Las principales marcas de tecnología se han hecho con el espacio central de la feria tecnológica CES que ha comenzado hoy en Las Vegas. Al centro de convenciones de la ciudad de Nevada han llegado las últimas novedades de los grandes fabricantes pero también se han dejado ver algunos de los inventos que presentarán en el futuro, con diferentes tecnologías para el hogar que parecen, de verdad, magia.

Todo lo que había que decir ya se contó ayer, en el día de la prensa. Lo que ha quedado para la inauguración es, pues, la experiencia de verdad, ver y tocar lo último de lo último.

Que LG tenía una televisión de 2,57 milímetros de grosor es algo que ya sabíamos. Sin embargo, impresiona ver cómo un televisor cabe en un pellizco, parece un sueño. La compañía coreana se centra en las pantallas, con una tele de 98 pulgadas que no por ser tan grande deja de mostrar imágenes con un detalle impresionante, en 8K.

A grande le gana un prototipo de 170 pulgadas de Samsung, el segundo gigante tecnológico tras Apple. La marca, que consiguió partir la baraja ayer cuando presentó su tableta de alto rendimiento Galaxy TabPro S, también concentra gran parte de su exposición en los televisores, un área de gran competencia. Sin embargo, no se puede dejar de lado el espacio dedicado a su dispositivo Gear VR, para apreciar la realidad virtual en 360 grados.

Como presentar tabletas y teléfonos ya está más visto que el tebeo y todavía queda mucho año para anunciar grandes lanzamientos, las empresas llevan al escenario toda esa tecnología que está llamada a rodearnos en nuestros hogares.

Aunque Intel no se dedica a fabricar dispositivos sino componentes, la veterana norteamericana tiene mucho que decir sobre las posibilidades del internet de las cosas. Con sus sensores quieren ayudar a los deportistas de BMX, expertos en acrobacias con sus bicicletas, pero también a la industria de los videojuegos. En su stand pueden escanear la cara de cualquiera en 3 dimensiones y utilizarla como avatar para jugar al Fallout 4.

En el espacio de Intel se escanea a los asistentes para que puedan jugar con su cara en el videojuego Fallout 4

Una sorprendente muestra de lo que está por venir en el terreno de los hogares conectados se puede ver en el espacio de Panasonic, que ha desarrollado una televisión transparente, con la que se puede ver lo que está detrás de ella si el usuario quiere. Para completar la experiencia de última generación, la firma nipona ha escondido bajo su alfombra -literalmente- una superficie de unos cuatro metros cuadrados que actúa como altavoz. La tecnología desaparece por arte de magia y en el salón tan solo quedan los muebles de diseño.

Pero el de las casas inteligentes es un campo que casi todos los presentes en la feria quieren explotar. Sony, una de las marcas con más historia en el sector tecnológico, ha traído al CES un arcoíris de productos con el que toca prácticamente todos los palos. Desde los auriculares H.ear que cancelan el sonido exterior para aislar al usuario en el silencio absoluto hasta una lámpara que actúa como altavoz para reproducir la música del móvil, gracias a la tecnología Bluetooth. Nada es lo que parece en las novedades de Sony para la iluminación.

En el capítulo del sonido también destaca Monster, que tiene unos auriculares que permiten cambiar de canción y subir el volumen con tan sólo hacer unos cuantos gestos en los distintos modelos de Elements, que funcionan sin cables.

Pero a pesar de que la mayoría se empeñe en mirar hacia el futuro, algunos se siguen fijando en el pasado.

Nuevos y viejos

Nikon y Canon escenifican en el CES su lucha sempiterna por el olimpo de las cámaras réflex, con poca cosa nueva pero muchos objetivos grandes. Aunque no son los únicos que se quedan al margen de la disrupción.

En el espacio central de la feria también se encuentra Polaroid, que sigue como si nada con sus instantáneas. Aunque las cámaras cada vez tengan más megapíxeles, la compañía piensa que lo que realmente importa es imprimir una imagen desde el mismo dispositivo que la capta.

También vive de viejas glorias Kodak -o lo que queda de Kodak después de que quebrara-. En su puesto del CES se puede ver un prototipo de la nueva cámara Super 8, que tanto metraje amateur nos legó en su versión analógica.

Todo esto si hablamos de las compañías conocidas, porque más allá está la jungla.

Las marcas más famosas ocupan la parte central, el protagonismo de la feria, pero esta exposición tiene una superficie inabarcable, que se extiende por tres pabellones gigantescos, además de las muestras que se pueden visitar en algunos casinos de la ciudad.

Al CES le pasa lo mismo que a Estados Unidos, en general: el brillo y el glamour desaparece cuando uno deja la calle principal. A los lados está lo gris o, en el peor de los casos, lo turbio.

En la feria hay infinidad de marcas de segunda y de tercera, agazapadas para cazar algún distribuidor desprevenido. También proliferan los distribuidores de cables y fundas que convierten algunas zonas de la muestra en auténticos bazares de todo a 100. Allí es donde la juventud del personal de las grandes marcas se torna en caras largas.

No obstante, lo bueno merece mucho la pena. Y además cada dos por tres se pueden ver drones que amenizan la jornada; los de Parrot ejecutan una danza sincronizada en el aire.