Pedro Sánchez está convencido de que puede salirse con la suya, ponerle las riendas a Podemos y crear un Gobierno de izquierdas, presidido por él, y que no amenace la Constitución. Lo quiere todo, y eso es lo que está transmitiendo a sus barones, con Felipe González y Susana Díaz a la cabeza. El argumento que utiliza es que el secretario general del partido es él, y que él será quien tome las decisiones sobre su futuro.

Pero ¿qué planea hacer Sánchez? Por ahora, negarse por activa y por pasiva a apoyar a Rajoy. Y después, formar Gobierno sin complacer a quienes piden una ruptura radical del Estado o, al menos, un referéndum en Cataluña.

Como ya dijimos la noche de las elecciones, para el PSOE puede resultar una ventaja importantísima la mayoría del PP en el Senado. Pueden llegar a acuerdos con Podemos y luego culpar de su incumplimiento al Partido Popular. 

En el PSOE existen dos corrientes enfrentadas que se verán las caras en el Comité Federal del próximo 28 de diciembre. Una de ellas, liderada por Susana Díaz y con el respaldo de pesos pesados del partido como Felipe González, apoya una abstención con condiciones para facilitar la formación de gobierno, para demostrar altura política y para evitar que los independentistas cumplan sus objetivos. Creen que las alianzas con Podemos, allí donde se han producido, han dañado gravemente al partido y han reforzado a la formación de Pablo Iglesias. La otra corriente, con Sánchez como principal adalid, piensa que una alianza con el PP supondría la demolición total del partido y su suplantación en comicios sucesivos por Podemos.

¿Cuál es la jugada de Sánchez? No tiene muchas disponibles, la verdad. Pasaría por llegar a algún tipo de acuerdo con Podemos, asumiendo que el freno del PP en el Senado bloqueará la celebración de un referéndum, pero atendiendo a otras exigencias de los hombres de Iglesias, como la reforma electoral, que con un poco de inventiva podría llevarse a cabo sin tener que tocar la Carta Magna. El mismo Íñigo Errejón lo ha reconocido en alguna ocasión. 

El problema es que las cuentas no salen. Si nos fijamos sólo en los resultados que aparecían por la televisión podría parecer que sí: Los 90 del PSOE más los 69 de Podemos, los 40 de Ciudadanos, y quizá incluso los 2 de Izquierda Unida. Salen 201 escaños, muy por encima de los 176 necesarios para la mayoría absoluta. El problema es que Podemos puede responder por sus 42 diputados, pero le resultará difícil controlar a sus socios de Compromís, En Marea y En Comú si no puede entregar el caramelo del referéndum. Y los partidos nacionalistas clásicos como el PNV difícilmente firmen nada que implica cambiar una ley electoral que les beneficia.

Sin duda, por la mente de Sánchez también flota una idea: puestos a que alguien tenga que hacer un sacrificio y mostrar altura política para impedir que los nacionalistas controlen la situación, que lo haga el Partido Popular y le deje presidir en minoría. Para ciertas leyes contaría con el apoyo de las fuerzas de izquierda y, para otras, con el del PP. Complejo, pero no imposible. 

¿Aceptaría algo así el PP? Está por ver. Todo el mundo quiere estabilidad y gobernabilidad pero sin dejar de tener lo que quieren. La teoría de juegos va a ser muy importante en la fase postelectoral.

(Actualización) Susana Díaz, por cierto, ya ha enmendado públicamente la plana a Sánchez y le ha recordado que las políticas de alianzas del partido se deciden en el Comité Federal. Un rápido vistazo al reglamento del mismo así lo atestigua…

capítulo iii: de sus competencias

Artículo 7. i) Determinar la política de alianzas del Partido y dirimir las discrepancias entre las Federaciones y la Comisión Ejecutiva Federal en esta materia.