En un lugar de la constelación de Altar, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que una estrella fue bautizada como Cervantes y los planetas que orbitan a su alrededor, como Quijote, Sancho, Dulcinea y Rocinante.

La Unión Astronómica Internacional (IAU), la autoridad responsable de asignar nombres oficiales a los objetos celestes, ha organizado el concurso NameExoWorlds para ponerle nombre a 19 “exomundos” (14 estrellas y 31 exoplanetas orbitando en torno a ellas). Era la primera vez que el público en general podía participar en la elección de nombres para estrellas y exoplanetas. En total se presentaron 274 propuestas de organizaciones astronómicas de 45 países.

#EstrellaCervantes era la iniciativa del Planetario de Pamplona, la Sociedad Española de Astronomía (SEA) y el Instituto Cervantes, que querían renombrar al sistema planetario μ (leído ‘mu’) Arae, situado a 49,8 años luz de distancia en la constelación Ara (el altar). La propuesta era llamar Cervantes a la estrella principal y poner el nombre de los principales personajes de su novela El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha a los planetas que orbitan en torno a ella. 

La propuesta cervantina competía con otras seis opciones de diversos países (Portugal, Italia, Colombia y Japón) para renombrar este sistema planetario y ha sido la más votada con 38.503 votos, un 69% del total de los registrados para μ Arae. Ha sido, además, la iniciativa que ha registrado más votos válidos de las 274 presentadas al concurso. Por tanto, los nombres de Cervantes, Quijote, Rocinante, Sancho y Dulcinea pueden usarse en paralelo a la nomenclatura científica ya existente.

 

Entre el resto de nuevos nombres adoptados destacan los que provienen de figuras mitológicas de diferentes culturas, así como de científicos o personajes de ficción, ciudades antiguas o palabras de lenguas desaparecidas. Las candidaturas ganadoras provienen de los cinco continentes, siendo Japón, Estados Unidos y España los únicos países que han puesto nombre a varios mundos “exomundos”. 

El otro aporte español ha sido para el planeta en torno a la estrella Edasich (iota Draconis b), que ahora se llama también Hypatia a propuesta de la asociación cultural de ese nombre de la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Complutense de Madrid.

Más de medio millón de votos procedentes de 182 países reflejan el interés global por la astronomía y han contribuido a las nuevas denominaciones oficiales de esos mundos lejanos. España ha sido el tercer país en participación, sólo por detrás de la India y Estados Unidos.