Ya me choca dedicar una segunda carta –la sexta o séptima que te escribo en SABEMOS, querido Mo- a un personaje tan oculto detrás de una careta tan envuelta en disimulos que ya ni me parece real, sino más bien un ente ectoplasmático y, por tanto, falto de orgánulos pero rebosando túbulos y microfilamentos que constituyen su citoesqueleto. Te señalo que la naturaleza de estos seres es, además, gelatinosa. Por tanto, pringa.

Por muchos menos motivos que en el caso de Florentino Pérez, columnistas de pro han abreviado nombres y apellidos pertenecientes al mundillo de la política. Y, a decir verdad, en la mayor parte de las ocasiones con pleno merecimiento y justicia.

En esta misiva de hoy, reconozco que lo hice por la extensión que ocupa al situarlo en el encabezamiento o titular. Por eso te indico que, si las circunstancias me obligan a ocuparme otra vez de él –cosa muy probable pues está convirtiendo en chirigota pública a una institución que nos afecta a todos, pues el Real Madrid fue símbolo y orgullo de nuestra Villa y Corte, y me cabrea verlo ahora convertido en un muñeco de pim pam pum por la prepotencia e ineptitud de ese ser injustificadamente displicente- lo haré. Me fastidiará lo que no cabe ni en un Evangelio porque estoy importantizando a alguien que sólo debería preocupar a los accionistas y empleados de ACS para los que –me temo que a no tardar mucho- ni el palco presidencial del Bernabéu será suficiente flotador.

Seguro que me entiendes, aunque no quiero hacer sangre, no vaya a dañar algún puesto de trabajo, cosa que jamás me perdonaría. Así que entro en materia, tras señalarte que si le dedico una tercera carta ya acortaré de una forma menos complicada y le citaré como “Floren” o “Tino”. De todo corazón, pienso que no se merece más. E incluso puede que sea demasiado.

Cierto que Santiago Bernabéu no es de mi época, pero sí leí muchas cosas sobre él y sus ocurrencias, que siempre merecieron mi respeto por la coherencia entre la humildad que predicaba y su forma sobria de vivir por muchas etiquetas de franquista, digamos en grado pasivo, que quieran ponerle. Y se me viene la pregunta: ¿Alguien le oyó hablar hasta el aburrimiento del Señorío del Madrid? Quizá lo mencionara alguna vez y yo lo pasara por alto en la hemeroteca, pero ¿tú, MO, se lo escuchaste?

¿Se lo oíste a Luis de Carlos, un caballero de la cabeza a los pies, razón por la que no se le ocurría presumir de ello? Seguro que tampoco a Ramón Mendoza, empresario pícaro y simpático pero que no utilizaba el palco del club para engordar sus carteras de pedidos, cosa que le hubiera sido bastante difícil si consideramos que su clientela eran fundamentalmente empresas pertenecientes a la Unión Soviética. Que yo recuerde a los Ivanov, Shuriguin, Bogomolov, Popov, Afanasief, etc. les iba el ajedrez, el vodka, el algún caso el whisky y pocas cosas más que no voy a mencionar. Pero el Madrid se la traía al fresco porque les parecía una institución respetable. Y eso que Mendoza no les daba la brasa con el latiguillo.

Estuvieron también Ramón Calderón, el naviero Boluda…

A ninguno le escuché decir eso de que “El Madrid es un Club Señor…”, ni otras melindradas propias de un cura de aldea. Sí escuchaba cómo terceras personas, a sus espaldas, hablaban del “señorío del Madrid y de su maravillosa afición que, acostumbrada a ganar, sabe perder con elegancia”.

¿Qué queda de eso…? ¿Qué puede quedar con un Presidente que se fumiga a un entrenador por temporada, sin que nadie le entienda? Y que no lo hace en función de los resultados, no… Lo hace por otra cosa, pues a veces hasta ha cortado una cabeza que acababa de ganar la Liga o hasta la Copa de Europa. ¿Cuál puede ser esa otra cosa? Es como el misterio de la Santísima Trinidad: algo inexplicable en lo que sólo se puede creer desde una fe de camionero. En el caso de Floren, a la fe de camionero hay que añadir una profunda e irredenta querencia masoquista. Ficha a jugadores carísimos para que vendan camisetas, los revende como saldos cuando el coach de turno más dice que los necesita…. No quiero seguir, MO, porque estoy a punto de ponerme a llorar.

Al final van a tener razón los culés que en memes de ingenio imperecedero cuentan una y otra vez que “Nada de Messi, ni Neymar, ni Suárez… El mejor fichaje de la historia del Barça  fue el día en que Tino alcanzó la Presidencia del Real Madrid”. También son buenos esos que mencionan la colecta de fondos con destino a sagradas novenas para que continúe muchos años al frente del club.

Un fuerte abrazo de principios de 2016

G.