El alcalde de Girona y presidente de la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), Carles Puigdemont (CDC), será el futuro presidente de la Generalitat y principal protagonista del intento de ruptura con España en sustitución de Artur Mas, lo que supone cumplir el principal objetivo fijado por la CUP para dar su apoyo a la coalición independentista Junts pel Sí.

A cambio de la cabeza de Mas, se consigue la voladura de los antisistema de la CUP en el Parlament. Tras salvar la investidura de Puigdemont, dos diputados de la CUP se integrarán en el grupo de JxSí para garantizar la estabilidad del nuevo Gobierno y otros dos de los actuales parlamentarios de la CUP presentarán su dimisión. Asimismo, este partido se compromete a votar con JxSí cada vez que lo necesite, si bien conservará el grupo parlamentario.

El alcalde de Premià, Miquel Buch, lamentó en Twitter que es “inmensamente injusto y estratégicamente erróneo que el President que ha hecho más por la independencia de Cataluña tenga que dar un paso atrás”.

Poco después de conocerse el acuerdo se generó un nuevo término, ‘tamayazo 2.0’. La integración de dos diputados en Junts pel Sí, para todo lo relacionado con el proceso independentista, ha provocado lo que, con acierto, el periodista Antonio Maestre definió como “el primer acuerdo de la democracia que incluye el transfuguismo”. Ninguna asamblea de las CUP ha aprobado los acuerdos alcanzados.

Carles Puigdemont (Amer, Girona, 1962), es periodista de profesión, al igual que el dirigente de la CUP, Antonio Baños, y diputado de Junts pel Sí.

La decisión tiene mucho sentido para la CDC de Mas, un partido que, atendiendo a las últimas generales, estaba condenado a la irrelevancia, en favor de ERC, en caso de que hubiese nuevos comicios.

En un texto en su blog, Puigdemont no hace mucho expresaba su respeto por los enemigos del proceso independentista y, al mismo tiempo, exigía el mismo respeto para el camino que han emprendido. Porque se trata de un independentista convencido. En sus propias palabras: “No hay otra opción. O nos resignamos a una situación que no cambiará en lo sustancial (hacer creer lo contrario es engañarnos, a la vista de los últimos treinta años, o ser preocupantemente iluso) o no nos conformamos y proponemos salidas. De manera democrática, pacífica y razonada, que es como estamos haciendo las cosas”. Está por ver que el proceso de ruptura planteado sea todas esas cosas.

Lo único innegable es que la figura de Mas ha acabado totalmente quemada, y que su intención de convertirse en un mesías se ha hecho más realidad de lo que esperaba. El problema es que le ha tocado ser de los mesías a los que crucifican y a los que sus propios apóstoles traicionan a las primeras de cambio. En su comparecencia, Mas afirmó: “Esta solución como todas tiene costes pero también beneficios” y afirmó que va a dar “un paso al lado”. Aunque Mas afirmó que no se retirará de la política, también confirmó que no ocupará ningún cargo en la nueva Generalitat. No tardaron en salir memes expresando el tipo de paso que ha dado en realidad. La frase: “Estoy haciendo el bien porque estoy haciendo el bien” se convertirá en el epitafio político del hombre que, en su carrera por destruirlo todo, se destruyó a sí mismo.

También está por ver cómo afectará el que no haya unas nuevas elecciones catalanas a la política nacional. El hecho de no tener una convocatoria electoral en el horizonte puede llegar a cambiar la vehemencia de Podemos a la hora de exigir una consulta independentista.