Los barones del PSOE han puesto tantas condiciones a Sánchez para negociar con Podemos los apoyos necesarios para gobernar que, básicamente, van a asegurarse de que tal cosa sea imposible. La lucha del secretario general, Pedro Sánchez, ya no es formar gobierno: Es retrasar como sea la celebración del Congreso Federal previsto, como muy tarde, para febrero.

¿El objetivo? Intentar reagrupar fuerzas y recuperarse orgánicamente del varapalo sufrido el 20-D, con el peor resultado en la historia del partido. Sánchez sabe que cuando llegue ese momento Susana Díaz, como la Reina Roja de Alicia, va a pedir que le corten la cabeza. Cada minuto que consiga hasta entonces es precioso para él.
 
En una reunión maratoniana celebrada la tarde del domingo en Ferraz para preparar el Comité Federal del lunes, en la que hubo un tenso pulso político y los barones territoriales de ambos bandos midieron sus fuerzas, sólo una cosa quedó meridianamente clara: el referéndum en Cataluña es una línea roja que el PSOE no va a atravesar. Susana Díaz, en concreto, quiere exigir a la formación de Pablo Iglesias que admita públicamente su renuncia a la autodeterminación y que no la incluya en la agenda si quiere siquiera sentarse a negociar.
 
Sería una buena noticia para quienes propugnan un Gobierno de unidad formado por PP, PSOE y Ciudadanos, y excelente para Podemos, cuyos dirigentes están convencidos de que el apoyo de los socialistas a los populares les pondría en bandeja convertirse en la primera fuerza de izquierdas en las próximas elecciones, que bien podrían ser muy pronto. 
 
Los grandes perdedores, salvo mayúscula carambola, son los partidarios de Sánchez, puesto que todo lo que no sea encabezar el Gobierno le deja fuera de la ecuación y abre paso a la alternativa, con Susana Díaz como aspirante obvia.
 
Sánchez recibió apoyos de los socialistas catalanes, gallegos, baleares y otros, más partidarios de ser flexibles a la hora de negociar con Podemos. Se aferran a un argumento que en SABEMOS hemos mencionado en varias ocasiones: Se podría aceptar que Podemos defendiese cualquier iniciativa pero, dado que el PP bloquea desde el Senado cualquier cambio constitucional, es imposible que salgan adelante sus propuestas.
 
¿El problema? Desde el bando que lidera Susana Díaz se considera que el votante socialista no aceptará de buen grado que el PSOE juegue con la autodeterminación y que, para colmo, convierta al PP y a Ciudadanos en los únicos partidos seriamente comprometidos con el vigente pacto constitucional.
 
Algunos durante la reunión hablaron, en todo caso, del verdadero elefante en la habitación: da igual lo que pida y proponga el secretario general. Y es que en ningún caso, con las condiciones que se fijen mañana, e incluso con otras más laxas, salen los números para un Gobierno encabezado por Pedro Sánchez.