Ha nacido una nueva estrella mediática. De una manera aparentemente accidental. Pero las corrientes de propaganda en las redes están perfectamente orquestadas. El objetivo era ridiculizarla y humillarla. Pero a los inductores de la campaña de linchamiento les ha salido el tiro por la culata.

Triana es diseñadora de moda. Lleva toda su ropa costumizada y la bandera nacional es un elemento que le inspira. Pertenece a la “generación selfie” (término acuñado por el sociólogo Juan María González-Anleo y título de su libro que recomiendo con insistencia). La popularidad es un elemento con el que se siente cómoda porque sabe que puede llevar la corriente a su favor. En persona es dicharachera, soñadora, muy presumida y con mucha personalidad. Le parece muy divertido el revuelo causado pero además, el protagonismo sobrevenido le ha dado un beneficio: en Génova se han puesto en contacto con ella y le han invitado al cierre de campaña del presidente, Mariano Rajoy. Aquellos que querían hundirla, le han acercado a una de sus ilusiones.

Triana está disfrutando del momento. Un nutrido grupo de periodistas le ha pedido entrevistas y ya hay lista de espera. A pesar de su juventud, tiene claro aquel dicho de “que hablen de uno, aunque sea bien”.

No es fácil hablar en directo delante de una cámara. Uno puede tener pensado la idea que quiere exponer y no siempre se resuelve de la mejor manera. En muchas ocasiones, no viene la palabra idónea a la mente. Me molesta tener que comprender el intento de crucifixión virtual por parte de los depredadores de energía ajena. No es una analista profesional, ni una tertuliana. Es una chica joven que da su opinión. En mitad de una juventud que según indican estudios recientes del CIS no son un colectivo interesado por la política.

Frente a ese pasotismo, las minorías ideologizadas tienen referentes más jóvenes, surgidos de la nueva hornada de políticos. Triana se prestó a la encuesta porque era una de los pocos estudiantes en la residencia que sentía una motivación. Los servicios de propaganda de algunos partidos y medios quisieron hacer jirones la autoestima de la chica. Y de paso atizarle un mandoble a los servicios informativos de TVE. Ni una cosa ni otra. Tanto ruido vertido para que al día siguiente, sea otro joven (bastante menos civilizado) el que nos ofrezca una imagen de lo que es verdaderamente execrable y digno de ser juzgado. Un menor. Que ni siquiera habla. Utiliza los puños y pone whassaps. A ver si los usuarios compulsivos de redes sociales aprenden a calibrar el tiro.