han de elevarle a la cúspide del Gobierno, no sólo suena ridículo al mismísimo “sumsum corda” sino que lleva a su Partido al aniquilamiento a corto plazo.

De la de Pablo Iglesias, mejor atarse los machos. Sus “nunca haremos esto o lo otro” de ayer, son hoy una exigencia al PSOE de que deben hacer “el esto o lo otro” de cuanto renegó una y otra vez. Ocurre que alcanzó su notoriedad gracias a las generaciones hartas de las sentencias monótonas de los medios de comunicación históricos, y cabreadas con los modos de una casta cuya depuración resulta imprescindible para remontar el vuelo. Es, probablemente, el tipo que con más entusiasmo está interpretando en el actual panorama aquel baile del último tercio del siglo XX: la yenka. ¿Recuerdan? ¡Izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante y atrás, un, dos, tres…!

Sus vacas flacas no han llegado aún porque, de alguna manera, él es un invento de cuantos, gracias a las redes, alguna prensa on line, la Sexta y la Cuatro –luchando a codazos por abrirse hueco en el mercado de la tele generalista y hacer el juego a posibles intereses alternativos de sus propietarios- rechazan lo anterior por viejo y caduco. Y todavía no han caído en la enorme verdad que encierra aquella frase evangélica: “por sus hechos les conoceréis”. No tengo duda de que las maneras que Iglesias y sus cuates están apuntando estos últimos meses -ambición, ambición, ambición, y hambre de cargos y sinecuras- llevarán a muchos bienintencionados que aún creen en ellos a una radical revisión de posiciones. Y esa peña acabará, probablemente, en un izquierdismo radical fronterizo con la marginalidad.

Mientras, nuestras perspectivas económicas empiezan a dar señales de podredumbre, las distintas capas de la sociedad resoplan con creciente irritación, y del exterior nos llegan toques recordatorios de la fragilidad de la actual convalecencia.

Sabemos que los gritos del silencio que brotan de la sociedad han obligado a Sánchez y a Rajoy a convocar a Rivera. Pero es pura hipocresía, el truco del mago de agitar una mano para guindar la cartera con la otra… Sólo para hacer lo que el elegante idioma francés resume como “un tour d´ horizon” y en el pragmático castellano llamamos “hacerse la foto”. No con el fin de buscar seriamente una solución concertada, aunque sea a corto plazo y para sacar adelante un programa de mínimos aceptable para todos.

Una pantomima que en las circunstancias actuales suena a insoportable tomadura de pelo.