La Candidatura de Unidad Popular (CUP), el partido independentista y anticapitalista que ha vivido en sus filas una brutal división sobre qué era más importante, si el independentismo que propugnan o impedir que Artur Mas siga siendo su pastor, finalmente ha sido coherente y, a falta de una oferta mejor que le hiciese cambiar de opinión, ha mantenido su postura a pesar de toda la presión: no investirá a Artur Mas como presidente de la Generalitat.

La decisión tomada por la CUP no hace imposible que sea investido un presidente del bloque independentista, sólo garantiza la muerte del proyecto personal de Artur Mas, una constante huída hacia adelante que muchos interpretan como una forma de salir de la sombra de la corrupción y la financiación ilegal al 3%, vendiéndose no como un corrupto y delfín de otro corrupto, sino como el mesías de la independencia catalana.

El hombre que no dudó en desmenuzar CiU, una federación con casi 40 años de historia, y que ha amenazado la unidad del país a cambio de mantenerse en el poder en Cataluña, sólo ha conseguido convertirse en una marioneta para una ERC, que le ha superado en todos los frentes electorales, y un indeseable para la CUP, el partido antisistema que tenía la clave de su futuro y que ha optado por tirarlo por el retrete y seguir reclamando un candidato honesto. O con cualquier otro.

El camino a la independencia comenzó en 2010, cuando el Constitucional echó abajo aspectos claves del nuevo Estatuto que aumentaban competencias y reconocían a Cataluña como nación, y se alimentó con una crisis económica que alimentó el descontento popular y durante la cual la Generalitat decidió invertir más en perseguir la independencia que en proteger a sus ciudadanos. El dinero que no faltaba para pagar embajadas en el extranjero y promover la independencia se quedaban sin cobrarlo los farmacéuticos, y las culpas se las llevaba el Ejecutivo de Mariano Rajoy.

Mientras su partido, Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), se enfrentaba a las acusaciones de financiación ilegal, y la familia Pujol sufría el acoso de la Justicia, por actuaciones que ya se asimilan con las de una organización criminal, la opción independentista parecía la mejor opción para irse de rositas, con independencia de los efectos causados a sus ciudadanos o los del resto del país.

Junts pel Sí -grupo que aglutina a CDC, ERC e independientes- tiene ahora apenas unos días, hasta el 10 de enero, para presentar un candidato alternativo a Artur Mas, o habrá nuevas elecciones en Cataluña, la cuarta convocatoria en sólo 6 años.

Una encuesta de NC Report que publica La Razón en su edición de hoy señala que más de la mitad de los catalanes son partidarios de una nueva convocatoria electoral. De ser así, los más beneficiados podrían ser Podemos, que después de sus buenos resultados a escala nacional podría rascar más representación; Ciudadanos, consolidados como primer partido de la oposición al proceso independentista y Unió, con posibilidades de conseguir representación parlamentaria después de haberse quedado fuera por poco en los últimos comicios.

“No hay candidato alternativo. No es una cuestión de personas, es lo que representa”, aseguraron a EFE fuentes convergentes, que afrontan así un escenario de elecciones anticipadas en Cataluña, ante las que Mas sería de nuevo cartel electoral. Nadie cree que Mas vaya a dar un paso atrás y ceda antes del 10 de enero la investidura a otro dirigente, como la vicepresidenta Neus Munté.