Hacer predicciones para el futuro es sencillo. Si se cumple, solo basta con sacar pecho. Si no, se ponen las excusas necesarias. Por eso llueven previsiones sobre la industria de los vehículos conectados y autónomos tratando de adivinar qué nos espera dentro de cinco o diez años.

Esa barrera temporal es la que estima, por ejemplo, la consultora KPMG en su Informe Global de Automoción, donde destaca la conectividad y la digitalización como tendencias que marcarán el sector del automóvil en los próximos años.

El informe, que cumple su decimoséptima edición, es realizado con la opinión de 800 ejecutivos de la industria de la automoción procedentes de 38 países. Lo más destacado es que la tecnología y los datos que genera un vehículo durante su utilización, según el informe, serán un elemento disruptivo que ayudará a fidelizar la relación de los consumidores con las marcas de automóviles.

En este sentido, un 82% de los directivos del sector encuestados prevé una ruptura brusca del modelo de negocio en los próximos cinco años, un porcentaje que en la anterior edición del informe era compartido solo por el 12% de los participantes. No obstante, la mayoría de los ejecutivos del sector afirma que el uso de datos y la aplicación de técnicas de ingeniería de la información aún están dando sus primeros pasos. Mientras, el 82% de los conductores encuestados declara que los beneficios económicos obtenidos a cambio de facilitar sus datos es la ventaja más atractiva, seguida de cerca por los incentivos comerciales (75%) y los servicios individualizados y experiencias de usuario dirigidas al cliente, según declara un 71%, concluye el estudio al respecto.

Con el informe de KPMG, más lo anunciado estos días el CES de Las Vegas y las predicciones de Abalta, empresa especializada en soluciones de vehículos conectados, se pueden dar siete dudas y una verdad sobre los coches conectados.

La verdad

Nadie duda sobre la industria de los coches conectados y los vehículos autónomos. Por ejemplo, el CEO de Ford, Mark Fields, ha manifestado en Las Vegas que para 2020 habrá coches que se conduzcan solos. Es por ello, afirma, que su compañía está trabajando cada vez más en prototipos que puedan salir al mercado cuanto antes. Por su parte, el consejero delegado del Instituto de Investigación de Toyota, Gill Pratt, también ha manifestado que llegarán. No tan pronto como todos piensan, pero que llegarán.

1 – ¿Montará nuestra generación en un coche conectado (al 100%)?

Esta es la primera duda. La mayoría de empresas implicadas, tanto de la industria del motor como la tecnología, abren un horizonte sobre el año 2020 o 2025. Otra de las advertencias es que las novedades irán llegando de forma escalonada. Que nadie espere un coche que de entrada tenga conectividad total, se conduzca solo, pueda interactuar con cualquier dispositivo móvil, tenga todo tipo de actualizaciones, etc. Su llegada será escalonada en cuanto a innovaciones y funcionalidades.

2 – ¿Ahorrarán dinero?

Una de las grandes esperanzas que tienen los fabricantes de coches tiene que ver con el ahorro que podrán aportar a los conductores. Reducción en el combustible, mejoras en los modos de conducción… Ahora bien, el incremento en los costes de producción todavía no han sido calculado, y tampoco se conoce cuándo llegarían estas mejoras de conectividad a las gamas más baratas para quienes tienen menos recursos económicos.

3 – ¿Se crearán negocios paralelos?

Según Abalta, gracias a la conectividad de los vehículos, el negocio de los coches compartidos, tanto de alquiler como transporte de pasajeros, tendrá un gran auge. Ahora gracias a las apps es muy sencillo compartir coche o pedir un taxi en la otra punta de la ciudad. Con unos coches que directamente podrán interactuar con los usuarios será todavía más simple, y de estos muchos sectores podrán beneficiarse.

4 – ¿Habrá ‘apps’ suficientes y actualizadas?

Todo lo que huele a dinero… llama a dinero. Así, los grandes desarrolladores de aplicaciones como Google o Apple entrarán de lleno en este negocio. Al menos eso es lo que se espera. Es decir, parece lógico que si los fabricantes de coches y las compañías tecnológicas llegan a acuerdos para implementar ciertas innovaciones, éstas deberán tener actualizaciones, extensiones y todo lo necesario.

5 – ¿Se pondrán de acuerdo los coches y los chips?

Hay tres segmentos que deberán tener la misma idea de negocio. Los operadores de telecos que conecten, los fabricantes que diseñen vehículos y las compañías tecnológicas que metan sus chips. De momento hay negocios bilaterales, acuerdos entre marcas; pero si buscan un estándar para que un móvil funcione en cualquier coche, deberá haber criterios comunes de conectividad. Ésta, por el momento, es una de las mayores dudas.

6 – ¿Existe una conexión perfecta para un coche autónomo?

El CIO del operador holandés KPN decía recientemente que él no se montaría ni loco en un coche conectado que se condujese solo. Al menos por el momento. Argumentaba que las conexiones no son perfectas, y pese a que la latencia y la velocidad mejora, todavía estaba lejos de confiar todo a la tecnología. Esto unido a la vulnerabilidad que tiene cualquier sistema informático, hace que el mayor reto, que sería la conducción autónoma, todavía esté muy lejos.

7 – ¿Se implicará la administración pública?

Derivado del punto (2), el que toca al bolsillo, habrá que ver si existe algún tipo de Plan PIVE tecnológico o algo similar. Subvenciones que fomenten la compra de este tipo de vehículos; o, por otra parte, qué regulaciones habrá con respecto a la privacidad de los datos que se compartan con los elementos conectados del coche.