Adoro la Navidad, lo reconozco. Cierto que hay aspectos de la misma que rechazo con todas mis fuerzas, como las aglomeraciones de gente en las zonas comerciales de la ciudad, motivo por el que realizo todas mis compras navideñas por internet.

Lo que me gusta de estas fechas tiene más que ver con un ambiente y una emoción que con los elementos prácticos o religiosos que conlleva; me encanta pasear por Madrid cuando anochece y ver las brillantes decoraciones colgando como alegres banderas entre los edificios; me deleito con el aroma de las castañas asadas al pasar por delante de uno de los puestecillos que las vende. Suelo parar a ver al diligente castañero o castañera removerlas, porque es entonces cuando su olor alcanza mi fría nariz y me asaltan muchísimos recuerdos de la infancia; disfruto eligiendo los regalos para mis seres queridos y envolviéndolos con todo el cariño del mundo y mi característica poca habilidad; me encantan las reuniones familiares, aunque cantemos villancicos. Sí, adoro la Navidad.

Y si hay algo que me gusta por encima de todas las cosas, son los mercadillos navideños. Esos pueblecitos en miniatura repletos de cabañas de madera en las que abrigados comerciantes nos ofrecen sus productos, ya sean artesanías, adornos para nuestro árbol de Navidad o figuritas para el Belén. Cada vez están más extendidos y podemos encontrar mercados de Navidad casi en cualquier rincón del mundo, sin embargo hay algunos con un encanto especial, algo que les hace destacar sobre todos los demás, como el de Tallinn, la capital de Estonia, el cual se sitúa en la Plaza del Ayuntamiento a finales de noviembre y allí se queda hasta principios de enero.

Solo el entorno medieval del mercado de Navidad de Tallinn hace que merezca la pena la visita. Pasear por él cuando la nieve llena las calles, nos retrotrae a entornos que parecen recién salidos de las páginas de un cuento de los hermanos Grimm. Los puestecitos rodean un enorme árbol de Navidad; árbol del que presumen todos los habitantes de la ciudad ya que afirman que fue allí donde surgió esta tradición navideña. Además de artículos tallados en la aromática madera de enebro y cálidas prendas de lana tejidas a mano, podremos conocer a Papa Noel y a sus elfos y darles las cartas de nuestros hijos para que les lleguen sus regalos a tiempo, pero solo si se han portado bien, además, los más pequeños también tienen la oportunidad de interactuar con los renos en la zona de granja. Y cuando el frío nos ataque con sus afilados dientes, podremos entrar en calor con el típico vino caliente… O algo más fuerte. En Tallinn cuando hace frío, hace mucho frío.

Otro de mis mercados favoritos es el de la francesa ciudad de Estrasburgo, uno de los más antiguos de Europa, ya que su primera edición se remonta al año 1.570. Este mercado podemos visitarlo en diferentes puntos de la ciudad si bien su zona más conocida es la que se encuentra junto a la catedral. Si algo puedo recomendaros allí, además de disfrutar de alguno de los más de 500 eventos que tienen lugar durante su duración, es que probéis los bredle, dulces típicos navideños cuya receta es celosamente guardada por los pasteleros que los hornean. En las más de 300 casetas que dan forma a este mercado encontramos adornos navideños, juguetes, delicatesen y productos locales. Una de las tradiciones más hermosas de este mercado tiene lugar en la Place Kléber, donde varias ONGs recogen los regalos que los ciudadanos hacen a los más desfavorecidos de la ciudad.

Todos relacionamos Nuremberg con los famosos juicios a los miembros del régimen Nazi, sin embargo una sola visita a esa ciudad hará que nuestra perspectiva pegue un giro de 180 grados porque Nuremberg, es la capital alemana del juguete y de la Navidad. Visites cuando visites la ciudad, encontrarás tiendas repletas de preciosos adornos principalmente realizados en madera, desde colgantes para el árbol a curiosos belenes en torre que giran cuando se encienden las velas que lo rodean; pero no todo es madera, también podréis adquirir decoraciones en materiales como papel, cristal y fibras naturales. El mercado principal se sitúa en la Hauptmarkt, la Plaza del Mercado, sin embargo, encontraréis puestos repartidos por numerosas calles. Y de nuevo, es el propio mercado el que nos proporciona las herramientas necesarias para protegernos del frío en forma de un pan de especias típico de Núremberg, salchichas fritas tradicionales y ponche de ron y azúcar.

Y en esta lista de mercados navideños no puede faltar el de la Plaza Mayor de Madrid, para mí el más tradicional de todos ya que lo he visitado todos y cada uno de los años de mi vida. Primero de manera ilusionada con mi familia, me faltaban manos para tocarlo todo y ojos para mirarlo; durante la adolescencia con espíritu gamberro, para comprar algunos de los numerosos artículos de broma que en él se vendían y celebrar las vacaciones de invierno con mis amigos; y ahora, en la edad adulta, como una forma de recuperar los recuerdos y pasar una tarde agradable. En este mercado encontramos lo que en todos: adornos para la casa y el árbol, algunas artesanías, cientos de artículos para los más bromistas y, por supuesto, bocatas de calamares. Los mejores del mundo para ser exactos. Solo le falta la nieve para ser perfecto.