El nacimiento del partido morado se gestó en el restaurante argentino de una pequeña pedanía segoviana donde profesores y alumnos de la Complutense intercambiaban pareceres hace unos años. “Eran reuniones normales de un grupo de amigos, ninguno soñaba con tener el éxito que han tenido”, recuerda el dueño, testigo de excepción de aquellos encuentros entre quienes hoy forman el núcleo duro de Podemos.

El PSOE tuvo su clan de la tortilla, el PP su clan de Valladolid y Podemos cuenta con el que podría denominarse clan de Valsaín como protagonista de su hito fundacional. Fue hace una década, en torno al corte de carne argentina de ‘El Mesón del Tío Pepe’, célebre en las inmediaciones de la citada pedanía segoviana, cuando Pablo Iglesias y los suyos comenzaron a reunirse para charlar sobre política y actualidad hasta acabar decididos a lanzar su propio partido. Allí se citaban profesores y alumnos de Ciencias Políticas de la Complutense y disertaban sobre la sociedad española, el sistema del 78, las correlaciones de fuerzas, la hegemonía y la centralidad del tablero. Hubo quien incluso ultimó su tesis doctoral en aquellas largas sobremesas donde se explayaban Iglesias, Íñigo Errejón, Jesús Montero, Carolina Bescansa, Juan Carlos Monedero, Luis Alegre, Ariel Jerez o Rita Maestre.

“Empezaron a aparecer desde casi principios de siglo; había claramente dos niveles, el de los profesores y el de los alumnos, pero todos congeniaban mucho y finalmente se fueron equiparando hasta formar un grupo de amigos muy muy unido”, explica Pablo Di Giacomo, quien regenta ‘El Tío Pepe’ desde 2001. Este restaurador ha sido testigo de excepción del surgimiento y crecimiento de un proyecto que fue tomando forma en aquel paraje, entre el citado local, el entorno natural próximo al puerto de Navacerrada y las viviendas de Monedero y Jerez sitas también en Valsaín.

Ariel Jerez y Juan Carlos Monedero, con vivienda en el pueblo, eran los anfitriones de aquellas citas

Di Giacomo era amigo de Jerez desde tiempo atrás. Le había conocido a través de su esposa, Belén Guerra, hermana del cantante Pedro Guerra, trabando buena relación desde el principio. El profesor de Políticas, hoy miembro del consejo ciudadano de Podemos, vivió una década en Valsaín, donde también tenía un inmueble -y lo conserva a día de hoy- Monedero. Ambos ejercían de anfitriones ante el resto del grupo, que acabó adoptando ‘El Tío Pepe’ como lugar de referencia para esas actividades extrauniversitarias, embrión del partido que hoy es tercera fuerza nacional.

“Yo tenía casa allí desde mediados de los 90, y en un primer periodo me sirvió para preparar mi tesis, investigar… Fue una fase más recogida, que luego dio paso a otra de más intervención política, en el marco del movimiento antiglobalización”, detalla Jerez. Su tesis llegó a involucrar a varios de sus amigos y vecinos, como recuerda con un punto de nostalgia Di Giacomo: “Fue un megaestudio sobre la visibilidad del 0,7 [movimiento a favor de la ayuda al desarrollo de los países pobres] en los medios. Hubo que revisar miles de notas, hacer cálculos, comprobar cuándo y por qué tenía más impacto… Nos vimos implicados todos. Todo el que venía a comer un asado acababa enfrascado en la tesis (risas)”.

Las reuniones se hicieron cada vez más frecuentes y se convirtieron después, en palabras de Jerez, en un “interesante intercambio de ideas desde el punto de vista intelectual y desde la confianza intergeneracional”. Ahí ya se sumaron Iglesias y el resto del grupo de Somosaguas. Juntos organizaron unas jornadas académicas en 2008 en La Granja de San Ildefonso -término municipal al que pertenece Valsaín- sobre la memoria histórica, con ponencia del hoy líder de Podemos incluida.

Rumores de “comuna” en la Complutense

Los encuentros pronto trascendieron y dieron que hablar en los pasillos de la Complutense, como recuerda el politólogo Ignacio Martín Granados, alumno de Ariel Jerez esos años. “Se decía que tenían una comuna, que también iba Monedero, que allí se reunía los fines de semana un montón de gente”, rememora divertido el hoy jefe de gabinete de la Alcaldía de Segovia, en manos del PSOE, y miembro de la Asociación de Comunicación Política. “Bueno, menos lo de la comuna es todo cierto”, corrobora jocoso Di Giacomo, acostumbrado a que se exagere, se mitifique y/o se manipule cualquier cosa en torno a la formación que en 2014 y 2015 puso patas arriba el sistema de partidos español.

“Lo que pasaba fundamentalmente es que había un grupo de amigos que nos encontrábamos a comer en la casa de uno o en la casa del otro… Armamos un sistema por el cual uno cocinaba y los demás iban a su casa a mesa puesta y pasaban las horas”, explica el hostelero sobre las “juntadas previas” a la concepción de Podemos. Esas reuniones vecinales se acabarían trasladando al círculo politológico de Jerez, Monedero e Iglesias, que luego se juntarían en el mismo escenario una vez al mes o cada quince días. Las citas se fueron espaciando tras el lanzamiento de La Tuerka y, sobre todo, tras el boom de las elecciones europeas y hoy ya apenas se celebran, aunque Valsaín sigue siendo lugar fetiche para Podemos.

El líder del partido se llevó allí a su equipo a diseñar la campaña de las generales y hace solo unos días que la plana mayor se dio cita en ‘El Tío Pepe’, cuenta su dueño: “Vinieron 70 personas de Madrid, algunos con sus niños, y el partido no les pagó más que 10 euros por cabeza; si consumían más de eso tenían que pagar cada uno lo suyo”. Di Giacomo es un entusiasta seguidor de la formación morada, cuyos principios fundacionales y programa comparte y defiende, aun a riesgo de que eso le cueste algún enfrentamiento dialéctico en la localidad castellana que acoge uno de los Reales Sitios de España. No, su vinculación a Podemos no le ha dado especial rédito, explica, en contra de lo que pudiera pensarse sobre la publicidad de haber acogido la gestación del proyecto.

El 15-M, el descrédito de IU y las elecciones gallegas de 2012 acabaron de convencer al grupo para lanzar su partido. El movimiento de los indignados permitió ver “cómo empezaban a encajar algunas piezas, tomaba color un movimiento de fuerte significado político, un compromiso generacional”, opina Ariel Jerez. Con la coalición de AGE en Galicia el año siguiente se comprobó que había un amplio espacio electoral libre. Ese 14% del voto obtenido por Anova, EU, Equo y EcoSoGal, a quienes asesoró Iglesias, fue crucial: “AGE venía de la dinámica de las mareas, procedentes a su vez del Prestige, que en 2002 generó una conciencia social crítica que se fue consolidando después, como pasó en Canarias con el movimiento Sí se puede, contrario al superpuerto de Tenerife, o en Valencia con Compromís… Y Podemos pues ha hecho muy buen trabajo luego, con las cabecitas privilegiadas de Pablito y El Niño”.

Di Giacomo asistió a ese punto de inflexión en las charlas de su local: “Un dia se produjo un cambio, y uno de los grandes impulsores de ese cambio fue Juan Carlos [Monedero]. Se dijeron ‘hagamos un partido político, busquemos la forma de entrar en el sistema para poder cambiarlo’. El 15-M fue determinante en ello. Y entonces las conversaciones teóricas de las sobremesas se convirtieron en algo más programático, ya tenían un enfoque práctico”.

El exnúmero tres del partido sigue acudiendo al lugar a menudo, “con su Vespa roja de toda la vida”

Monedero sigue siendo un habitual del paraje, “continúa viniendo en su Vespa roja, como la primera vez, nunca le vi conducir un coche y creo que ni sabe conducirlo”. Por el controvertido exnúmero tres de Podemos siente Di Giacomo especial debilidad. Él, dice, “podría haber acumulado en la cabeza todas esas jugadas de ajedrez” y prever el éxito del partido, que “ninguno imaginó, ni siquiera soñó” en sus inicios. “Hasta a Juan Carlos creo que le fue sorprendiendo la realidad”.

¿Y qué hay de las relaciones de Monedero y otros ideólogos de Podemos con el chavismo? “No se hablaba un carajo de eso”, responde con firmeza. “Cuando Juan Carlos volvía de Venezuela se le decía ‘ah, cuánto tiempo, ¿y qué tal?’ El respondía ‘bien, bien, la verdad que este tipo Chávez es un tipo raro pero bien’. Ellos iban allí a aprender, fundamentalmente. Con todo el cuidado del mundo, porque pensaban que aquello podía derivar en cualquier cosa y, de hecho, bastante tiempo antes de Podemos, Juan Carlos dijo ‘voy a dejar de ir’. ¿Venezuela como modelo? Nunca, ni remotamente”.

El ‘caso Monedero’

Las acusaciones de fraude fiscal contra este profesor y su declaración complementaria de la renta, en enero de 2015, fueron el momento más duro de la historia de Podemos. Jorge Moruno, figura clave en la cocina del partido, reconoció a SABEMOS que esa crisis pudo manejarse mejor y que ocasionó muchos desvelos internos. El dueño de ‘El Tío Pepe’ asegura que Monedero “siempre mostró entereza, decía que sabía que iban a sacar eso y que estaba todo bien, pero lo cierto es que fue una mierda para él y para su familia”.

Su admiración al politólogo es absoluta. “Siempre se dice que Monedero es un poco payaso pero tiene una cabeza… No da puntada sin hilo. Todo lo que hace tiene explicación, aunque en el momento no lo veas y te des cuenta mucho después. Y yo no lo vi perder el tiempo nunca. Siempre escribiendo, trabajando, estudiando, leyendo… Viene, se pierde un rato y se vuelve a su casita a seguir”, explica. Hasta aconsejó a Di Giacomo con su negocio, justo antes de tomar las riendas del restaurante: “Él estaba acá y me hizo el análisis de lo que podía pasar en el pueblo, las reacciones respecto a abrir un argentino en el bar del pueblo. Y en todas las pegó. Me dijo, por ejemplo, que no le cambiara el nombre y mantuviera ‘El Tío Pepe’, el de toda la vida, para que la gente no notara el cambio. Y ahí sigue”.

Su salida de la dirección, en abril del año pasado, fue para Di Giacomo, “como una pelea entre amigos”: “Juan Carlos siempre habló con todos de forma absolutamente llana, sincera… Su fuerte no es la humildad, cualquiera puede darse cuenta, pero son tremendamente amigos todos, se aguantan cosas que solo se aguantan los amigos y por supuesto desde fuera se ve raro porque la gente en los partidos suele odiarse, buscarse golpes de gracia”. Y así, prosigue, “un día se decidió que él estaría más cómodo yendo por libre y se hizo, estoy seguro que con el mismo tono con el que hablamos ahora nosotros, porque aquí nunca se ha visto que nadie se levante enfadado, que se fuera gritando… Porque son amigos, gente normal, solo que la realidad los enganchó para vivir esta aventura”.

Una aventura fatigosa, que no solo ha casi erradicado los encuentros en Valsaín, sino cualquier actividad ajena a la maquinaria electoral en que Podemos se convirtió a finales de 2014. “Estamos deseando tener un poco más de tranquilidad para recomponer una dinámica de reflexión que consideramos muy necesaria. Algo distendido, fuera de lo orgánico, es que llevamos dos años de un meneíto muy importante”, reconoce Jerez, que el 20-D se quedó a 819 votos de sacar un escaño por Guadalajara. Parecida opinión ha sido expresada antes por otros dirigentes, con Iglesias a la cabeza.

El cansancio de Iglesias

Los síntomas de agotamiento que dio el secretario general en otoño pasado no pasaron desapercibidos en ‘El Tío Pepe’. “Estaba hecho mierda, como todos. A Pablo el año pasado lo vi seis o siete veces y alguna vez se comentó eso, que se le veía cansado, cuánto convenía eso, qué sentido tiene hablarlo sinceramente… Y se preguntaban mucho: ¿cómo hacen estos que son políticos desde hace 30 años para aguantarse estos ritmos? La respuesta era: son profesionales, viven de eso, lo llevan haciendo 30 años”, cuenta Di Giacomo.

La dirección de Podemos se fue a Valsaín en otoño para preparar la campaña de las generales

El punto crítico fue el debate con Albert Rivera en Salvados. Ahí Iglesias no salió bien parado, e incluso reconoció estar “cansado” del frenetismo de la política, las campañas, las relaciones con los medios. Pero a los pocos días reapareció con nuevas energías, recuperando el impulso de sus inicios. ¿Tuvo que ver la parada en boxes del 25 de octubre en Valsaín, que él mismo difundió en Twitter? “No lo creo, aunque el asado daño no hace a nadie”, responde el dueño de ‘El Tío Pepe’.

Di Giacomo se muestra orgulloso y sorprendido de haber sido protagonista colateral en el nacimiento de Podemos. Su carne argentina juega en esta historia el papel que las naranjas -y no la tortilla, como se cree- desempeñaron en el encuentro de 1974 que ha quedado como símbolo del ascenso de Felipe González, Alfonso Guerra o Manuel Chaves a la cúpula del PSOE.

Quince años después, Alianza Popular vivió su propia refundación de la mano del clan de Valladolid que asistió a José María Aznar en su promoción interna. Miguel Ángel Rodríguez, Miguel Ángel Cortes o Carlos Aragonés estuvieron entre las bambalinas de aquel paso de AP al PP. Unos y otros, los de la tortilla y los de Valladolid, y sus respectivos sucesores disfrutaron de la hegemonía política durante más de 30 años. Hasta que el clan de Valsaín entró en escena y lo revolucionó todo.