Una campaña a través de Whatsapp convocaba ayer a los militantes socialistas madrileños a una reunión de la resistencia. Concretamente, de la resistencia a Pedro Sánchez. “Ven acompañado de todos aquellos que quieran aportar o deseen promover el cambio que inequívocamente necesita el socialismo madrileño”, rezaba la convocatoria, plagada de emoticonos. Pues bien, la reunión consiguió los objetivos previstos: se congregaron 300 militantes y medio centenar de secretarios generales en el centro cultural Buenavista de la capital.

El protagonista del encuentro fue Antonio Miguel Carmona, que desde el verano se ve fuerte como futuro secretario general del PSM, especialmente tras el durísimo varapalo sufrido por la formación en Madrid el 20-D, donde han quedado casi arrinconados como la cuarta fuerza política. Con seis diputados, cuatro menos que en la anterior legislatura, los madrileños han votado más a Podemos y a Ciudadanos, algo inimaginable hace sólo unos años. La alcaldesa de Getafe elegida en julio secretaria general, Sara Hernández, vio caer al PSOE a la tercera posición en su feudo.

Si bien oficialmente el objetivo del encuentro era enseñar músculo y animar a las bases, la meta era mucho más concreta: medir la capacidad de Carmona de cara a buscar un relevo temprano al aparato impuesto por Pedro Sánchez en la capital. Porque el candidato socialista no ha hecho muchos amigos en Madrid durante los últimos meses.
 
La confección de la lista electoral madrileña, encabezada por el propio Sánchez, se ha visto como un intervencionismo insoportable que ha presentado candidatos alejados de Madrid o, incluso, del socialismo. Duelen especialmente los casos de Irene Lozano y de Zaida Cantera, incluidas por delante de un Eduardo Madina compuesto y sin escaño. 
 

En la reunión se pidió expresamente a Irene Lozano y Zaida Cantera que dejen su escaño a Eduardo Madina. 

 
Sánchez ha preferido a Lozano, una diputada de UPyD que hizo bandera de la crítica al PSOE durante toda la pasada legislatura, antes que a un socialista veterano que compitió con él por el liderazgo del partido en verano del año pasado. Quizá por eso. Pero si al menos Lozano es una política luchadora y muy bregada en el Congreso, el caso de Cantera es más sangrante. La excomandante Zaida Cantera, que también iba por delante de Madina, en el número 6, alcanzó notoriedad por sus denuncias de acoso sexual y laboral en el Ejército, y por escribir junto a Lozano el libro No, mi general, pero muchos socialistas consideran que en la campaña no ha aportado demasiado. 
 
De hecho, en la reunión de ayer se produjeron intervenciones en las que se pedía, expresamente, que cualquiera de estas dos diputadas renunciase y dejase su escaño a Madina. 
 
Quizá la intervención más dura fuese la del exministro socialista del Interior José Luis Corcuera, que dio una metafórica patada en la puerta al despacho de Pedro Sánchez y pidió abiertamente su dimisión.
 
La reunión fue muy transversal, con buena parte de partidarios de Tomás Gómez, gente de UGT que denunció el alejamiento por parte del PSOE del sindicato, y personalidades varias como Carlos Bru o los exalcaldes Pedro Castro y José Caballero.
 
Fuentes de la actual dirección reconocieron del PSM reconocieron a este periódico que la reunión de Buenavista podía representar una nueva mayoría en el partido, pero que sin sumar a la nueva Ejecutiva sería difícil alcanzar acuerdos.
 
Se escuchan tambores de guerra en el socialismo madrileño, un fuego más para un Pedro Sánchez que no da abasto con la manguera.