Los bancos españoles ganaron sólo en la primera mitad de este año más de 11.000 millones. Si se limita el cálculo a las ganancias que han generado con sus negocios en España, el beneficio baja a 5.748 millones. Una cifra inferior que, sin embargo, sigue siendo nada desdeñable. Entonces ¿por qué se quejan los bancos? ¿Por qué los reguladores y los analistas no pierden ocasión para avisar de que la rentabilidad del sector no es suficiente?

Porque, a todos los efectos, los bancos españoles, como conjunto, no son lo suficientemente rentables. Su ROE, es decir, el retorno del capital, en el negocio español ronda el 5%. Para ponerlo en contexto, antes de la crisis algunos bancos conseguían que esta ratio superara el 20%. Los banqueros han asumido que la rentabilidad de antes de la crisis no volverá, como reconoció Ana Botín, presidenta de Santander, en la VIII Conferencia Internacional de Banca. Ante selectos representantes del mundo financiero internacional, la banquera admitió: “El cambio intenso de los últimos años en nuestro sector se nota: aunque hemos hecho grandes esfuerzos, no es posible alcanzar los niveles de rentabilidad anteriores a la crisis”.

Pero, aunque nadie espera que se vuelva a ROE del 20%, banqueros, reguladores y mercado sí tienen un objetivo: que la ratio vuelva a rondar, al menos, el 10%. No es una cifra casual: ese 10% es justo el coste del capital para la banca europea en estos últimos años.

La banca es un negocio que necesita de mucho capital para operar y por eso no puede permitirse ofrecer a los inversores una rentabilidad inferior al coste del capital, porque el riesgo es que éstos dejen de considerar a los bancos una inversión interesante. Es una amenaza tan real que el mismo Banco de España lo ha remarcado en su último Informe de Estabilidad Financiera, en el que afirma que “el mantenimiento de unos niveles de ROE en el tiempo por debajo del coste del capital, supone un reto para las entidades españolas, como lo es también para el conjunto del sistema bancario europeo”.

Los enemigos de la rentabilidad

El ROE es la ratio que relaciona los beneficios de una entidad con sus fondos propios, es decir, su capital. Es evidente, por lo tanto, que si la base de capital crece y los beneficios no lo hacen en la misma proporción, el ROE baja.

Antes de la crisis financiera, la ratio de capital principal (los recursos con más capacidad de absorción de pérdidas, fundamentalmente, acciones y reservas frente a los activos medidos en función de su riesgo) exigida a los bancos era del 2%. Cuando el nuevo acuerdo sobre la solvencia bancaria de Basilea III entre plenamente en vigor, en 2019, el mínimo de esta ratio deberá estar, al menos, en el 7,5%. A este mínimo se pueden sumar otros “colchones” que se piden a las entidades consideradas sistémicas, hasta llegar al 10,5%. Es evidente que las exigencias de capital se han multiplicado. Según los bancos, demasiado. Según los reguladores, lo necesario, considerando la magnitud de la crisis que los excesos de la banca contribuyeron a crear.

Los banqueros, casi todos públicamente, se quejan del exceso de regulación. El presidente de Popular, Ángel Ron, recientemente calificó esta regulación de “abrasiva” y José Manuel Campa, ex secretario de estado de Economía y actual director de Relación con Supervisores y Reguladores del Grupo Santander, dijo que los bancos europeos tienen que andar “con un ataúd a cuestas”.

Los reguladores no niegan que la regulación sea uno de los factores que afecta a la rentabilidad. Pero recuerdan que es lo que hay y que ha venido por quedarse. Y, como es estructural, hay que echar cuentas con ella.

Tipos, ladrillo y morosos

Obviamente, no toda la responsabilidad de la caída del ROE es atribuible al hecho de que la banca tiene que tener más capital, para cumplir con la nueva regulación. Hay factores que son intrínsecos al negocio y que limitan la capacidad de aumentar la generación de beneficios. El primero es que los tipos de interés están en mínimos históricos y, en Europa, no se prevé que esta situación cambie en el corto plazo. Con la curva de tipos plana, el negocio bancario -que fundamentalmente se basa en la transformación de plazos- sufre. Dicho de otra forma, cada operación aporta poco al margen de interés, así que esto, para crecer, necesita que se hagan muchas operaciones.

Y aquí está el otro problema: la actividad bancaria sigue siendo escasa. El crédito todavía bajará este año y para 2016 las previsiones apuntan a que se estabilizará o, por querer ser optimistas, apenas tendrá un mínimo repunte. Además, ante la evidencia de que las hipotecas no volverán a ser lo que eran, los bancos españoles están compitiendo todos en el mismo segmento, las pymes, lo que ha provocado que los márgenes se hayan abaratado. Una buena noticia para las pymes, pero mala para el margen de interés.

Por si fuera poco, existe un tercer problema que se podría llamar la herencia recibida de la crisis: los activos improductivos en balance. Al cierre del pasado año, según el citado informe de Estabilidad Financiera, los activos dudosos más los adjudicados en pago de deudas (o sea el ladrillo) sumaban 224.000 millones de euros. Eso es, un 8,7 % del activo total de los bancos en su negocio en España no genera beneficios, pero sí consume capital.

Se entiende, entonces, porque ha repuntado la venta de carteras de créditos morosos o fallidos, así como las prisas de los bancos para deshacerse del ladrillo. Unas prisas que el Banco de España no quiere que se olviden. Por eso, no pierde ocasión para recordar a las entidades que se esfuercen para reducir el volumen de estos activos.

No todos son iguales

Aunque los factores analizados afectan a todas las entidades, la situación de los bancos españoles con respecto a la rentabilidad no es uniforme. Con datos de cierre del tercer trimestre, Bankinter y Bankia están en la mejor posición, habiendo alcanzado ya (o casi) el deseado ROE de dos dígitos. Bankinter, de hecho, ya estaba en septiembre en el 10,7% y para finales de año se espera que alcance o supere el 11%. Y es que el banco más pequeño entre los cotizados del Ibex, es también el que menos sufre por el peso de los activos improductivos. A lo largo de toda la crisis ha mantenido una morosidad muy por debajo del sistema (en septiembre, estaba en el 4,35%) y apenas tiene 546 millones de euros de ladrillo en balance.

Bankia también cerrará 2015 con un ROE por encima del 10%, ya que llegó a septiembre con un 9,9%. Alcanzar una rentabilidad del 10% en 2015 era uno de los objetivos que se fijó José Ignacio Goirigolzarri cuando tomó las riendas del banco y presentó a Bruselas el Plan Estratégico necesario para recibir la ayuda pública. Muchos dudaron entonces de que la entidad pudiera conseguir ese objetivo, como ha recordado el presidente en el blog de la entidad con ocasión del tercer aniversario de la presentación de ese plan: “Hace tres años pocos creyeron que fuésemos capaces de cumplir el objetivo de llegar a una rentabilidad sobre fondos propios del entorno del 10% (estamos en el 9,9%) y es algo que ha sido clave para elevar nuestra solvencia”.

Los dos grandes bancos, Santander y BBVA todavía están lejos de alcanzar la cota soñada, y eso, a pesar de que sus negocios en el extranjero, y especialmente en las economías emergentes, son más rentables que los españoles. Al cierre del tercer trimestre, Santander tenía un ROE del 7,5%, mientras que BBVA apenas llegaba al 5,4%, debido a las minusvalías registradas en la cuenta por la puesta a valor de mercado de la participación en el banco turco Garanti. Sin este efecto, el ROE de BBVA sería muy parecido al de Santander, con el 7,6%. Ambos bancos aseguran que la mejora de su rentabilidad llegará de la apuesta por lo digital: en los próximos trimestres se debería empezar a comprobar si tienen razón.

Sabadell y CaixaBank, a pesar de haber casi duplicado su ROE en el último año, siguen bastante lejos de alcanzar la rentabilidad deseada, estando en el 6% y en el 4,1%, respectivamente. El presidente de Sabadell, Josep Oliu, reconoció hace apenas unos días, en la convención de directivos del grupo, que “no podemos estar con unos ROE que destruyen valor para los accionistas”. Entre los retos de su entidad, de hecho, ha recordado lo de elevar el ROE al 10%. Para conseguirlo, Sabadell cuenta con el empujón que está dando a su expansión internacional, tras aterrizar en Reino Unido.

CaixaBank pretende multiplicar por cuatro su rentabilidad para 2018, según el objetivo fijado en su nuevo plan estratégico. En ello, el grupo catalán se refiere al ROTE, que es como el ROE pero medido sobre el capital descontando los intangibles (fondos de comercio, etcétera) y fija un rango de entre el 12% y el 14% para poder tener una rentabilidad satisfactoria.

Peor lo tiene Popular, el último de la fila a la hora de medir rentabilidad. En septiembre, su ROE apenas estaba en el 2,9% e incluso había empeorado frente al año anterior. La cúpula del banco, sin embargo, defiende que esta baja rentabilidad se debe sobre todo al exceso de provisiones que tiene en cartera y que cuando la situación de la morosidad se normalice, su modelo de negocio –centrado en las pymes- será capaz de proporcionar ROE a dos dígitos.

Lo que está claro es que, sea cual sea la vía elegida por cada entidad para mejorar su rentabilidad, lo ideal es que la implementen pronto. En el mercado ha vuelto a sonar los tambores de fusiones y cuando el río suena…