La multinacional sevillana, al borde del concurso de acreedores, ha vivido las últimas sesiones bursátiles en medio de la agitación de los inversores. En una reunión que se ha alargado hasta bien entrada la noche, el consejo de administración ha recibido el plan de viabilidad de la compañía, que plantea una reducción significativa de su tamaño. De cara al futuro, la empresa asume una reestructuración de su deuda y el plazo para alcanzar un acuerdo con los bonistas y la banca, reacia a admitir quitas, concluye a finales de marzo, en Semana Santa.

El parqué es un hervidero. El precio de las acciones de tipo “B” de Abengoa, las más líquidas, han caído un 14,5%, aunque ha experimentado incrementos de hasta el 18% a lo largo de la mañana. Por su parte, las de tipo “A” han moderado su crecimiento y se han quedado en un 7,5% de ganancias.

Los títulos cerraron la sesión del lunes, antes de la reunión del consejo de administración, con alzas de un 34,81% y un 50,81%, respectivamente, lo que da una idea de la euforia que ahora mismo se está viviendo en la bolsa.

De momento, Abengoa ha informado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) de que la consultora encargada de elaborar este informe, Alvarez&Marsal, ha presentado el documento al consejo.

En un comunicado, Abengoa ha afirmado que la compañía “continuará siendo una compañía viable y rentable” gracias a una “reestructuración” de su deuda, aunque no ha aportado más detalles.

Abengoa confirma una “reestructuración” de su deuda

La compañía concentrará su actividad en los campos de la ingeniería, al tiempo que se desprenderá de otros activos como los de su negocio de biocombustibles.

El plan de viabilidad contempla una reducción del nivel de ingresos hasta situarse en el entorno de dos terceras parte de la facturación del grupo en el ejercicio de 2014. O lo que es lo mismo, alrededor de los 4.700 millones de euros de ventas al año frente a los 7.151 millones de ese año. Todo para evitar el concurso de acreedores definitivo.

“Una situación de concurso implicaría una destrucción de valor para acreedores y accionistas muy superior a la de cualquier escenario de continuidad, todo ello sin evaluar el enorme coste social que tal situación implicaría”, ha subrayado la empresa.

Y hasta ahí los datos, porque el resto son especulaciones.

Lo que puede pasar

Las cifras que se han manejado en la prensa durante los últimos meses han asumido una reducción de su beneficio bruto (ebitda) a la mitad. Pero la clave siempre ha residido el pasivo, ya que la empresa debería pasar de 9.000 a 3.000 millones de deuda, de acuerdo con estas estimaciones.

Grandes soluciones para grandes problemas, ya que la de Abengoa es la mayor situación de insolvencia de la historia empresarial contemporánea de España. Y por el camino se quedarán algunas de las obligaciones de pago a los bancos, que habrán de asumir ciertas quitas que todavía no se han concretado. Todo un vía crucis.

La banca acreedora no contempla, de entrada, asumir ninguna quita de la deuda

Fuentes de los grandes acreedores (Santander, Bankia, CaixaBank, Popular, Sabadell, Crédit Agricole y HSBC) han indicado a SABEMOS que “no contemplaban de entrada” una quita de la deuda, aunque van a estudiar el plan de viabilidad en los próximos días, antes de pasar a valorarlo. El grupo de estos bancos, denominado “G-7”, cuenta con más de 500 millones de euros en créditos corporativos concedidos a Abengoa.

Entre las actuaciones incluidas en el plan presentado por la compañía también está la venta de activos por alrededor de 1.800 millones, de acuerdo con algunas estimaciones, aunque también se puede contemplar un ajuste de plantilla.

Por otro lado, las entidades y los bonistas tendrán que sufrir la metamorfosis de parte de la deuda en acciones. Con esta medida no sólo perderán estos acreedores, ya que también se diluirá el valor de los títulos que están actualmente en el parqué, habida cuenta de la monstruosa ampliación de capital que supone esta conversión.

Grandes afectados

Hasta los Benjumea, actuales propietarios de la inmensa mayoría del capital, tendrán que ver cómo merma el valor de su participación y quedarse con un escuálido 3% de las acciones, según algunos datos barajados.

Pero bastante calvario tiene el hijo del fundador y último presidente de Abengoa perteneciente a la familia, Felipe Benjumea, con el proceso judicial en el que se ha visto envuelto. La Audiencia Nacional admitió la querella de dos bonistas de la compañía y acabó por imponerle una fianza de 11,5 millones de euros, la misma cantidad que cobró como indemnización cuando los acreedores consiguieron descabalgarle de la presidencia de la empresa.

Su resurrección está mucho más complicada que la de Abengoa, una compañía a la que los acreedores no le quieren retirar la respiración artificial; enferma les sirve de algo pero muerta no les reporta ningún beneficio.