“Una mujer como reina maga… Si es que tenemos lo que nos merecemos”. La frase la pronuncia una señora que ronda los 60 años en El Corte Inglés ante la mirada educada de la joven que envuelve los regalos. Al parecer, sus nietos no se merecen la abuela que tienen, que lleva quince minutos haciendo cola después de haber comprado la versión cutre de un juego de mesa de hace treinta años. Van a tardar en desecharlo menos de lo que tardarán en abrirlo.

La víspera de Reyes, tradicionalmente la de mayores ventas, es aquella en la que se venden, básicamente, todos los juguetes que ningún niño quiere de verdad. ¿Sus hijos pidieron el centro de mando de la Patrulla Canina, de Bizak? Es uno de los regalos estrella de la Navidad. Incluso los padres previsores lo tuvieron complicado a principios de diciembre.

“Lo sabemos desde finales de verano. Estaba claro que iba a ser el juguete estrella de las fiestas, pero es imposible que en un sector con picos de campaña tan marcados no se produzcan roturas de stock”, explica a SABEMOS un dependiente de la juguetería Poli. Y no será que no estaba avisado: en El País publicaron en octubre un artículo en el que ya anunciaban lo que iba a suceder.

Este tipo de estacionalidad ha sido la que ha hecho que Famosa, por ejemplo, que exporta juguetes a más de 75 países, invirtiese medio millón de euros en un flamante centro logístico con una superficie total de 18.000 m2 y capacidad para almacenar más de 23.000 palets. Todo en aras de conseguir mayor flexibilidad en su logística.

A diferencia de lo que sucede en otros mercados europeos, donde se compran juguetes con una cierta regularidad, en España la cosa es diferente: más de la mitad de las ventas de todo el año se produce en el mes de diciembre y cerca del 15% en las primeras dos semanas de cada año, según datos de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ).

El cliente del 5 de enero es un animal acorralado que persigue lo imposible como Mas su investidura. Da igual cuántas vueltas dé, simplemente no va a encontrar lo que necesita y va a terminar gastando decenas, cientos de euros, en comprar males menores y envolverlos para regalo. El equivalente juguetero de las telarañas en la estantería.

Los niños pensarán que no han sido lo bastante buenos, creerán que no se merecen lo que tienen otros. Sólo porque sus padres y sus abuelos no miraron con cuidado su lista y no pensaron en comprar los regalos dos meses antes. Aunque nunca lo dirán, sus acciones dicen: “¿A quién le importa? Sólo son niños”. Ni siquiera Amazon, una solución muy socorrida, entrega con tan poco tiempo. El 4 de enero ya anunciaba entregas para el lunes 11.

Los lineales de juguetes demuestran la verdad de cada gama. ¿Quieres una Monster High? Este año la guerra no está ahí. Es relativamente fácil encontrar los dragones de PlayMobil, pero intenta buscar un dinosaurio. Se puede conseguir algo de Lego Friends o Lego City, pero ¿Lego Elves? Nada que hacer.

En todo caso, ya ni Peppa Pig es capaz de eclipsar a la Patrulla Canina (Paw Patrol), un producto creado como juguete y serie de televisión por la canadiense Spin Master. Animada por el estudio canadiense Gurú, la serie cuenta con la marca de Keith Chapman, un prestigioso showrunner de preescolar que tiene en su haber las aventuras de Bob el Constructor y, con menor éxito, las de Fifi y las Pequeflores.

Pero esta explicación no es para los perdedores que recorren como almas en pena los pasillos del Alcampo, entre puzzles y muñecas de marca propia. Da igual que muchos niños en todo el mundo verían como un milagro todo aquello que les rodea. Estos pobres desgraciados, compradores de última hora, no ven juguetes, sólo un montón de fracaso de colores.