Prometer hasta meter -la papeleta en la urna- y, una vez metido -el diputado en el Congreso-, olvidar lo prometido -concretamente, los cuatro grupos parlamentarios separados que los de Pablo Iglesias ofrecieron sin que estuviese en su mano el hacerlo y sin que el reglamento de la Cámara lo permitiese. Finalmente, Podemos ha conseguido conjurar la crisis con sus aliados gallegos y catalanes, e incluso lo ha vendido como un éxito a pesar de haber dejado tirados por el camino a los cuatro diputados de Compromís que han querido hacer bueno el nombre de su partido y salvar al menos la honrilla solicitando un grupo propio que se les negará.

Los diputados del partido de Pablo Iglesias, los de En Comú Podem y los de En Marea formarán un único grupo parlamentario con vocación de grupo confederal, si bien los miembros de la candidatura catalana prefieren la expresión “grupo plurinacional”. ¿El objetivo? Fingir dentro de la formación que tienen una autonomía de la que, en realidad, carecen, con “autonomía política y agenda propia”, en palabras del portavoz de En Comú, Xavier Domenech. Pero con una única dotación de recursos y teniendo que repartir sus turnos de palabra. Nada que no hiciese Izquierda Plural la pasada legislatura.

El grupo, sin disciplina de voto, cuenta con 65 diputados, si bien todavía existe la posibilidad de recuperar a los cuatro de Compromís que se han quedado solos en defensa de lo incumplido por Podemos, o al menos a dos de ellos, de repescar a los de Iniciativa pel Poble Valencià.

Si bien ha habido medios que se han apresurado a asegurar que la situación favorece las opciones de Pedro Sánchez a la hora de formar su gobierno progresista soñado, lo cierto es que la falta de disciplina de voto hace que sea exactamente igual de difícil que hasta ahora llegar a acuerdos, ya que el secretario general de los socialistas tendrá que rogar su voto a cada uno de los subgrupos y negociar de forma independiente con gallegos, catalanes y valencianos. Y lo que es peor para los socialistas: recordemos que PSOE no suma mayoría ni siquiera si consiguiese arrastrar todas las sensibilidades de Podemos bajo su paraguas. Sin nacionalistas les resultará difícil llegar a ninguna parte. Sin referéndum no tendrá a los nacionalistas. Y negociar con un referéndum sobre la mesa le supondría la muerte política en el PSOE.

¿Objetivo? Dejar fuera a Garzón

Está claro que en Podemos ha conseguido algunos de sus objetivos, como tener un liderazgo menos fragmentado y mantener buenas relaciones con las convergencias, e incluso ha logrado efectos colaterales positivos para sus intereses. Como ya revelamos en SABEMOS, la formación morada ha hecho lo imposible para evitar que Compromís formase grupo con IU, con el objetivo de mantener a Alberto Garzón atrapado y sin voz en el Grupo Mixto a pesar del millón de votos que le avalaron y que por avatares de la ley electoral no le valieron apenas representación parlamentaria. A Iglesias le importa menos mantener la frágil unidad de sus divididos socios valencianos que hundir a su competencia electoral.

Según indicaron fuentes parlamentarias a este diario, la decisión de no asociarse con IU la tomó Compromís-Podemos-És El Moment después de que el partido morado presionara en ese sentido. “No querían un grupo donde Alberto Garzón fuera portavoz o portavoz adjunto, no querían que tuviera ese escaparate comunicativo ni esos recursos parlamentarios”, añadieron, incidiendo en el presunto afán de la formación morada por neutralizar el “carisma” del líder de IU, que en las generales se llevó casi un millón de votos y compite de forma directa por el mismo electorado que Iglesias.

Contribuyó decisivamente a este bloqueo Mónica Oltra, coportavoz de Compromís y próxima al secretario general de Podemos. Aunque Oltra lidera la facción minoritaria del partido valenciano (Iniciativa del Poble Valencià), es sin duda su principal referente. Ella fue quien hizo posible la coalición electoral con Podemos -superando las resistencias del mayoritario Bloc Nacionalista Valencià-. También ha trabajado para que los diputados de Compromís declinaran la oferta de Garzón, pese a que les hubiera dado grupo cumpliendo todas las condiciones del reglamento, sin que cupieran interpretaciones distintas.