Disney se ha empeñado en convertirme en una de las personas más felices del mundo: primero comprando los derechos de Star Wars pertenecientes al bellaco George Lucas; después relanzando la epopeya galáctica del mismo nombre; y por último anunciando la apertura de dos nuevos parques temáticos dedicados a las aventuras de Luke, Leia, Han, Rey y Finn.

No, en serio, no puedo ser más feliz y como yo, supongo que todos los que acudimos en tropel, emocionados como niños y luciendo nuestros disfraces y coloridos sables laser al estreno de The Force Awakens.

El tiempo que falta para que podamos poner nuestros ansiosos piececitos en alguno de estos parques es, de momento, un misterio. No hay fecha prevista de apertura; lo único que se ha confirmado es que comenzarán a construirse a finales de 2017; sin embargo, esto que a priori puede sonar catastrófico para algunos, nos ofrece un precioso tiempo para reunir poco a poco todo el dinero necesario para costearnos el viaje a alguno de estos oasis de alegría, lo cual no parece que vaya a resultarnos muy económico ya que serán inaugurados en Disneyland California y en los Disney’s Hollywood Studios situados en el Walt Disney World Resort de Florida.

No se ha desvelado mucho del proyecto, pero las 5,6 hectáreas que ocuparán cada una de estas ampliaciones, permiten que soñemos a lo grande. Hasta ahora solo se sabe que visitaremos un planeta desconocido, un puerto comercial remoto y una de las últimas paradas antes de adentrarnos en el espacio más salvaje. En cuanto a las atracciones, dos son las destacadas por los portavoces de Disney; la primera es algo que los starwarsers siempre han deseado hacer: ponerse a los mando de la venerada nave de Han solo, el Halcón Milenario, para llevar a cabo una misión personalizada. La otra joya de la corona, nos permitirá participar en una emocionante batalla entre la Resistencia y la Primera Orden.

Si hay algo que nos ha quedado claro es que el Imperio Disney no se ha construido desaprovechando oportunidades (aquí, tal vez, deberíamos correr un tupido velo sobre su decisión de abrir Eurodisney en París, en vez de en un lugar más soleado, como por ejemplo, España), por lo que hasta que llegue el esperado día de la apertura de puertas de estas nuevas zonas tematizadas, tenemos la posibilidad de matar el gusanillo con otras atracciones menores ya en funcionamiento, agrupadas todas bajo el nombre de Star Tours, The Adventures Continue, que nos permiten subirnos a bordo de un speeder para volar a Naboo y Coruscant e incluso cruzarnos con personajes como Boba Fett o el legendario Darth Vader. También nos ofrecen la posibilidad de conocer la poderosa Estrella de la Muerte y todas las localizaciones del Episodio VII. Además, los más pequeños pueden participar en un entrenamiento para convertirse en auténticos Jedis (echo en falta lo mismo pero para adultos), hacerse fotos con sus personajes favoritos de la saga o llenar sus mochilas con merchandising de Star Wars en la zona de tiendas ambientada en el planeta Tatooine y por supuesto, terminar el día con el espectáculo de fuegos artificiales al ritmo de la banda sonora original de las películas.

Grandes sagas y parques temáticos han ido siempre de la mano, sirva como ejemplo este nuevo proyecto o el basado en las novelas de Harry Potter, inaugurado hace ya algunos años. Cine y literatura son dos de los grandes generadores de emociones en el ser humano y a la vez son los caballos que tiran de la imaginación. No pensemos que los parques temáticos son cosas de niños porque, en muchas ocasiones, somos los adultos los que más disfrutamos y los que más nos beneficiamos de las atracciones, el entorno, los personajes… Y de la posibilidad que nos ofrecen de vivir en un mundo que no es el nuestro y al que solo podemos llegar en nuestra imaginación. El parque temático nos permite, por un breve tiempo, despojarnos de la coraza que nos ponemos cuando entramos en la llamada vida adulta y que oculta al niño soñador que un día fuimos.

Y sí, por supuesto que estos parques son un negocio. Están diseñados con la idea de que nos gastemos el dinero; y cuanto más nos gastemos, mejor para el hombre de negocios que conduce un Ferrari y tiene 18 más guardados en el garaje de su mansión en las colinas de Beverly Hills. Son fábricas de ilusiones ficticias, comercian con ellas, las venden a cualquiera que esté dispuesto a pagar el precio estipulado. Lo sé, pero qué queréis que os diga, me sigue pareciendo barato por recuperar a aquella ilusionada niña que tiraba ansiosa de la manga de su madre para que se apresurase porque no quería llegar tarde al pase de las cinco de El Retorno del Jedi.