Mediapro está decidida a no quedarse colgada con los 1.900 millones de euros que ha pagado por el fútbol en televisión, y tiene un plan para conseguir que todos los grandes operadores le paguen la fiesta. Y para eso tiene que conseguir enfrentarlos entre ellos y que Movistar termine por ceder y se convierta en el verdadero paganini. ¿Y cómo pretende conseguirlo?

En SABEMOS hemos tenido acceso al pliego de condiciones planteadas por Mediapro a los operadores, y uno de sus artículos más importantes es, por sí mismo, toda una declaración de intenciones: Mediapro se reserva en exclusiva la comercialización de sus derechos de la Liga a través de Internet.

Con la situación de este año, que tenía a Movistar como único comprador y revendedor (forzado por la CNMC), la operadora compartía los derechos con sus rivales, con la posibilidad de que estos comercializasen el producto a través de plataformas de internet multidispositivo (over the top u OTT) como Vodafone TV Online, el multidispositivo de Orange o Tedi, de Telecable. Era una ventaja nada baladí, si tenemos en cuenta que los asturianos, por ejemplo, han conseguido un gran número de clientes fuera de su territorio natural que le han ayudado a pagar por los (caros) derechos adquiridos a Telefónica.

¿Por qué Mediapro ha apostado por dar la vuelta a la tortilla e impedir a los operadores que comercialicen por Internet? Es, claramente, una forma de decirle a Telefónica: No te necesitamos, nos basta con el dinero que nos den tus rivales, porque después te haremos la competencia directamente a través de nuestro propio servicio a través de Internet. 

Por supuesto, es mentira. Por el momento Mediapro necesita a Telefónica, necesita desesperadamente a Telefónica. Y hará lo que sea para conseguir que entre en la jugada. En realidad, ya intentó algo parecido con la Champions este verano, ofreciendo los derechos a Vodafone, Orange y Telecable con una fórmula de coste ventajosa e intentando que la presión competitiva atrajese al pez gordo. Por el camino, se dejaron muchos millones de euros y Movistar no perdió demasiados clientes. Pero una cosa es el calendario europeo y otra muy distinta el grueso de los partidos de cada jornada, por más que Telefónica haya comprado el más interesante de cada semana, el llamado partidazo.

Mediapro tiene a su favor tres cosas. La primera es que Telefónica cree que no puede dejar de ser percibida como el gran proveedor nacional de contenidos premium, especialmente después de que cada paso que ha dado en los últimos tiempos, con la compra de Canal+ incluida, haya ido en esa dirección.

La segunda es que la compañía que dirige Jaume Roures tiene mucha más libertad regulatoria. Aunque es improbable que haga algo así, podría dar los contenidos en exclusiva a los rivales de Movistar y dejar fuera a la operadora que dirige Luis Miguel Gilpérez. Una cosa es no tener los derechos, pero que los tengan Orange y Vodafone, robándoles clientes de fibra mientras Mediapro le hace además la competencia a través de Internet sería un escenario de pesadilla para Telefónica. Ésta, sin embargo, no puede hacer algo así: está obligada por regulación a compartir el partidazo con quien lo quiera.

La tercera ventaja de Mediapro es que por ahora cuenta con el apoyo de los qataríes de BeIN Media Group, con Nasser Al-Khelaifi al frente. 

la conexión qatarí

Si Mediapro jugase sólo en esto, cabrían más posibilidades de desgaste, pero hablamos de BeIn Media Group, un coloso cuyo CEO, antiguo jugador de tenis retirado, es también el máximo responsable de Qatar Sports Investments (QSI), la rama deportiva del fondo soberano qatarí que compró el Paris Saint Germain en 2011.

De hecho, Al-Khelaifi es el presidente del primer club francés, cuya superioridad en el torneo local es tan abrumadora –este año llevan casi 20 puntos de ventaja al segundo clasificado– ha hecho que pierda mucho interés, y en 2013 fue nombrado ministro sin cartera de su país. Su estrecha amistad con el joven emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad al-Thani, le presagia un futuro importante en la política en un emirato que tiene el deporte entre ceja y ceja. Recordemos que allí se celebrará el polémico Mundial de 2022, y que tras dos candidaturas fallidas a hospedar unos Juegos Olímpicos no tienen intención alguna de rendirse. 

Por cierto, cabe señalar que Qatar, a través de Qatar Airways, filial de QSI, es también el patrocinador principal del F.C.Barcelona, sin bien la UEFA nunca ha visto conflicto de interés alguno en que dos clubes con tanta implicación financiera con el mismo fondo soberano se enfrenten en la máxima competición continental.

Por supuesto, la empresa de Jaume Roures sabe que a los precios a los que comercializará el fútbol es imposible que nadie lo rentabilice, pero lo fía todo a la libre competencia y al miedo en chez Movistar a que los demás tengan una oferta más completa que la suya. Además, como Mediapro ha llevado la negociación al mes de enero, su objetivo es desplumar a Telefónica de golpe y por completo, colocándole la fase final de la Champions y el acuerdo para las tres próximas temporadas con un bonito y carísimo lazo.

Si finalmente la operadora que dirige Luis Miguel Gilpérez se aviene a pagar el rescate, probablemente lo hará con un importante descuento frente a los demás operadores a cambio de un minimo garantizado que alcance a un porcentaje mayor de su base de clientes –en cristiano: pagará menos por cliente pero se comprometerá a pagar por más abonados, contraten o no el servicio–. De ser así, el resto de competidores confía en que la sorprendente eliminación de los derechos del fútbol por internet desaparezca del pliego. Porque Movistar no va a pagar ese dineral para no poder meter el contenido en su exitosa plataforma Yomvi. Eso no está sobre la mesa. La comercialización independiente del fútbol a través de Internet es un gambito, un plan b antiMovistar.

Como ya hemos contado en SABEMOS, la nueva guerra del fútbol se zanjará definitivamente en los próximos días. Si todos los operadores se pliegan a las condiciones de Mediapro, sólo habrá una certeza en el horizonte: el fútbol será más caro y no se repetirán los niveles de precios del último año. Y pongan los operadores los precios que pongan, la subida de sueldo de los futbolistas también la pagarán los abonados a quienes no les gusta el balompié. Cada vez que lea que un operador ha subido los precios y que a cambio regalará más velocidad o más megas de datos a los clientes, en realidad estará leyendo que sus clientes pagarán más para pagar la factura del fútbol. 

¿Y por qué si es un escenario malo para todos los operadores estos van a plegarse? Porque vivimos en un entorno de libre mercado y, especialmente con todo lo relacionado con el fútbol, nada tiene demasiado sentido. Es una máquina de perder dinero, pero sólo si pican todos al mismo tiempo. Si Vodafone y Orange se encontrasen con un escenario que dejase fuera a Telefónica saben que conseguirían muchos clientes de fibra todo incluido. Es un cebo demasiado tentador. Pero como Telefónica no dejará que algo así suceda, da igual cuál sea el cuento de la lechera que se cuenten Jean Marc Vignolles y Antonio Coimbra. Van a pagar todos, sus clientes incluidos.

La única solución satisfactoria para todos los operadores sería dejar a Mediapro por su cuenta con los ocho partidos menos importantes, dejar que los comercialice por Internet, ofrecer el partidazo cada semana y no mirar atrás. 

¿El problema? Los operadores difícilmente alcanzarán una decisión colegiada pensando en el bien común del sector y, si lo hiciesen, podría ser considerado una forma de colusión. Por otro lado, dejar a BeIN como agente libre también tiene sus riesgos. Así pues, el escenario a principio de año parece apuntar a que todos picarán, a que Mediapro ganará mucho dinero y a que los qataríes, que han encontrado un aliado fiel en la empresa española –implicada a través de su fillial en EEUU en el escándalo de sobornos en la comercialización de derechos, recordémoslo–, seguirán con su plan para controlar, a cualquier precio, el panorama global de las retransmisiones deportivas. Eso es lo que está en juego, y España no va a interponerse en su camino.