“Lo que usted es ya ha quedado claro, ahora sólo estamos discutiendo el precio”, reza el viejo dicho popular atribuido a George Bernard Shaw o a Groucho Marx. Los dirigentes de la CUP, que durante meses habían mantenido una imagen de integridad y coherencia en su negativa a la investidura de Artur Mas, han dejado por fin claro qué son y qué es lo que quieren. Ahora sólo están discutiendo la retribución.

Así quedó patente tras la asamblea de la CUP, celebrada el domingo por la tarde en Sabadell, y bloqueada tras varias votaciones muy ajustadas, en la que siempre ganó la opción de rechazar a Más, y tras un rocambolesco empate a 1515 afiliados. Dos cosas estaban claras: las bases de la izquierda nacionalista radical están enormemente divididas y a sus líderes sólo les valía la opción de mantener vivo el mercadeo.

El mensaje lo transmitió con claridad el presidente del grupo parlamentario, Antonio Baños, quien dejó claro que la situación sólo se resolverá si Junts pel Sí, la coalición entre Convergència Democràtica y Esquerra Republicana, hace aún más concesiones a los independentistas anticapitalistas para que les pongan más fácil la decisión.  “El resultado es un emplazamiento a Junts pel Sí a que haga otra propuesta, con una nueva oferta o un nuevo candidato”, afirmó.

Si no llega una respuesta, se tomará una decisión definitiva el próximo 2 de enero. 

El dilema de Artur Mas es que le resulta muy tentador darlo todo porque se lo juega todo. Si no vende esta alfombra en particular, puede dar por cerrado el chiringuito, especialmente después de ver reducido a la mitad su número de escaños el 20-D (de 16 a 8) y verse superado por ERC, que triplicó su resultado y le superó, con 9 diputados, frente a los 3 obtenidos en 2011

Mas no realizó declaraciones tras conocerse el resultado, a la espera de reunirse con su cúpula. Los medios locales subrayan que en Convergència hay varias voces que rechazan seguir dándole cuerda a los anticapitalistas. Si ningún candidato es investido, el 10 de enero quedarán convocadas automáticamente nuevas elecciones para el mes de marzo.

Entre quienes se oponen a la propuesta de Junts pel Sí destacan quienes creen que un plan de choque de 270 millones, revertir la privatización sanitaria y paralizar proyectos controvertidos, es un precio barato a cambio de renunciar a sus convicciones.

Endavant, el colectivo de la CUP más coherente con el compromiso de no investir a Mas, llamaba en un comunicado a rechazar la oferta e ir a elecciones para evitar entregar “todo el capital político de la CUP al proyecto regeneracionista de Podemos, estancando así el voto explícitamente independentista por debajo del 40%”.

Porque, con independencia de lo que hagan sus líderes, éste es el debate en el seno del partido anticapitalista: ser consistentes con su desprecio por Artur Mas y lo que representa para ellos o aceptarle como líder del proceso independentista a pesar de que eso sea lo único que tienen en común.